lunes, octubre 19, 2009

La soledad de los periódicos


Por Denis García Salinas/Editor METRO

Ya casi nadie lee los periódicos. Aparentemente, es una afirmación atrevida, sin sustento científico. A decir vedad es, básicamente, nada más que una opinión, vertida por lo que se observa a simple vista. Pero estoy convencido que los lectores están abandonados los diarios. Inclusive algunas encuestas confirman nuestro aserto. En las esquinas de las calles de la capital los vendedores de diarios no logran vender las publicaciones. Son las doce del día y estos hombres y mujeres deambulan por las calles, intentando vender el diario, pero sin éxito. Regresan aburridos a las empresas con los diarios que nadie quiso comprar. Es tal la dramática situación que hasta los propios periodistas han dejado de leer al menos un periódico. En otros casos, no tienen el hábito de la lectura o apenas lo ojean. Esto resulta incongruente, pues leer los diarios es una obligación religiosa de los reporteros todos los días. Se ha perdido el hábito de la lectura. Algunos periodistas jóvenes de esos diarios incluso no tienen fe en su periódico. Sienten que sus medios se convierten, paulatinamente, en antediluvianos. Pero están allí para sobrevivir, soportando un editor que escribe poco o está demasiado comprometido con una injusta causa política. Estos jóvenes periodistas chocan con un pensamiento prehistórico que se resisten al cambio. Algunos me han dicho que la dirección de la redacción necesita una rotación y, sobre todo, un cambio en este mundo tan cambiante. Las mentes viejas se apresuran a enseñar los dientes a esa sabia nueva, que viene empujando. Es lamentable.

Los diarios no tienen lectores

Hace muchos años la gente esperaba al voceador de periódicos para comprarle un ejemplar. Se vendían como pan caliente. Aquellas escenas de hombres, cargando hasta cien o doscientos periódicos, corriendo por las calles quedó en el pasado. Paradójicamente antes se leía más, si nos atenemos a esos recuerdos del voceador del pasado. Eso es ahora Historia. Lamentablemente, los periódicos se están quedando solo. No tienen quien les lea. Antes en un bus mirabas a un parroquiano leyendo el diario mientras llegaba a su parada. Ahora eso no se ve. Esas imágenes de un hombre leyendo un periódico en un transporte público están quedando en el cementerio de los recuerdos. El mundo, tan atribulado por la crisis global, las guerras y el cambio climático con sus huracanes, tsunamis y terremotos, no cesa de cambiar. Nuestros hábitos cambian con el devenir. Antes si el suceso o acontecimiento no aparecía publicado en el periódico, se pensaba que tal hecho no había ocurrido. Prácticamente, no era noticia. El diario es el único medio que hace historia verdadera. El resto se pierde en el tiempo.

La tragedia apenas empieza

Los periodistas de los medios impresos son los nuevos historiadores. La prensa escrita trascienda la historia. La radio muere en el éter y el tiempo. Siempre la gente escuchaba las noticias por radio o veía la televisión, pero tenía que esperar la publicación vespertina o matutina sobre el hecho para saber que esa noticia era, en realidad, la verdad. Solo lo publicado en material impreso tiene veracidad. Los que amamos la prensa y revista impresas sufrimos con las transformaciones que sufre el planeta. Escuchamos, vemos y leemos con dolor el anunciado y próximo fin de nuestros periódicos. Las revistas y los periódicos con su publicidad huyen, despavoridos, hacia la Internet, considerados irremediablemente el reducto periodístico del futuro. Los diarios y las revistas se leerán de manera digital. Ya hay aparatitos donde el lector puede leer los periódicos del día con sus vínculos noticiosos. Ya no es necesario cargar una laptop. Basta tener un celular o un black Berry.

Los voceadores íngrimos en los semáforos

Hace años en la calle la gente decía si no lo dice la prensa no es verdad. Había una fé ciega en los periódicos, aunque la televisión informara sobre el suceso con los propios protagonistas. Daba imágenes y voz al mismo tiempo, cosa que no puede hacer el diario impreso ni la radio. Esa es y era la ventaja de la TV. presenta imagen, voz y él o los protagonistas de la noticia. Cosa que no podía hacer la radio ni mucho menos el periódico. Estos dos medios no podían competir con la televisión que ofrece imágenes vivas y actuales. Pero eso se ha terminado con el advenimiento de la gran revolución digital: La Internet. Ahora, reitero, los voceadores regresan con un manojo de periódicos que no pudieron vender. Da pesar verlos aburridos e íngrimos en las esquinas de los semáforos, intentando vender su producto. Parecen tristes policías de tránsitos en las esquinas esperando a su próxima víctima. En muchos hogares de amigos que he visitado no he visto ni un diario, mucho menos una revista. El libro no existe para ellos. Incluso en casas de periodistas y de muchos profesionales.

La extinción de una especie

Los lectores son una especie en extinción. Son los dinosaurios de este mundo globalizado y digitalizado. El mundo ahora está divididos en una nueva clase social: los hombres digitales y los y las analfabetas digitales. Ante el gran avance avasallador de la Internet, los empresarios de los periódicos han replanteado sus negocios y apostado a la Internet. En Estados Unidos, algunos periódicos y revistas empresas célebres están cerrando y liquidando todo su staff de periodistas. Estos reporteros se han refugiados en la web. Así pasó con varios periodistas de la revista Newsweek que se ampararon en las páginas digitales del periódico Slate. Los dueños de periódicos, aterrados por el advenimiento de la Internet, empezaron a ofrecer ofertas atractivas para vender los diarios. Eso es un fenómeno mundial. Esta nueva revolución ha creado nuevos millonarios y enviado a la banca rota a otros que nunca se percataron que había un cambio de paradigma. Hay muchas amas de casa, que casi nunca leían periódicos, ahora compran los diarios por las novedosas ofertas. La mercadotecnia ha sido aplicada a los medios de comunicación con inteligencia para sobrevivir en este mundo súper competitivo. Venden CD o folletos de cultura general y cursos de inglés y cocina para atraer clientes, pues los lectores, al parecer, ya no les interesan las noticias impresas como sucedía en el pasado.

Un futuro sombrío

A pesar de toda esa moderna mercadotecnia inyectada en los diarios, éstos se están quedando sin lectores. Los comunicólogos y periodistas predicen un futuro sombrío para la prensa escrita. Otros, los menos, no creen en la hora final de los diarios. Más bien piensan que el periódico se trasladará a la web y con mayores ventajas. En esas supercarreteras de la información, los periódicos digitales pueden ahora competir con mayor destreza con la televisión. Este medio parecía aplastar a la prensa, pero ahora se sabe que en la web los diarios ofrecen también imágenes, vídeos que antes ni soñaban. La publicidad ha abandonado ciertos periódicos para asilarse en la Internet con buen suceso.

Las grandes salas de la prensa digital

Hace muchos años visité un periódico digital en el Distrito Federal. Cuando subí al tercer piso del edificio donde estaba el diario quedé entre estupefacto y fascinado. Aquella sala de redacción parecía la de un diario impreso. Vi a decenas de periodistas de ambos sexos tecleando sobre sus computadoras como alucinados. En ese entonces, yo venía de Nicaragua, un país empobrecido y salido de una guerra y atrasado en asuntos digitales. A la sazón, trabajaba en un periódico que tenía una redacción semejante a la de ese diario digital. En ese tiempo en mi provinciana Nicaragua apenas dos o tres personas incursionaban en la red con publicaciones digitales un poco rudimentarias.

Los nuevos vendedores de información

En estos últimos años ha empezado a crecer publicaciones en la Red. Algunos han creado boletines con poco atractivo de diseño digital y fotografías. Actualmente, un periodista con poca experiencia en periódicos, se aventuró a crear un boletín que publican las noticias que monitorea en todos los medios de comunicación de la capital. El reportero ha logrado lo que otros periodistas profesionales no han logrado: Vender sus informaciones a un buen postor. Tiene publicidad de la empresa privada y del gobierno. Otros siguen luchando para vender su producto periodístico digital, pero con dificultades. Todavía en Nicaragua no hay fe en la red. A pesar de eso la Internet, la Televisión y la crisis global han causado la crisis de lectores de los diarios. En los países empobrecidos como Nicaragua, el diario tiende a ir perdiendo lectores paulatinamente. Los universitarios no les interesa leer periódicos, ni muchos menos libros. Prefieren la televisión. Esta ofrece diversión, entretenimiento, cultura y noticias a cada momento y con las imágenes que no puede ofrecer el periódico (con sus fotos congeladas) ni mucho menos la radio. (Vale la pena aclarar que ahora el diario digital ofrece lo que la radio y televisión ofertan: imágenes y sonido).

Los desenchufados de la tierra

Marx decía que hubo una época que no existían las clases. Era el estadio del comunismo primitivo. En el devenir de la Historia, la sociedad se partió en dos. Los ricos y los proletarios. Poco a poco, la sociedad se dividió en clases. Esa desmembración desató guerras que destruyeron naciones. Los hombres crearon partidos y movimientos revolucionarios para luchar contra las desigualdades que imperaba en el mundo. Europa y Asia fueron escenarios de grandes confrontaciones ideológicas, económicas y sociales. Marx afirmaba que la burguesía utilizaba a la maquinaria del Estado para machacar a los trabajadores. En su Manifiesto Comunista, Marx aseguraba que un fantasma recorre Europa. Hablaba del comunismo. Hoy ese fantasma divaga solo en ciertas mentes izquierdistas o está encerrado en el baúl de la Historia, aunque las desigualdades siguen siendo casi las mismas que preconizaron Marx y Engels. En efecto, en este mundo globalizado, las desigualdades sociales se observan nítidamente en la Red. La brecha se ha ensanchado. Esta es la nueva Historia de clase: Los enchufados y los desenchufados. Hay una nueva revolución digital, pero ésta no ha sido encabezada por marxistas, socialistas y comunistas. Es más bien una clase nacida del corazón del capitalismo y emprendida por hombres que creen en el capitalismo. Es la nueva invención del imperialismo en su fase de desarrollo digital. El imperialismo ha sabido utilizar la tecnología para aplastar a Irak y Afganistán. Desde sofisticadas computadoras EE.UU. dirigió los aviones para bombardear la martirizada Bagdad de Saddam Hussein, ahorcado posteriormente que las tropas estadounidenses que invadieron y se instalaron en Irak.

La nueva revolución de los niños digitales

Mientras en los países desarrollados, el tránsito de navegantes solitarios por las autopistas de la información crece asombrosamente y la prensa se instala como un monarca, en Nicaragua, el periodismo digital está incipiente. Todavía la prensa impresa mantiene su hegemonía, aunque un poco debilitada y quebrantada por la crisis económica. La red todavía no avasalla a la prensa escrita nicaragüense, pero ésta ha sido fuertemente golpeada por la televisión. La gente no quiere leer, prefiere solo ver las noticias por la televisión sin ningún esfuerzo intelectual. Muchos expertos creen que la prensa impresa está condenada a desaparecer de los kioscos, principalmente en los países desarrollados, donde en la mayoría de hogares hay, al menos una computadora e Internet, no así en los países pobres, donde los monitores están en pocos manos y pocos hogares están enchufados en la Red. La gran desigualdad digital entre un mundo conectado y otro desenchufado es abismal.

Las marchas del PC

Esta revolución no la encabezan los desheredados de la tierra ni se espera a mediano plano que los hijos de los proletarios asalten el Palacio de Invierno. Esta revolución no se ejecuta en las calles con cadáveres insepultos ni con multitudinaria manifestaciones encabezadas por comunistas. Tampoco en las calles los manifestantes enarbolan banderas socialistas y comunistas. Tampoco usan bombas molotov ni armas para derrocar a la Dictadura. Estos jóvenes han inventado su propia revolución digital y llevando en hombros su PC, que no es la sigla del Partido Comunista, sino de las computadoras personales por sus siglas en inglés. Por ejemplo en Nicaragua, no todos lo hogares están conectado a la Internet, pues el precio es todavía caro para un pueblo, agobiado por el desempleo y el analfabetismo digital, adquirir ese servicio o obtener su computadora. La ventaja de esta nueva revolución es que la pueden hacer todos, hasta los pobres. Pero para ello se requiere de procurarse el conocimiento, el arma sencilla de la nueva revolución del mundo moderno.