miércoles, marzo 22, 2006

Here was Granada

Here was Granada. Escribió el filibustero estadounidense William Walker tras incendiar esta ciudad colonial descubierta y conquista por los españoles. El rótulo en que Walker escribió la frase lapidaria tampoco quedó reducido a cenizas. Granada sobrevivió al terror de Walker, quien se proclamó Presidente de Nicaragua. La colonial Granada logró salvar muchos hermosos y arquitectónicos edificios con añoranzas hispánicas. Walker, sin embargo, no vivió. Fue fusilado en Trujillo, Honduras.

El domingo visité Granada, que había sido quemada hace largo tiempo por el truhán estadounidense. Había llegado a una ciudad que no mostraba las cicatrices de aquel acto terrorista. Ese día viajé junto a mi familia y mi hermano Armando José García Salinas, quien andaba de vacaciones por Nicaragua. El tenía quince años de no visitar su país. Desde entonces, radicaba en la fría Vancouver, Canadá. Sus ojos vieron otra ciudad. La Gran Sultana había perdido la soberbia de antaño y la rancia burguesía había vendido sus propiedades e inclusos isletas del Gran Lago. La ciudad había sido ocupada por extranjeros que compraron valiosas propiedades del centro de Granada.

Armando no escatimó un segundo para filmar los repintados edificios, sus gentes y sus paisajes. Estaba ante una Granada distinta. La bucólica ciudad había dado paso a una Granada más cosmopolita y atestada de formidables restaurantes. Granada no era la sombra del pasado. Me parecía que esa ciudad había experimentado una resurrección inigualable. Nada más llegar al Parque Central de la hermosa ciudad, caminé frente a los edificios y casas solariegas construidas por los españoles en aquellas lejanas épocas de la Historia. Cerré los ojos e intenté, en vano, evocar, entre la neblina del pasado, la vida de la Colonia. Sin duda aquello era tarea harto imposible. 500 años de Historias se habían perdido entre las sombras de la Historia, escrita por los españoles y los mestizos.

Cuantos caballeros y delincuentes españoles habían llegado en esos tiempos inmemoriables, a esta ciudad, convertida en un tiempo en la capital de Nicaragua. Sólo imagino a los españoles y sus mujeres imponerse a una población indígena dominada con la cruz y la espada. Ese domingo que llegué ví un coche fúnebre seguido de un cortejo de granadinos rumbo a una de las tantas iglesias de Granada. Mientras viajábamos en el automóvil observé un ejército de turistas mochileros con testas rubias deambulando sin ton ni son por las largas calles de Granada. La ciudad hervía de gente. Había vida en la ciudad. Por todos lados pude ver Cybers cuyos principales usuarios eran prácticamente extranjeros. Había de todos: Italianos, franceses, holandeses, alemanes, españoles, estadounidenses, franceses. En fin, una fauna extraña de foráneos en los que se destacaban mujeres y hombres con pantalones viejos, shorts, y camisetas, cargando sobre el hombro sus respectivas mochilas. La mayoría de ellos utilizaban chancletas de hule. Algunos usaban sandalias. Son los nuevos turistas de la globalización.

En la mayoría de los restaurantes encontrabas algunos o una pareja de extranjeros, degustando un café o algún refresco. Raramente, los encontraban sentado frente a una fría cerveza. Además sus hábitos alimenticios los diferenciaba de los nacionales cuyas mesas estaban llenas de cervezas y viandas. Entre tantos turistas buenos e inversionistas se ocultaba algún pederasta, denunciado por los periódicos del país. Y en verdad pude ver a hombres mayores en pequeños restaurantes sentados en una mesa con jovencitas o jovencitos. Los sociólogos les llaman el turismo sexual. Es repugnante, pero no hay ley todavía que castigue a esos degenerados. Después de caminar por las principales avenidas de la ciudad, decidimos refrescarnos con unas cervezas bien frías y apetitosos pescados en un restaurante arrimado al dulce Lago de Cocibolga. Granada y muchas ciudades de Nicaragua se han convertido en el paraíso de muchos turistas y mochileros, pues ellos pueden degustar en uno de los mejores restaurantes de un buen plato de camarones, langostas o mejillones por la simple suma de diez ó 15 dólares.


Los hoteles son baratos y bien acondicionados
Los turistas pueden viajar por la ciudad en un coche jalado por caballos a la vieja usanza española o abordar un taxis a un precio que solo les puede causar hilaridad. Se darán cuenta que no están en New York ni en México, sino en Granada, Nicaragua. En el Lago contratamos una lancha para viajar alrededor de más 30 isletas de Granada. Armando filmaba las isletas, Kenny con su cámara captaba también el imponente paisaje y yo disparaba mi cámara digital. El hombre que tripulaba la embarcación nos servía de guía turistas informándonos a quien pertenecía cada isleta. Muchos de los propietarios eran extranjeros o políticos. El viaje, de aproximadante 45 minutos, fue placentero por la módica suma de doscientos córdobas (alrededor de trece dólares estadounidenses). Tal vez por eso los turistas han encontrado en Nicaragua un paraíso barato y seguro. No hay mucha delincuencia.

Cuando el sol había muerto detrás de las olas suaves del Lag o de Granada, partimos hacia Managua, después de disfrutar un hermoso sol de verano y una estancia apacible en esa colonial ciudad de la Gran Sultana.


*(Por Denis García Salinas)

Denis García Salinas fue corresponsal extranjero
y actualmente es editor de METRO DIGITAL