lunes, enero 18, 2010

El regreso de los rusos a Nicaragua

Tras el fin de la Guerra Fría

Los rusos están de vuelta en Nicaragua. Pero, al parecer, no regresan con helicópteros ni misiles tierra-aire como sucedió en la contienda de la década del ochenta. Los nuevos rusos vienen de traje y con maletines para hacer negocios, aunque no ocultan su aspiración de recuperar un hueco de su influencia militar en estas tierras. En efecto, después de largos 17 años de ausencia, los rusos regresan a este país centroamericano para recuperar, en palabras de su presidente Dimitri Medvédev, un espacio estratégico y ampliar su influencia en la región particularmente militar. Estados Unidos, el imperio más poderoso de la tierra en términos militares, ha mirado de reojo la presencia de los rusos, sus antiguos enemigos en la era de la Guerra Fría. Sin embargo, la Casa Blanca no ha mostrado su enojo contra su viejo rival, que ha vuelto osadamente a su “traspatio”. Rusia dejó de ser el “imperio del mal” y un peligro inmediato para el Pentágono. Militarmente, Rusia no es un adversario que temer. Los gringos saben que EE.UU es ahora la única potencia militar. Ahora si es el gendarme del mundo. No hay discusiones en eso. Su enemigo ahora es otro: el terrorismo sin rostro. Sus nuevas preocupaciones son Irán, Corea del Norte, Irak y Afganistán. A pesar que Estados Unidos está enfocado en el polvorín del Medio Oriente, sigue mirando de reojo a Moscú, que se atreve a resucitar una vieja amistad con Nicaragua, ahora que volvió al poder su antiguo camarada Daniel Ortega. Tras el triunfo de la revolución sandinista en julio de 1979, los entonces soviéticos anclaron en nuestro país. Ya los rusos estaban estacionados en Cuba, cuya abatida economía era prácticamente mantenida por la ex Unión Soviética. La Habana recibía petróleo, alimentos y armas del gobierno soviético desde que los guerrilleros de Fidel Castro asaltaron el poder en la isla, a pocas millas de Miami, Estados Unidos. A cambio, La Habana le devolvía el favor con azúcar.

Nicaragua, polígono de tiros de las grandes potencias

Poco tiempo después del derrocamiento de la dictadura de Anastasio Somoza en Nicaragua, Estados Unidos empezó a organizar, entrenar y financiar a grupos rebeldes al régimen sandinista. Por su parte, la URSS entregó armas, municiones, aviones y helicópteros para combatir a los llamados “contras”, que encontraron fácilmente refugio en los territorios de Honduras y Costa Rica, desde donde salían expediciones punitivas contra el gobierno específicamente en zonas fronterizas. De esta manera, EE.UU y la URSS se enfrentaban militarmente, pero sin tomar partes ellos en el conflicto. El papa Juan Pablo Segundo, que llegó a Managua en lo más turbulento de la crisis, afirmó que Nicaragua se había convertido en un “polígono de tiros de las grandes potencias”. El fallecido papa tenía razón. EE.UU y la URSS se enfrentaron militarmente, pero sin poner ninguno de ellos sus soldados. En la década del ochenta, los rusos y cubanos tuvieron gran influencia en todas las áreas del gobierno sandinista. Mientras tanto los gringos apoyaron con dinero a la oposición interna y a los rebeldes en el exterior. Los sandinistas no pudieron ser derrotados militarmente, pero cayeron tendidos en las urnas ante una mujer, doña Violeta Chamorro, la viuda del periodista Pedro Joaquín Chamorro, asesinado por pistoleros de la dictadura somocista.

Los rusos desembarcan en La Habana

Pero antes de llegar a Nicaragua, los soviéticos estaban instalados en Cuba, un país bloqueado por Estados Unidos. Al poco tiempo del triunfo de la revolución de los barbudos cubanos se produjo en La Habana en octubre de 1962 la llamada Crisis de los misiles en Cuba. El 15 de octubre, aviones espías estadounidenses descubrieron que en territorio cubano los rusos habían instalado bases de misiles nucleares dirigidos a EE.UU. Los rusos la denominaron “Crisis del Caribe”, mientras los cubanos “Crisis de Octubre”. La crisis de los misiles y el Bloqueo de Berlín fueron los mayores momentos de tensión entre las dos imperios en la llamada Guerra Fría. Se pensó que el mundo estaba al borde de una guerra nuclear, pero afortunadamente el peligro fue abortado. El 27 de octubre, los cubanos derribaron un avión U-2 con un misil tierra-aire cuando sobrevolaba el oriente de la isla. La crisis se intensificó. Pero ese hecho contribuyó a que Nikita Jrushchov propusiera a John Kennedy el desmantelamiento de las bases soviéticas de misiles nucleares en Cuba, a cambio de que EE.UU no invadiría ni apoyaría una invasión a la Isla y a la vez desmantelara sus bases de misiles nucleares en Turquía. El 28 de ese mismo mes, los rusos anunciaron trasladar a la URSS los misiles en discordia. Después de esa experiencia trágica, los rusos no repitieron esa situación en Nicaragua, pero la apoyaron militarmente, lo que mantuvo preocupado a EE.UU durante una cruenta década.

Se desmorona el mundo “socialista”

Después de la derrota electoral de Daniel Ortega en 1990, vino la debacle del mundo socialista, encabezado por la URSS, que se vino al suelo sin que EEUU disparase un solo tiro. Cayó el Muro de Berlín, símbolo del poder comunista en la Alemania dividida y el resto de gobiernos satélites de Moscú cayó en cascada. Fenecía así la llamada Guerra Fría. La desgracia de la URSS quedó al desnudo: pobreza, crisis económica, repúblicas divididas y un gobierno empantanado en la corrupción. Y lo peor de todo: los antiguos comunistas se volvieron capitalistas poderosos y corruptos, entre ellos Vladimir Putín, ex miembro de la KGB,que llegó al poder tras dos gobiernos que le sucedieron a la disolución de la URSS (5 de diciembre de 1991). El desmantelamiento de la URSS dejó también al descubierto la fragilidad y corrupción que anidaba en el llamado “Ejército Rojo.” Putín intentó revivir ese esclerótico ejército, inyectando más fondo a esa vieja institución, que se creía poderosa en la era de la Guerra Fría. Pero la verdad se conocería más tarde cuando la URSS invadió Afganistán en 1979, donde tuvo que salir en 1988, porque no pudo conquistar ese pueblo indómito. Los rusos tuvieron que retirarse de Kapul, tras una derrota vergonzosa. El nuevo presidente de Rusia Dmitry Medvedev ha tratado de rescatar esa “enmohecida institución de la Guerra Fría, plagada de oficiales corruptos, equipo anticuado, intimidación endémica, suicidios y alcoholismo” en una fuerza moderna, capaz de proyectar poder eficazmente más allá de sus fronteras…”, afirmaba la revista estadounidense Newsweek. Después de la caída de la URSS, paradójicamente su principal enemigo, EE.UU salió en su auxilio. Inyectó préstamos millonarios a una economía arruinada. Tras estos episodios, el imperio de Estados Unidos se erigió en la única potencia militar en el régimen internacional. La Casa Blanca está convencida que el mundo es unipolar en términos militares. El hemisferio se revuelca en una crisis financiera internacional y con varios focos de conflictos regionales.

El presidente Daniel Ortega estuvo 16 años fuera del poder, luego de perder las elecciones en 1990. Ortega aprovechó la crisis surgida en Abjasia y Osetia del Sur, dos regiones separatistas prorrusas de Georgia, república ex soviética ahora apoyada económica y militarmente por Estados Unidos, para acercarse a Rusia. Nicaragua, gobernada por el presidente ortega, y Rusia fueron los dos únicos países en reconocer a las dos regiones separatistas. Rusia vió con buenos ojos el gesto de Ortega, pero fue cuestionado por EE.UU y la Unión Europea, que apoyaban decididamente a Georgia. En esos episodios, Rusia mostró que su ejército no tiene la capacidad de combate moderno. Algunos de sus aviones teledirigidos rusos fueron derribados en la escaramuza bélica en la acciones contra Georgia. Sus soldados carecían de botas y modernas armas para enfrentar un ejército equipado por estadounidenses y europeos. Cuenta el corresponsal de Newsweek que los “estupendos vehículos militares y uniformes proporcionados por EE.UU a la pequeña nación hicieron que los rusos lucieran como si hubieran salido de un documental de la Segunda Guerra mundial”. Los analistas militares rusos han reconocido su pobreza tecnológica militar que los haría un contrincante indefenso y débil ante el poderío bélico y tecnológico de Estados Unidos, la única potencia militar en el mundo unipolar, pero que ahora China insiste que el planeta es multipolar. Quizás en términos económicos, pero no militares. Es tal la crisis del ejército ruso que Moscú comprará 50 millones de dólares en aviones teledirigidos israelíes sin tripulante en lugar de los anticuados aviones rusos. Otra paradoja: comprar armas a los enemigos (israelíes) de sus amigos.

Un viejo amor que no se olvida


Daniel Ortega volvió ahora a Rusia, un antiguo país poderoso y agitado por una crisis económica. Entretanto, el presidente de Rusia, Dmitri Medvedev visitó Nicaragua, a quien considera “uno de los socios clave y estratégico” de su país en América Latina. Rusia ha empezado a fortalecer su presencia en este Continente. Pero Rusia ya no es la sombra del poder que fue en el pasado. Por lo visto, Rusia pretende reconstruir su amistad con América Latina, sellando nuevas lazos económicos y comerciales, pero sin abandonar su interés de ampliar su influencia militar en este continente. En Venezuela los rusos han establecidos comercio y les venden aviones y armamentos, pero con una tecnología militar desfasada. Rusia está interesado en revivir en nuestro país el proyecto de un canal que una los océanos Pacífico y Atlántico. Los rusos quieren renovar su vieja alianza con Managua y para ello impulsan el acuerdo sobre el sistema Glonass, desarrollado por el ejército ruso en los ochenta para competir con el sistema estadounidense GPS y con el futuro sistema europeo Galileo. Recientemente, el ocho de noviembre del 2009, el viceprimer ministro ruso Igor Setchin, estuvo en Nicaragua analizando proyectos de energía, minería, agricultura, pesca y transporte. La ex URSS no tiene la capacidad tecnológica moderna para competir con el gran imperio americano. Quizás por eso Estados Unidos no se asusta por la presencia de los ex comunistas convertidos en capitalistas. Su poderío militar y económica ensombrecen a la Rusia contemporánea, que trata de levantarse de las ruinas. Rusia sabe que ya no es un rival de respeto para EE.UU. Los adversarios del gran imperio son otros. China, India y la Unión Europea tienen asustada a la Casa Blanca por su poderío económico.

Ortega prefiero a los rusos para hacer negocios

Los rusos estuvieron involucrados en proyectos de geotérmicas en el pasado en la Nicaragua sandinista. Recientemente, el gobierno ruso donó una flota de buses para reforzar el deteriorado transporte público nicaragüense. Igualmente, el general Omar Halleslevens, jefe del ejército, firmó el memorándum de colaboración con el ministro de la Defensa Civil y Emergencia de la Federación Rusa, Serguei Shoigu. Este acuerdo consiste en entregar equipos y maquinarias valoradas en 6.5 millones de dólares, para el desminado y labores humanitarias. Rusia también consiguió la licencia para la empresa Yota de Nicaragua, de capital ruso-venezolano. Ambos invertirán 50 millones de dólares para operar una banda de telefonía fija en el país. Yota compite así con el monopolio en la telefonía fija de la mexicana América Movil, propietaria de la Empresa Nicaragüense de Telecomunicaciones (ENITEL). Esta presta servicios de móviles, internet y televisión por cable a través de sus marcas Claro. Esta competencia económica es sana y provechosa para la Nicaragua de post guerra. Los rusos cuentan con una ventaja en este país para hacer negocios y es que Daniel Ortega, su camarada, volvió al poder y no oculta sus pretensiones de gobernar otro periodo en este país en perenne conflicto político. Los sandinistas prefieren hacer negocios con la dupla Rusa-venezolana que con los gringos y europeos. En fin, los rusos volvieron, pero no se sabe si su estancia en estas tierras perdurará para poner en peligros los intereses del Imperio norteamericano en su viejo traspatio.

martes, enero 12, 2010

Los tres años de Ortega en el poder

Por Denis García-Salinas/Editor METRO

El presidente Daniel Ortega llega a su tercer año de su mandato de cinco años con un vacío en varios de los poderes del Estado y con una oposición que lucha por una ansiada unidad de la familia liberal, pero sin lograrlo hasta este momento. Ortega para llenar ese hueco ha recurrido a emitir un decreto ejecutivo que ratifica las autoridades de esos poderes del Estado hasta tanto la Asamblea Nacional no resuelva ese entuerto. Desde hace 45 días el parlamento no ha logrado convocar una sesión para elegir al Procurador de los Derechos Humanos, cuyo cargo estaba en manos del sandinista Omar Cabeza. La oposición ha presentado a José Esteban González, el reverendo disidente sandinista Miguel Ángel Casco, Violeta Granera, Marcos Carmona y Fanor Avendaña. Pero todavía los opositores no han llegado a un consenso sobre esos candidatos. El próximo diez de febrero se vence también el periodo de varios magistrados de la Corte Suprema de Justicia, institución hegemonizada por el FSLN, en particular, y el opositor Partido Liberal Constitucionalista (PLC). La administración de justicia está en manos de esos dos partidos. Un antiguo magistrado caracterizó a ese poder del Estado con las siguiente expresión: “A los pobres que los defienda Dios.” Una frase que no necesita comentario. El 14 de ese mismo mes también concluye el tiempo de los cinco contralores y tres suplentes. Igualmente, a las autoridades electorales se termina su periodo. Todos esos poderes e instituciones dominadas por los dos partidos llamados execrablemente pactistas.

El sábado, 9 de enero pasado, Ortega llenó ese vacío jurídico creado por la Asamblea Nacional con la emisión de un decreto ejecutivo que ratifica a todas las autoridades de esos poderes del Estado y de la Procuraduría de Los Derechos Humanos (PDDH) mientras tanto no se reúna y elija a los citados funcionarios. En un discurso de más de una hora, Ortega justificó el decreto ejecutivo, diciendo que si no elegían a tales autoridades de los diversos poderes del Estado, el país corría el riesgo de colapsar económica, política y socialmente. Tal vez exageraba el presidente, pues ha habido ya situaciones semejantes. Entretanto, Ortega acusó a los opositores de”apostar por sembrar el caos” en el país. El presidente pidió a la Asamblea Nacional resolver este problema, “actuando de manera constructiva”. Ortega aseveró que “no puedo permitir el caos y la anarquía” en esta nación, que, de vez en cuando, se revuelca en brotes de disturbios. Este lunes la oposición tronó contra el principal líder del FSLN, a quien llama un aspirante a Dictador por pretender mantener la hegemonía en todos los poderes del Estado. José Pallais, legislador liberal, calificó de “complot” ese decreto emitido por el Presidente “para quedarse en el poder”. Por su parte, el PLC acusó al mandatario de “abuso de oder” y tomarse atribuciones que no le da la Constitución. Pero Ortega dice que el FSLN no tiene todo el poder, sino que lo comparte con el PLC. En la Asamblea Nacional nadie tiene la mayoría, por lo que tienen que negociar o pactar para aprobar leyes o nombrar funcionarios. El FSLN, sin embargo, ha sabido aprovechar el cisma en la oposición para alcanzar sus pretensiones. Además, Ortega ha mantenido como un rehén a Arnoldo Alemán, de quien un caricaturista lo pinta siempre como la amante de Ortega.

La confrontación

Desde hace largos meses la oposición y la llamada sociedad civil ha reclamado por la elección de nuevas autoridades en el Consejo Supremo Electoral, encargado de vigilar, organizar y contar los votos de las elecciones municipales, regionales y presidenciales. Los adversarios al sandinismo no confían en el contador de los votos porque consideran que Roberto Rivas, presidente del CSE, no ha jugado limpio y se ha prestado a alterar los resultados. A Rivas lo acusan de organizar el supuesto fraude electoral de las elecciones municipales en la que ganó Alexis Arguello, quien posteriormente se suicidó. Arnoldo Alemán colocó en ese puesto a Rivas, recomendado por el cardenal Miguel Obando y Bravo, ahora aliado del partido en el gobierno. Sin embargo, poco a poco Rivas empezó a distanciarse de Alemán para refugiarse en el alero bondadoso del FSLN. Ahora Roberto Rivas es considerado por los opositores como una ficha del FSLN en el CSE. Mientras Rivas y otros magistrados liberales disidentes permanezcan en ese Poder los opositores no tienen la confianza para que Rivas sea el árbitro en las próximas elecciones.

Los adversarios creen que las elecciones municipales se las robó el FSLN con el beneplácito de Rivas tanto en Managua como en otras 30 municipales importantes del país. Esta situación provocó que la comunidad donante retirara la asistencia a Nicaragua, principalmente la cooperación para financiar el déficit del Presupuesto General de la República. Desde entonces, el país se ha balanceado entre la crítica de la oposición y las marchas antigubernamentales, lo que ha dado una mala impresión del país en el exterior. Se ve a sus políticos como grupúsculos pendencieros, mentirosos y falaces. Algunos funcionarios gubernamentales han sido descorteces y malhablados a la hora de criticar a sus adversarios e incluso a diplomáticos, como ocurrió con los funcionarios de la Unión Europea y Holanda. Lo valiente no quita la cortés. El presidente Daniel Ortega concluye sus tres primeros años en el poder con una crisis originada por el supuesto fraude electoral y agravada por el hiriente lenguaje de sus funcionarios a los embajadores. No se respeta el protocolo diplomático ni el sentido común, así como la buena educación que le debemos a nuestros semejantes.

Las cosas buenas de Ortega
En esos tres años Ortega ha mostrado una honda preocupación por los pobres, aunque la oposición y los diarios no le dan ningún crédito porque estiman que eso es más bien una cortina de humo para esconder su pasión hacia el dinero, después de 16 largos años de estar lejos del encantador poder de la presidencia. Sin embargo, diplomáticos, los más confiable para dar un juicio sin prejuicio, han valorado positivo los programas Hambre Cero, Usura Cero, Calles y Casas para el Pueblo, educación y salud gratuita para el pueblo, etcétera. A decir verdad, Ortega ha hecho cosas que no hicieron los gobiernos anteriores. Pero esas acciones son minimizadas por la oposición que está en una guerra sin cuartel por el poder. El gobierno de Ortega, con ayuda del presidente de Venezuela Hugo Chávez, acabó con los cortes y racionamiento de energía que duraba hasta cuatro o seis horas en el gobierno del presidente Enrique Bolaños. Esa situación estaba dañando la deprimida economía del país y provocando, a diario, la rabia del pueblo, cansado con la crisis económica que viene sufriendo desde la década del ochenta. En ese sentido, Ortega merece los aplausos del pueblo por mantener la energía en el país sin interrupciones. La energía es desarrollo. Las oscuranas se terminaron con el ascenso al poder de Ortega. De eso no hay discusiones y los líderes de la oposición lo saben.

En cuanto a salud, ahora cualquier persona puede ir a un hospital, sin ser asegurado, y ser atendido normalmente. Sin embargo, el Gobierno no ha logrado suministrar los medicamentos gratuitos y eso lo ha admitido el propio presidente Daniel Ortega. Igualmente, sucede con la educación. La población no tiene que desembolsarse un córdoba para pagar la matrícula y la mensualidad del colegio de sus hijos. Todo es gratuito. Pero la situación del magisterio sigue siendo difícil en un país, agobiado por una crisis económica interna e internacional. Los salarios de los martirizados maestros aún no han sido igualados a los de Costa Rica y Honduras. Los sindicatos de maestros de la oposición mantienen la crítica contra el gobierno. Sin embargo, tiene una asignatura pendiente: el paro. En los últimos años ha crecido el número de desempleados en el país. Pero esto no solo es responsabilidad del Gobierno, sino de la empresa privada, que se muestra inactiva, poca creativa e inteligente.

FMI bendice a gobierno de Ortega
Ortega llegó al poder hace tres años, pero no ha cambiado nada del modelo económico capitalista implantado por los gobiernos anteriores, a pesar de su discurso socialista y antiimperialista. Aunque el gobierno ha dicho que ha diseñado su propia estrategia económica, los opositores les sacan en cara su sumisión a los organismos multilaterales del Imperio. El FMI ha bendecido las viejas políticas macroeconómicas mantenidas por el gobierno “socialista, solidario y cristiano” de Ortega. El mercado sigue siendo el faro de la economía del país. La economía socialista quedó en el pasado. Los economistas han aplaudido a Ortega por no salirse de ese carril, aunque su principal líder insista en utilizar un lenguaje socialista contra Estados Unidos. Ortega no ceja en apuntar a la cabeza de Barack Obama en cada discurso que pronuncia tanto en el exterior como en el interior. Pareciese que Ortega tiene una obsesión con el imperio, que históricamente ha intervenido en Nicaragua. Pero esa arenga antiimperialista no la tiene solo dirigida contra EE.UU, sino también contra los europeos, esa decrépita potencia que colonizó América, pero que ahora ayuda a esos pueblos a salir de su atraso económico y a buscar su sendero democrático. Esto último no le ha gustado a Daniel Ortega. El mandatario acusa a algunos países europeos de financiar a la derecha que busca destronar a Ortega para volver al poder. Pero Ortega guarda silencio cuando la oposición le saca en cara la ayuda que recibe de Venezuela y que no pasa por el Presupuesto. Los opositores creen que Ortega se ha enriquecido con los fondos de Chávez, que en su país ha sido cuestionado por otorgar dinero cuanto la pobreza en Venezuela ha aumentado. Los periódicos aseguran que Ortega compró un hotel y tiene planeado adquirir el Canal Ocho, pero esto no ha sido admitido por el presidente, que ha preferido obviar el tema.

Despreciando a la prensa
En estos tres años, si bien es cierto el presidente Ortega no ha cerrado “manu militare” ningún medio de comunicación, su estrategia para doblegarlos ha sido la publicidad. Antes, los principales periódicos y algunas estaciones de televisión se repartían el pastel publicitario del Estado. Tras tres años de escases publicitarios, los periódicos y canales empiezan a resentir esa falta de pautas, que los ha obligado a recortar su personal. Pero los más castigados han sido los programas radiales independientes (muchos de ellos sandinistas. Muchos de ellos han tenido que cerrar o convertirlos en programas semanales. No obstante, esta situación algunos sigue esperanzados en que el Gobierno sandinista cambie su política publicitaria. Mientras tanto, entre los dueños de esos espacios radiales (muchos de ellos sandinistas) han empezado a reflexionar y pensar que en las próximas elecciones su voto será depositado en la casilla del partido opositor. En estos tres, el gobierno y los dos periódicos han mantenido un pulso bélico. Los dos diarios no le han dado tregua al gobierno quien también se empecina en confrontarlos. La guerra mediática, como le gusta llamarla el gobierno, parece que no baja, sino más bien aumenta con el paso del tiempo. El Partido de gobierno prácticamente no tiene un medio de influencia entre la población por lo que el Presidente Ortega está gobernando sin la prensa. Un error que lo tendrá que pagar tarde o temprano. Pero por lo visto a Ortega no le interesa la fiscalía de la prensa opositora ni le preocupa tampoco los pequeños medios radiales que, a la postre, le podrían significar una ayuda nada despreciable en un ambiente donde el Gobierno se encuentra íngrimo. El poder de la prensa en general no debe de ser despreciada. Es probable que la tensión y la confrontación entre prensa y gobierno se mantengan o se arrecie con gran intensidad de cara al proceso electoral.

La “Guerra justa” de Obama contra el terror

Barack Obama cree firmemente que EE.UU lucha contra el mal en el planeta. Pero esa creencia no es nueva, pues los anteriores gobiernos sostuvieron que luchaban contra el imperio del mal, simbolizado primero por la Alemania Nazi y después por la Rusia soviética. Luego, la potencia americana declaró la guerra al “eje del mal”. Sin embargo, este gobierno de Obama quiere darle un nuevo sesgo a la guerra, que iniciaron los presidentes anteriores (Reagan y Bush principalmente). Quizás por eso, a finales del año pasado, el presidente defendió ardorosamente en la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz, la “guerra Justa”. Obama abrazaba así la teoría del Bellum Justum, que legitima la guerra cuando existe una “justa causa.” Obama busca, según ese principio, reparar un entuerto del adversario terrorista que destruyó las dos torres de Nueva York, símbolo del capitalismo y que, a su juicio, amenaza la estabilidad mundial. La guerra justa no es un invento de Obama. Está en la profundidad de la Historia. La teoría del Bellum Justum fue defendida por Santo Tomás de Aquino, cuyo fin con la guerra era perseguir el bien y evitar el mal. San Agustín sostenía que la guerra es justa cuando no se comete actos inmorales. Aquino se basa en un razonamiento ético judeo-cristiano y Aquino y Francisco Vittoria sentaron las bases para la doctrina de la guerra justa dentro de la Iglesia Católica.

Realismo versus idealismo
Estados Unidos se ha balanceado entre realismo y el idealismo en las relaciones internacionales. Los idealistas creen que la política exterior de un país debe de ajustarse a las normas y principios que dicta la moral y la ética. En cambio, los realistas definen la política internacional en términos de poder. El poder y la acción son la clave de la política internacional. Hangs J. Mongnthau asevera que la política internacional, al igual que todo tipo de política, es una lucha por el poder. Los realistas aseguran que no es posible aplicar los principios morales universales a los actos de los estados para resolver las controversias. El realismo surgió como reacción al fracaso de Wilson y de otros los idealistas en su intento de frenar la Segunda Guerra Mundial. A finales de la Primera Guerra Mundial, el presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson defendió una teoría que señalaba que se podía terminar con la guerra mediante el uso de la razón. El sostenía que las guerras eran producto de las políticas del poder y de los ardides de la diplomacia secreta. Antes de entrar EE.UU en la guerra contra la Alemania Nazi, Woodrow argüía “debemos hacer a un lado la exaltación de los ánimos. Nuestro motivo no deberá ser la venganza, ni la afirmación victoriosa del poderío físico de la nación, sino únicamente la reivindicación del derecho, del derecho humano, del cual solo somos un adalid”. Este presidente aseguraba en ese entonces que EEUU “no servimos a fines mezquinos. No ambicionamos ni la conquista ni el predominio”. Woodrow sentenció ante el Congreso de Estados Unidos “probablemente nos aguarden incontables meses de amargas pruebas y de sacrificios. Es algo horrendo llevar a este grandioso y pacífico pueblo a la guerra, a la más terrible y cruentas de las guerras, en la que parece estar en juego la civilización misma. Sin embargo, la justicia es un bien aún más preciado que la paz y nosotros lucharemos por todo aquello que hemos guardado siempre en nuestro corazón-por la democracia: por el derecho de aquellos que hoy se someten a una autoridad, para contar con voz y voto en sus gobiernos, por los derechos y por las libertades de las pequeñas naciones…” Y concluye, “la nación, bajo el amparo de Dios, no puede proceder de otra manera”.

No hay gloria en la guerra
Estas palabras de este presidente idealista nos evoca el discurso pronunciado en Estocolmo por Obama, quien defendió la guerra justa: “habrá momentos en las que nuestras naciones-actuando por separado o en concierto- encontrará el uso de la fuerza, no solo necesario, sino moralmente justificado”. Ese discurso de Obama, recibiendo el premio, fue duramente criticado por algunos sectores porque consideraban que era una paradoja otorgar un galardón de la paz a un presidente que ordenó el despliegue de 30 mil hombres a Afganistán, el nuevo Viet Nam de Estados Unidos. Un crítico de la guerra afirma que “no hay gloria en la guerra. No importa cuán justificado esté, la guerra siempre es una tragedia humana”. A pesar que no hay gloria ni fama en la guerra, los hombres se aferran a ir a las trincheras. Ya Thomas Hobbes, aseguró que los “conceptos de bien y mal, justicia e injusticia, no tienen lugar allí. Donde no existe poder público no hay ley, donde no hay ley, tampoco hay injusticia. La fuerza y el engaño son en la guerra las dos virtudes cardinales. Justicia e injusticia no son ninguna de las facultades del cuerpo o de la mente”. La historia de la humanidad ha sido siempre el derrotero hacia el conflicto. Hace mucho tiempo Margaret Mead se preguntó: ¿Es la guerra una necedad biológica, una fatalidad sociológica, o solo una invención desastrosa? La necesidad biológica del hombre de ir a la contienda se debe primeramente al instinto bélico del hombre para alcanzar la plena estatura humana. Otros dicen quela guerra es inevitable y va paralelo a la lucha por la tierra y los recursos naturales dentro de una sociedad de clases. Es decir, la guerra es una naturaleza de la Historia. Otros aseguran que la guerra es una invención desastrosa. Todas las formas de culturas son frustrantes y cada nueva generación será agresiva y tendrá su expresión en la guerra.

La represalia brutal del imperio
Estados Unidos está actualmente empantanada en dos guerras: Irak e Afganistán. El 16 de enero de 1991, la coalición internacional, liderada por EE.UU, bajo mandato de la ONU, atacó a Irak. A las dos guerras fue con el propósito de venganza, tras el ataque terrorista a las dos torres, el Pentágono y el fallido acto terrorista contra la Casa Blanca. En ese acto terrorista murieron más de tres mil personas inocentes. Por esa agresión, EE.UU utilizó el uso de la fuerza para eliminar a los causantes de ese desastre humano. A partir de esa acción, el imperio llamó a la represalia “la guerra justa contra el terror”. EE.UU asumía así la responsabilidad de castigar y resguardar el orden mundial en un mundo demasiado violento. Algunos autores estadounidense, que defiende esa teoría, aseguran que esos movimientos violentos y radicales se oponen a los principios fundamentales del mundo moderno, la tolerancia religiosa, los derechos humanos, y la libertad. Por consiguiente, Estados Unidos está en su derecho ético y moral de perseguir a los malos.

Las operaciones contrainsurgencias globales
De allí que Estados Unidos enmarca toda su política en esos postulados de la guerra justa. En su invasión a Panamá la englobó en la “Justa Causa”, en Somalia, en 1992 su expedición punitiva se llamó “Restauración de Esperanza”, la Guerra de El Golfo en 1991 las tropas batallaron bajo el emblema de “Operación Libertad” y Afganistán, “Justicia Infinita”. George Bush advirtió al mundo y sus principales aliados: “Estáis con nosotros o contra nosotros”. En su primer ataque a Irak, EE.UU buscaba atrapar a Osama Bin Laden, culpable de los ataques terroristas que provocaron la “Guerra contra el terror” en este mundo atribulado. En la operación militar contra Afganistán, el ejército imperial americano logró destituir el régimen talibán, que había retrocedido al país a la Edad Media, donde la mujer era la principal víctima. En solo cinco semanas, EE.UU destruyó a ese gobierno y en su lugar colocó a un régimen pro occidental y gobernado por un hombre que huyó al exilio en Europa. Esa agresión, sin embargo, se hizo sin una resolución de la ONU, cuestionada por ser incapaz de frenar esas guerras.

La teoría del Bellum Justum
En la doctrina clásica del Derecho Internacional era lícito el recurso a la fuerza en el orden internacional. Esta doctrina estaba fundamentada en la teoría del Bellum Justum. En ese sentido la guerra fue concebida desde un principio como una reacción contra una injuria, una violación al derecho. Esa teoría estaba en el olvido, pero ahora el presidente Barack Obama ha resucitado esa doctrina que considera lícita la guerra como reacción a los transgresores. Estados Unidos, sin pensarlo dos veces, atacó a Irak hasta invadirla y conseguir ahorcar a Saddam Hussein. Luego bombardeó e invadió Afganistán en persecución implacable de los talibanes, que una vez apoyó por expulsar a los soviéticos de Kabul. Considera a los talibanes los responsables de apoyar a Osama Bin Laden, quien proclamó ser el autor intelectual de los ataques terroristas que sobrecogieron al mundo que pensaba vivía una nueva época. Estados Unidos primeramente se equivocó con Irak, donde no encontró las armas nucleares ni halló ninguna evidencia de que Bagdad apoyase a los terroristas que asolaron las torres. Pero dejó dos países en ruinas: Irak y Afganistán. Sin embargo, ahora su mayor preocupación es Irán, señalada de crear armas de destrucción masivas, pero su presidente lo niega enfáticamente. El sostiene que es energía para desarrollar el país, atrasado por la guerra con Irak en la década del ochenta y los corruptos incrustados en ese régimen islámico.

“Algunos matarán. Otros morirán”: Obama
Obama ha heredado dos países conflictivos: Irak y Afganistán. Este presidente quiere ser el reverso de la moneda de Bush, pero es una tarea harto difícil cuando en el Pentágono está empotrado un poder inmenso que nadie imagina. Obama es un hombre inteligente y con buenas intenciones, pero él tiene que lidiar con esos poderes que dominan la economía y la política. Obama está consciente de lo que puede hacer y aspirar para gobernar el país más poderoso de la tierra. Cuando le entregaron el Premio Nobel en Oslo, Obama afirmó que “estamos en guerra y soy responsable del despliegue de miles de jóvenes americanos para luchar en tierras lejanas”. El mundo esperaba que Obama ya no enviara más hombres a la guerra, pero sus generales en Afganistán lo han colocado contra la pared.”Algunos matarán. Otros morirán”, subrayó Obama tras ordenar el envío de jóvenes a una guerra sin fin lejos de sus tierras, donde su seguridad nacional no está puesta en peligro. El presidente de EE.UU ha resucitado la guerra justa de Tomás de Aquino y Francisco Vittoria “Por que no nos confundamos. El mal existe en el mundo.” Y para reforzar su argumento de la guerra justa, Obama recuerda que “un movimiento violento no hubiera podido frenar el ejército de Hitler. Ninguna negociación pudo convencer a los líderes de Al Qaeda para que entreguen las armas”.

Obama y el uso de la fuerza en un mundo violento
Por tal razón, “la fuerza a veces es necesaria, no es un llamado al cinismo, sino admitir la historia y las imperfecciones del hombre y los límites de la razón”, señaló Obama, tras agregar que “esas pautas nos hacen diferentes de aquellos a quienes combatimos. Por esa razón, he prohibido la tortura. Por esta razón he ordenado el cierre de Guantánamo”. El presidente Obama afirmó que “estamos perdidos cuando no respetamos los ideales por lo que decimos que luchamos”. Un discurso que nos recuerda al presidente Woodrow Wilson cuando anunció que EE.UU se involucraba en la guerra contra la Alemania Nazi. “…Confío en que, como nación beligerante, sabremos conducir nuestros operativos sin apasionamiento y observar personalmente, con orgulloso rigor, los principios de la justicia y del juego limpio por los cuales declaramos pelear…” Estados Unidos ahora lucha contra un enemigo, prácticamente invisible, que se mueve por la noche y por los lugares más inimaginables para golpear. No es una lucha contra un enemigo visible. El terrorismo no tiene cara. Pero en esa guerra mueren también civiles, niños, niñas, ancianos, hombres y mujeres inocentes, que no pidieron que fuerzas extrañas invadieran su país. Pero EE.UU dice no solo defenderse del terrorismo islámico, sino de defender la democracia occidental, los derechos humanos y la libertad del hombre. EE.UU mueve a sus tropas a miles de kilómetros de sus tierras. El presidente Barack Obama, para defender su doctrina de la guerra justa, dice que Estados Unidos ha ayudado a construir la paz mundial y la seguridad global durante más de seis décadas. “América nunca ha luchado contra una democracia”, arguye Obama. Y concluye con esta frase: “Ninguna guerra Santa puede jamás ser una guerra justa”. En suma, Obama ha tomado el relevo de la guerra contra el terror.