Por Denis-García Salinas/EditorCuando el visitante extranjero llega al país lo primero que advierte son los gigantescos rótulos rosados con el rostro de Daniel Ortega. Están por doquier. Ortega pregona en esa propaganda quizás su última revolución “cristiana, solidaria y socialista”. Su nueva filosofía constrasta con la actual situación mundial, donde el llamado socialismo se vino al suelo con la caída del Muro de Berlín y solo perdura en la isla de una amarilla Cuba. A 31 años de la revolución, Ortega y su esposa Rosario Murillo, que comparte el 50 por ciento del poder, celebran esa fecha, disgustados con sus antiguos camaradas que aseguran que Ortega vive un sueño disparatado. Ellos creen que el líder el FSLN no logra entender que la Historia se ha hastiado de sus reflexiones socialistas, cristianas y solidaria. Se viven ahora nuevos paradigmas y multitudes metamorfosis. Pero Ortega está aferrado a lo que podría ser su últma revolución. La vida para él solo tiene sentido dentro de esa revolución que lleva su impronta. El no ha conocido una vida común, sencilla y rutinaria como el resto de mortales. No entiende su vida fuera del poder.
Ortega es diferente al hombre común que viaja a diario en un bus a su trabajo, o aquel que deambula por la calle sin rumbo cierto. Desempleado. Pero él ha sido diferente a otros gobernantes. Se le acusa de todo, pero muchos reconocen que es un hombre más preocupado por los pobres, aunque él no conozca a fondo el drama de esa gente de a pie. Su destino, por lo visto, está marcado por el poder. Y hoy, Ortega y su familia disfrutan la fiesta del aniversario de su revolución. Desde la vispera de la celebración del 19 de Julio hubo fiesta en los barrios. A pesar que ha sido un día lluvioso el festejo no se interrumpe. Esa misma noche, el grupo puertorriqueño La Calle alegró la Plaza de Las Victorias, inaugurada recientemente en la carretera Masaya, la principal arteria de comunicación de Managua. El joven cantante, sn camisa, instó a los jóvenes a defender su país de la intromisión del Norte. En el acto se vió pocas banderas rojinegras, como se acostumbra en ese tipo de evento. Después que los sandinistas fueron desalojados del poder en 1990, las celebraciones del 19 de Julio fueron perdiendo interés entre la población, abatida por la crisis económica.Daba la impresión que el FSLN perdía simpatizantes. Incluso durante una de las visita del presidene Hugo Chávez a Nicaragua la celebración distó mucho de los actos multitudinarios organizados por los sandinistas en la década del ochenta. Pero después que Daniel Ortega recuperó el poder en el 2006, poco a poco las concentraciones populares han sido más vistosas. La oposición lo atribuye al poder de la maquinaria del Estado para convocar a los empleados públicos y al dinero de Venezuela.
¿Un renacimiento?O acaso será un renacimiento de aquel sentimiento revolucionario que llenaba las plazas de bote en bote? A decir verdad, desde que subió a la presidencia Ortega, a los actos van más gente. Pero sus adversarios argumentan que son más lo que se quedan en casa. Ya no quieren saber nada de lo que podría ser la última revolución que encabeza Daniel Ortega. Por eso los disidentes sandinistas y opositores coinciden en afirmar que la llama de la revolución en nuestro país se apagó. El cuarto de la revolución quedó en oscuras. No obstante, Ortega, que recuperó el poder en el 2006 en elecciones, está seguro que él es el conductor de la segunda etapa de la Revolución Popular Sandinista. A él le resultó difícil ganar los comicios (38% de los votos). Además, la división de la oposición liberal permitió el regreso de Ortega al poder, aunque de manera muy apretada.
Nuevos ricosEn los 16 años que el FSLN sobrevivió en la oposición, sus convocatorias no lograban llenar las calles y plazas como en aquellos años de la década del ochenta. Ortega y el FSLN vivieron una larga y amarga soledad. Connotadas figuras abandonaron en esos años el partido. Otros se alejaron de la política, otros, lo menos, crearon el Movimiento del Rescate del Sandinismo y el Movimiento Renovador Sandinista, dos agrupaciones disidentes sandinistas que, sin embargo, no han logrado captar simpatizantes, como ellos esperaban. Sus adversarion lo han comparado a Somoza y lo acusan de enriquecerse con el dinero de Venezuela y utilizar las arcas del Estado para engrandar sus posesiones. La intelectualidad y muchos profesionales también alistaron maletas y dejaron al partido. Así, pues, el FSLN se mantuvo sólo con tres líderes: Daniel Ortega, Bayardo Arce y Tomás Borge, éste último el único sobreviviente de los fundadores de esa organización. De los tres, Ortega se convirtió en el principal líder y el único candidato presidencial del FSLN. Arce, por su parte, se volvió un próspero empresario y un asesor económico de Ortega. Borge tiene propiedades y ahora es diplomático en Perú. Los periódicos acusan a la familia del presidente de comprar hoteles, canales de televisión y estar metido en buenos negocios con extranjeros. Ortega nunca ha respondido a esos señalamiento de corrupción. Ha preferido ignorarlos.
El fin de la HistoriaCuando el mundo socialista se derrumbó, un sociólogo estadounidense, de origen asiático, sentenció que acabamos de llegar al Fin de la Historia. Es decir, el liberalismo se imponía sobre el socialismo que había caído en desgracia. Para la oposición antisandinista, el Fin de la Historia empezó en en Nicaragua en 1990 cuando una mujer doña Violeta Barros viuda de Chamorro derrotó a Daniel Ortega en la urnas. Los votos hicieron lo que la Contra, grupo rebelde apoyado, organizado y financiado por EE.UU, no pudo hacer con las armas: Desalojar del poder a los sandinistas. Tras la llegada al poder de Chamorro, se inicia un proceso de desmantelamiento de todo vistigio de la revolución. Se desarticula los sindicatos sandinistas y se achica el Ejército, considerado el más grande de Centro América, y se despide a los muchos sandinistas en las esferas del Estado.
Arce pretendió demoler la pirámida de KelsenDespués de vivir esa larga soledad de 17 años de gobiernos neoliberales, Ortega se comprometió respetar la Constitución en un país, donde no hay tradición constitucionalista. Más bien todo lo contrario. Inclusive en el auge de la revolución el entonces comandante Bayardo Arce afirmó que la “revolución es fuente de Derecho”. Es decir, la revolución demolía la pirámide constitucional del jurista Kelsen (donde la Constitución está encima de las leyes, decretos, reglamentos, etcétera.) Toda la esctructura jurídica en que está diseñada una sociedad ya no tenía sentido en un proceso revolucionario. Sin embargo, ahora el presidente Ortega ha utilizado ciertos mecanismos legales para mantener su poder en las instituciones del Estado y facilitar así el camino a una reelección contínua, prohibida por la misma Constitución. A finales del 2009, magistrados sandinistas de la Corte Suprema de Justicia declararon, en una sesión celebrada sin los liberales y con sustitutos, que el artículo de la Constitución que limita a dos el número de mandatos de un presidente es inaplicable. Es decir, solo tiene derecho constitucional a postularse una vez más.
La oposición desquiciadaDe esta manera, La Corte, tomando como ejemplo el caso de Oscar Arias en Costa Rica que tenía esa misma prohibición, abrió ese candado para permitirle a Daniel Ortega postularse para otro periodo sucesivo cuando a él le tocaba retirarse a su residencia. Pero este derrotero, según los opositores, podría llevar a la instauración de una dictadura. Los más beligerantes críticos de esa pretensión son los propios disidentes sandinistas, que aparecen en los medios atacando al presidente con mayor ardor que un liberal opositor.Además, la oposición está cuarteada por las ambiciones de poder e incapaz de sellar una unidad que le permitíría derrotar a Ortega. “La oposición se encuentra desarticulada y asediada por un gobierno que busca comprar votos en la Asamblea Nacional para la reforma que permita la reelección continua de Ortega", explicó el novelista Sergio Ramírez. El escritor “detecta una gran desconfianza de sus conciudadanos en los partidos de su país, que ha llevado a la sociedad a una especie de crisis moral, ante la certeza de que tantos políticos son "comprables" y de que las instituciones están "totalmente controladas" por el sandinismo.
En ese contexto el presidente Daniel Ortega celebra este 19 de julio del 2010 el 31 aniversario de la Revolución Popular Sandinista. Aparte, los disidentes sandinistas festejaron la efemérides en Masaya, una ciudad a 35 kilómetros de Managua, aunque con una convocatoria raquítica.
La Hermandad revolucionariaDesde que llegó al poder Ortega ha fortalecido sus lazos con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien encabeza el Proyecto del Socialismo del siglo XXI,”Hermandand Revolucionaria”. Con el petróleo de Venezuela, Chávez pretende ejecutar ese proyecto en cuatro países latinoamericanos, pero para ello exige un plazo de 15 años para impulsar ese socialismo en estas tierras, que ya han visto fracasos revolucionarios y de movimientos izquierdistas rebeldes. La experiencia revolucionaria nicaraguense tuvo una efímera duración (diez años). El periódico El Nuevo Diario mantiene en su versión periodística digital, el programa de Hugo Chávez del Socialismo del Siglo XXI Capítulo Nicaragua. No sé si ese plan es verídico, pero dado los hechos que han ocurrido en Nicaragua y las propias declaraciones de sus líderes de mantener en el poder en el país por más de 30 años, el programa, por lo visto, resulta real. En el periódico se dice que el Presidente Ortega en reunión privada, celebrada en enero del 2009, con el Comandane Hugo Chávez han aprobado el Proyecto de Bolivar a Sandino,que es un Programa Latinoamericano de sostenibilidad del socialismo.
Ortega y su proyecto socialistaEn Nicaragua, Ortega, que ganó con un porcentaje menor las elecciones presidenciales, ha venido trabajando para desunir a la oposición, fortalecer el partido, penetrar en las instituciones policiales y del ejército y mantener su poder en los cuatro Poderes del Estado, inclusive hegemonizarlos. Ortega está convencido que va por el buen camino, pero la oposición y los organismos de la llamada sociedad civil, creen que Ortega está equivocado y ese sendero solo lo conducirá al abismo. Para llevar adelante sus planes, reitero, Ortega está pensando que los sandinistas no solo se mantendrán 15 años como mínimo en el poder, sino cien años, como afirmara Tomás Borge. El dirigente es conocido por su predisposición a la grandielocuencia. El presidente Daniel Ortega se ha incorporado al Eje del proyecto Hermandad Revolucionaria, integrada por Evo Morales, Rafael Correa, Raúl Castro y Hugo Chávez. Manuel Zelaya salió del proyecto luego que un golpe de Estado lo depusiera del poder y lo enviara al exilio. Zelaya tenía un proyecto de reformar la Constitución de su país. En el plan de Chávez ahora solo están Ortega, Correa, Morales y Castro. No obstante, Ortega enfrenta serios desafíos para prolongar su mandato tal y como plantea Hugo Chávez para extender la revolución incruenta en América Latina, como soñaba el argentino Ché Guevara de “crear unos, dos, tres, cuatro Viet Nam...en un mundo atribulado.Ortega tiene ahora un nuevo escenario, donde las armas ya no juegan un papel decisivos para cambiar el rumbo del país. El principal líder del FSLN, partido en el poder, tiene que lidiar con los mecanismos que ofrece su aborrecido sistema capitalista. En efecto, Ortega utiliza la ley para procurar sus objetivos.
Las maniobras de la LeyOrtega primero buscó pactar con sus adversarios para reformar el artículo 145 de la Ley Electoral para reducir de 40 a 35 por ciento los votos necesarios para ser electo presidente de la República.Y lo consiguió al salir electo con solo 38 por ciento. Ortega superó así su racha de derrotas electorales en en 1990 contra Violeta Chamorro, en 1996 con el liberal Arnoldo Alemán y en el 2001 contra Enrique Bolaños. Sin embargo, Ortega no cejó nunca en sus aspiraciones y no se preocupó nunca en buscar otro candidato dentro de su partido, más bien apartó a los que se atrevieron a postularse en nombre del FSLN (Herty Lewites, Vilma Núñez de Escorcia y Martínez Cuenca).A finales del 2009, los magistrados sandinistas de la Corte Suprema de Justicia emite una sentencia que declara inaplicable el inciso a) del artículo 147 de la Constitución que no permite a Ortega relegirse sucesivamente. Ahora, el candado ha sido destrozado. Empero, tanto los juristas como lo opositores cuestionaron esa polémica sentencia que viola la Constitución porque sostienen que ninguna ley puede estar por encima de la Ley Fundamental.
Terminar con chantajeEn Nicaragua, Ortega impulsó primeramente la idea de acabar con el presidencialismo, promoviendo el Parlamentarismo, pero la idea no cuajó. Se habló luego de una reforma Constitucional, debate que aún no ha concluido y al parecer sigue quitando el sueño a la clase política. El parlamentarismo era una de las jugadas políticas de Ortega, pero no tuvo el eco esperado, exceptuando el diputado Edwin Castro que escribió un libro, ofreciendo las bondades del parlamentarismo. El libro quedó archivado. Luego surgió otra crisis al vencérseles el periodo a una veintena de funcionarios del Estado. El presidente Ortega apareció nuevamente en escena, anunciando un decreto 3-2010 que prorrogó el periodo a tales funcionarios mientras la Asamblea Nacional no ratifique o los elija. Esa disposición gubernamental fue calificada peyorativamente por los juristas y opositores como “decretazo” porque violaba la Constitución, tan manoseada. El país daba así tropiezos. La oposición, tan poco imaginativa, lograba gratuitamente armas que le ofrecía el FSLN, para enderezar sus cañones contra el Mandatario. Después, la Asamblea Nacional terció a favor de Ortega. Uno poder del Estado aliándose a otro.
El titular del parlamento, René Núñez, resucitó el artículo 201, que era transitorio en la Constitución de 1987, que amparaba a los funcionarios en continuar en sus cargos mientras la Asamblea nos los eligiese. En ese documento de los revolucionarios chavistas, publicado por El Nuevo Diario, se habla de líneas estratégicas para “recuperar los derechos revolucionarios perdidos”. En pocos años, abrió los hospitales al pueblo, declaró gratuita la educación, redujo el analfabetismo. Pero otros derechos, como el de manifestarse, fueron cercenados. Y para lograr recuperar otros derechos se ha planteado una nueva Constitución Política, donde se pretende reformar todos los poderes del Estado. La idea es arrebatarle las cuotas de poder a los liberales que comparten ahoran con los sandinistas en las distintas instituciones del Estado, pero que últimamente el FSLN ha lanzado una ofensiva dirigida a recuperar esas cuotas sin importarles que esos hombres sean liberales o conservadores. En el programa, los sandinistas pretenden “terminar para siempre con el chantaje del pacto” y así “nuestros adversarios no podrán recuperar el poder en los próximos 15 años”.
Recodando el pasado sandinistaDel seno de la revolución de 1979 surgieron las Fuerzas Armadas y La Policía Nacional. El Ejército de Somoza fue aplastado definitivamente y la Policía corrió la misma suerte. En 1990, tras la derrota electoral de Ortega, el Ejército y la Policía sufrieron una fuerte despartidización. Particularmente, la Policía fue seducida por los gobernantes de turnos en los últimos 17 años de neoliberalismo. Unos les llamaron la profesionalización de ambas instituciones. Pero cuando Ortega recupera el poder, su mirada se clava en el Ejército y principalmente en la Policía. En sus primeros discursos ante esas instituciones, les recuerda sus raíces sandinistas. En estos años, el presidente ha ascendido a policías de su entera confianza, en detrimento del poder que ejercía en la Policía la Comisionada Aminta Granera, una mujer que salió de las filas del sandinismo, pero que con el paso del tiempo se han ido distanciando paulatinamente. Granera gozaba de mucha simpatía entre la población, pero su conducta ha sido criticada tanto por la oposición como por los organismos civiles por no intervenir a restaurar el orden y proteger los derechos de los ciudadanos cuando sandinistas han impedido el derecho constitucional de manifestarse en las calles. De allí que la oposición señale a Ortega de manipular esa institución.
El precio de BolañosEn el supuesto programa hacia el socialismo del Siglo XXI, a los miembros se les incita a enfrentar a la oligarquía y al imperialismo. En Nicaragua, Ortega ha obviado su lucha contra la oligarquía, pero la ha enderezado contra ciertos sectores económicos y líderes de la oposición de derecha y la proclamada izquierda. Ortega ha tenido cuidado en atacar al presidente Barak Obama, pero no ha ahorrado palabras duras contra el imperialismo que amenaza, según él, provocar una tercera guerra mundial. Ortega ha vertido también improperios contra Europa. Les recuerda su pasado imperial, conquistador. Otro de los lineamientos es propagar la figura de Ortega y del Poder Ciudadano, que sustituirá a la antigua dirección del FSLN. De esa manera, Ortega está pavimentando el camino de la segunda etapa de la revolución Sandinista. Y para ello pretende asegurarse tres mandatos continuos del sandinismo, según el plan que aparece en la página digital de El Nuevo Diario. La estrategia plantea también hegemonizar las instituciones de los poderes del Estado. Antes los dos partidos hegemónicos se repartían el poder. En los dos últimos años, Ortega ha tratado de revertir ese orden y para ello, según la oposición, ha comprado, con dinero venezolano, las voluntades de magistrados liberales del Consejo Supremo Electoral, diputados de la Asamblea Nacional, y domina la Contraloría. El plan ha abarcado también las alcaldías, donde los Consejos Municipales han destituidos a alcaldes y concejales, sin un debido proceso y sin respetar el principio de la presunción de la inocencia y violando las leyes municipales.
Esto abrió otro frente de crisis en el país, pero al parecer el tiempo se encargará de enterrarlo porque la oposición, diezmada, siguen su rumbo incierto por sus ambiciones prebendarias y falta de principios e ilusiones auténticamente democráticas. Los mismos opositores ponen de ejemplo el caso de Bolaños Davis, cuya diputación se le acaba de devolver luego de más de un año de ser expulsado de la Asamblea Nacional, acusado de ser ciudadano estadounidense. A la vez se le devolvió una propiedad, que estaba en manos de trabajadores. Todo esto se hizo a cambio de que Bolaños votara a favor de los sandinistas en ciertas leyes que servirán para reelegir a los funcionarios del Estado y permitir la reelección de Ortega. Igualmente, se le devolvió la personería al Partido Conservdor con el fin de dividir a la fragmentada oposición de cara a las elecciones. Pero no le devolvió la representación de la ALN a Eduardo Montealegre, un banquero metido a la política. Bolaños Davis, sobrino del expresidente Enrique Bolaños, era un furibundo antisandinista. Hoy su discurso antiorteguista, ha cambiado notablemente, lo que deja en claro para muchos observadores que todo hombre tiene su precio en la selva de la política nacional. Igualmente sucedió con el magistrado Benavides, que reapareció en el CSE, amparándose en el decreto de Ortega y porque alegaba, sin verguenza, que el estómago le ardía de hambre de dinero.
A manera de conclusiónOrtega ha dicho que, a sus 65 años, está joven, dando a entender que continuará lidereando esta segunda etapa de lo que podría ser la última revolución escenificada en Centro América, donde ahora la izquierda es gobierno tanto en Nicaragua como en El Salvador. Ortega insiste en proclamarse un hombre de izquierda y el último antiimperialista, pues sus camaradas lo abandonaron a partir de 1990 y se unieron a la derecha para hacerle el sueño imposible. Esa derecha está desorientada. Los disidentes sandinistas, acusados de ser financiado por EE.UU., no creen que Nicaragua viva una nueva revolución ni creen que Ortega sea un revolucionario. Dora María Téllez lo calificó en un periódico local como un “estafador” porque ni defiende a los pobres ni a la izquierda, y más bien es el defensor de los ricos, del gran capital y de Arnoldo Alemán, su socio en el pacto. Por eso la revolución es una ficción, pero Ortega está convencido que Nicaragua respira un ambiente revolucionario, de grandes transformaciones sociales, económicas y políticas. Tal vez Ortega esté viviendo su última revolución.