
Por Denis García Salinas/Editor
Eduardo Montealegre era un banquero que la vida le sonreía. Su vida había sido, literalmente, apacible, sin los avatares de la selva política. Nunca en su juventud militó en ningún partido político tampoco las ideas liberales lo arrastraron por ese mundo. Nunca mostró desprecio por la dictadura de Somoza. Su vida universitaria transcurrió entre libros de economía, pero sin sentir el llamado de la literatura marxista. Tampoco se le conoce como un joven que deambuló en las protestas estudiantiles en Estados Unidos. Más bien su vida estaba ya definida de antemano. Las aventuras y los sobresaltos universitarios nunca lo desquiciaron. Su vida era tranquila y, podría decirse, en línea recta. Jamás se le ocurrió buscar experiencias que turbaran su vida y la de sus propios padres. Nunca hubo sobresalto en su vida. Su primo Haroldo Montealegre contó una vez a un grupo de periodistas que Eduardo era de esos muchachos “mimados”, que casi nunca salían a la calle y darse una vuelta con sus compañeros. Desde el dintel de su casa observaba al resto de muchachos divirtiéndose.
Los CENI de Montealegre
En cambio Haroldo Montealegre, si experimentó los avatares de la vida y participó en el primer gobierno revolucionario sandinista, aunque posteriormente lo abandonó. Las relaciones entre los dos primos han sido turbulentas desde entonces. Montealegre fundó un periódico La Tribuna, pero desafortunadamente no lo supo administrar ni dirigir políticamente. El diario naufragó. Igualmente, le sucedió con su banco que tuvo un final fatal. En cambio, Eduardo Montealegre empezó a subir como la espuma. Su banco creció exitosamente en los últimos gobiernos liberales. Pero ese rápido éxito fue empañado por los sandinistas, que lo acusaban de emitir de 500 millones de dólares en Bonos del Tesoro, conocido como CENI (Certificados Negociables de Inversión). A la vez se le acusa de enriquecerse al amparo de sus cargos en el Gobierno de Alemán y Enrique Bolaños. El ex presidente del Banco central, Francisco Mayorga acusó a Montealegre de estar implicado en la quiebra de cinco bancos privados (Interbank, Pribanco, Bancafe, Bamer y BANIC).
La persecución implacable
Desde entonces, su vida ha sido como una barcaza estremecida violentamente por una tormenta perfecta. Su rostro ha aparecido junto al de Arnoldo Alemán en papeletas con leyendas que dicen Se buscan estos ladrones. Incluso han colocado vistosos rótulos en las principales arterias de la capital con los rostros y nombres de los dos políticos. Montealegre, protegido por el blindado de la inmunidad parlamentaria, jamás ha sido procesado por los delitos que se les imputa. Por tanto, los responsables de esa propaganda han violado la Constitución y el principio de la inocencia de Montealegre. Nadie es culpable mientras no se le comprueba su delito. Montealegre ha negado enfáticamente esas acusaciones. Pero no se ha despojado de su inmunidad para enfrentar esos cargos. Los sandinistas no tienen los votos suficientes para despojar la inmunidad a Montealegre, apoyado por su antiguo amigo y ahora rival Arnoldo Alemán. El fiscal Armando Juárez, su implacable perseguidor, ha dicho que su caso no prescribe ni en cien años. Hasta el momento el duro fiscal sigue insistiendo que Montealegre robó ese dinero y por lo tanto tiene que ir a dar a la cárcel, cosa que muchos ven difícil en un país que todo se negocia).
El Napoleón del sector privado
Montealegre de, de 55 años de edad, es conocido como el Napoleón del sector privado. El es Licenciado en economía y con un máster en Finanzas y Planificación estratégica. El empezó su carrera en el Banco Central de Nicaragua y el grupo BANIC. Con el triunfo de la revolución sandinista en 1979, abandonó apresuradamente Nicaragua y se instaló en Nueva York, donde trabajó para la firma Shearson Lehman. Mientras él trabajaba en Nueva York, el país estaba envuelto en una guerra civil. Después se independiza y regresa a su país, en 1991, tras la derrota electoral de Daniel Ortega. Después de algunas desavenencias con Alemán decide fundar el movimiento Vamos con Eduardo, integrado por la Alianza Liberal Nicaragüense y el Partido Conservador. Eduardo es casado y tiene cuatro hijos. El se define como una persona “suave de forma y firme de fondo,” aunque los que le conocen de cerca lo tildan de un hombre soberbio, duro, pero muy trabajador. Desde tempranas horas de la mañana estaba en su oficina.
De la vida apacible a la angustia
De la banca saltó a la administración pública con buen suceso. Bajo la presidencia de Arnoldo Alemán, Montealegre se convierte en Ministro de la Presidencia. Sin ser expertos en relaciones internacionales ni politólogo, Montealegre fue nombrado canciller (199/20000). Ocupó también el cargo de Ministro de Hacienda y Crédito Público (2002/2003). En suma, el destino le había deparado el camino hacia el éxito, pero hasta ese momento. Cuando Eduardo Montealegre decide definitivamente dar el salto a la arena política, su vida empieza a convertirse en un torbellino. Su apacible vida de banquero y funcionario público dio paso a una existencia más estresante, angustiante e intranquila. Incluso antes nadie lo había ofendido con tanto odio como en este gobierno. Sus rivales empiezan a desempolvar el caso de los CENI, y la quiebra de los cinco bancos, casos que no le abandonarán en su tortuosa carrera política.
El waterlook del pequeño Napoleón
Montealegre es un hombre ambicioso y añora con el poder. En el 2006 el ex banquero se postula como candidato a la Presidencia de la República. El es acusado de dividir a la oposición con su postulación. En esos comicios, Daniel Ortega gana y Montealegre se tiene que conformar con un escaño en el parlamento. En el 2008, Montealegre insiste en correr como candidato a alcalde de Managua, pero es vencido por el malogrado Alexis Arguello. Pero esas elecciones son señaladas de estar viciadas. Al día siguiente, las principales calles de Managua se llenan de manifestantes liberales inconformes que protestan contra el Consejo Supremo Electoral por lo que han considerados un robo. Ética y Transparencia divulga un informe en el que revela que la Alcaldía de Managua había sido ganada por la oposición al igual que otros 30 municipios del país. Eduardo Montealegre, que tiene en sus cuentas bancarias más de diez millones de dólares, ha gastado mucho dinero (aún no contabilizado por él) en estos últimos años por su ambición de convertirse en Presidente de la República. Eduardo Montealegre es ya un hombre de 55 años y el agotamiento empieza a observársele en el rostro cansado. Sus últimos años ha tenido que lidiar incluso contra un economista Néstor Avendaña, quien lo acusa ante los tribunales de haberle causado daño económico como consultor económico internacional al señalarlo de haber aprobado miles de dólares en un banco cerrado tras la crisis bancaria que obligó al gobierno a cerrar cinco bancos.
Un final inesperado
La lucha por el poder ha sido demasiada dura para Montealegre. Quizás él jamás imaginó que su vida cambiaría tan dramáticamente cuando decidió postularse como candidato. El tiempo ha transcurrido y Montealegre no ha logrado conseguir sus sueños. Ha perdido dos elecciones, una presidencial y otra municipal. Por lo visto Eduardo Montealegre ha decidido posponer sus pretensiones presidenciales y dejar el camino libre a Fabo Gadea Mantilla, un octogenario empresario radial y diputado por el Parlamento Centroamericano. Montealegre se ha dado cuenta que las elecciones están bien difícil de ganar, pues en las encu.estas de opinión pública el puntaje no le favorece como vencedor. Tampoco a Arnoldo Alemán, cuyo puntaje cayó totalmente al sótano. En cambio en pocas semanas apareció Fabio Gadea Mantilla como un potable candidato, pero la obcecación de Alemán de postularse mantiene en una encrucijada a la oposición que sigue dividida. Don Fabio Gadea ha militado en el Partido Liberal Constitucionalista y él está en el Parlacen por el apoyo de su consuegro Arnoldo Alemán. Mientras Alemán no ceja su candidatura por Gadea y más bien lo reta a celebrar unas primarias internas en el PLC, Montealegre ya rindió su rey y ha declinado su candidatura a favor de Gadea Mantilla. Montealegre se conforma en ir primer lugar en la lista de diputados nacionales. Por lo visto esa decisión es irrevocable de Montealegre después de ser acusado de dubitativo e indeciso. No se sabe aún si Montealegre está posponiendo sus sueños de ser presidente de Nicaragua o ya tiró la toalla definitivamente. Peor todos están claro que Montealegre ha tenido un final inesperado.
