viernes, septiembre 10, 2010

Eduardo Montealegre, el candidato


Por Denis García Salinas/Editor


Eduardo Montealegre era un banquero que la vida le sonreía. Su vida había sido, literalmente, apacible, sin los avatares de la selva política. Nunca en su juventud militó en ningún partido político tampoco las ideas liberales lo arrastraron por ese mundo. Nunca mostró desprecio por la dictadura de Somoza. Su vida universitaria transcurrió entre libros de economía, pero sin sentir el llamado de la literatura marxista. Tampoco se le conoce como un joven que deambuló en las protestas estudiantiles en Estados Unidos. Más bien su vida estaba ya definida de antemano. Las aventuras y los sobresaltos universitarios nunca lo desquiciaron. Su vida era tranquila y, podría decirse, en línea recta. Jamás se le ocurrió buscar experiencias que turbaran su vida y la de sus propios padres. Nunca hubo sobresalto en su vida. Su primo Haroldo Montealegre contó una vez a un grupo de periodistas que Eduardo era de esos muchachos “mimados”, que casi nunca salían a la calle y darse una vuelta con sus compañeros. Desde el dintel de su casa observaba al resto de muchachos divirtiéndose.

Los CENI de Montealegre
En cambio Haroldo Montealegre, si experimentó los avatares de la vida y participó en el primer gobierno revolucionario sandinista, aunque posteriormente lo abandonó. Las relaciones entre los dos primos han sido turbulentas desde entonces. Montealegre fundó un periódico La Tribuna, pero desafortunadamente no lo supo administrar ni dirigir políticamente. El diario naufragó. Igualmente, le sucedió con su banco que tuvo un final fatal. En cambio, Eduardo Montealegre empezó a subir como la espuma. Su banco creció exitosamente en los últimos gobiernos liberales. Pero ese rápido éxito fue empañado por los sandinistas, que lo acusaban de emitir de 500 millones de dólares en Bonos del Tesoro, conocido como CENI (Certificados Negociables de Inversión). A la vez se le acusa de enriquecerse al amparo de sus cargos en el Gobierno de Alemán y Enrique Bolaños. El ex presidente del Banco central, Francisco Mayorga acusó a Montealegre de estar implicado en la quiebra de cinco bancos privados (Interbank, Pribanco, Bancafe, Bamer y BANIC).

La persecución implacable
Desde entonces, su vida ha sido como una barcaza estremecida violentamente por una tormenta perfecta. Su rostro ha aparecido junto al de Arnoldo Alemán en papeletas con leyendas que dicen Se buscan estos ladrones. Incluso han colocado vistosos rótulos en las principales arterias de la capital con los rostros y nombres de los dos políticos. Montealegre, protegido por el blindado de la inmunidad parlamentaria, jamás ha sido procesado por los delitos que se les imputa. Por tanto, los responsables de esa propaganda han violado la Constitución y el principio de la inocencia de Montealegre. Nadie es culpable mientras no se le comprueba su delito. Montealegre ha negado enfáticamente esas acusaciones. Pero no se ha despojado de su inmunidad para enfrentar esos cargos. Los sandinistas no tienen los votos suficientes para despojar la inmunidad a Montealegre, apoyado por su antiguo amigo y ahora rival Arnoldo Alemán. El fiscal Armando Juárez, su implacable perseguidor, ha dicho que su caso no prescribe ni en cien años. Hasta el momento el duro fiscal sigue insistiendo que Montealegre robó ese dinero y por lo tanto tiene que ir a dar a la cárcel, cosa que muchos ven difícil en un país que todo se negocia).

El Napoleón del sector privado

Montealegre de, de 55 años de edad, es conocido como el Napoleón del sector privado. El es Licenciado en economía y con un máster en Finanzas y Planificación estratégica. El empezó su carrera en el Banco Central de Nicaragua y el grupo BANIC. Con el triunfo de la revolución sandinista en 1979, abandonó apresuradamente Nicaragua y se instaló en Nueva York, donde trabajó para la firma Shearson Lehman. Mientras él trabajaba en Nueva York, el país estaba envuelto en una guerra civil. Después se independiza y regresa a su país, en 1991, tras la derrota electoral de Daniel Ortega. Después de algunas desavenencias con Alemán decide fundar el movimiento Vamos con Eduardo, integrado por la Alianza Liberal Nicaragüense y el Partido Conservador. Eduardo es casado y tiene cuatro hijos. El se define como una persona “suave de forma y firme de fondo,” aunque los que le conocen de cerca lo tildan de un hombre soberbio, duro, pero muy trabajador. Desde tempranas horas de la mañana estaba en su oficina.

De la vida apacible a la angustia

De la banca saltó a la administración pública con buen suceso. Bajo la presidencia de Arnoldo Alemán, Montealegre se convierte en Ministro de la Presidencia. Sin ser expertos en relaciones internacionales ni politólogo, Montealegre fue nombrado canciller (199/20000). Ocupó también el cargo de Ministro de Hacienda y Crédito Público (2002/2003). En suma, el destino le había deparado el camino hacia el éxito, pero hasta ese momento. Cuando Eduardo Montealegre decide definitivamente dar el salto a la arena política, su vida empieza a convertirse en un torbellino. Su apacible vida de banquero y funcionario público dio paso a una existencia más estresante, angustiante e intranquila. Incluso antes nadie lo había ofendido con tanto odio como en este gobierno. Sus rivales empiezan a desempolvar el caso de los CENI, y la quiebra de los cinco bancos, casos que no le abandonarán en su tortuosa carrera política.

El waterlook del pequeño Napoleón
Montealegre es un hombre ambicioso y añora con el poder. En el 2006 el ex banquero se postula como candidato a la Presidencia de la República. El es acusado de dividir a la oposición con su postulación. En esos comicios, Daniel Ortega gana y Montealegre se tiene que conformar con un escaño en el parlamento. En el 2008, Montealegre insiste en correr como candidato a alcalde de Managua, pero es vencido por el malogrado Alexis Arguello. Pero esas elecciones son señaladas de estar viciadas. Al día siguiente, las principales calles de Managua se llenan de manifestantes liberales inconformes que protestan contra el Consejo Supremo Electoral por lo que han considerados un robo. Ética y Transparencia divulga un informe en el que revela que la Alcaldía de Managua había sido ganada por la oposición al igual que otros 30 municipios del país. Eduardo Montealegre, que tiene en sus cuentas bancarias más de diez millones de dólares, ha gastado mucho dinero (aún no contabilizado por él) en estos últimos años por su ambición de convertirse en Presidente de la República. Eduardo Montealegre es ya un hombre de 55 años y el agotamiento empieza a observársele en el rostro cansado. Sus últimos años ha tenido que lidiar incluso contra un economista Néstor Avendaña, quien lo acusa ante los tribunales de haberle causado daño económico como consultor económico internacional al señalarlo de haber aprobado miles de dólares en un banco cerrado tras la crisis bancaria que obligó al gobierno a cerrar cinco bancos.

Un final inesperado
La lucha por el poder ha sido demasiada dura para Montealegre. Quizás él jamás imaginó que su vida cambiaría tan dramáticamente cuando decidió postularse como candidato. El tiempo ha transcurrido y Montealegre no ha logrado conseguir sus sueños. Ha perdido dos elecciones, una presidencial y otra municipal. Por lo visto Eduardo Montealegre ha decidido posponer sus pretensiones presidenciales y dejar el camino libre a Fabo Gadea Mantilla, un octogenario empresario radial y diputado por el Parlamento Centroamericano. Montealegre se ha dado cuenta que las elecciones están bien difícil de ganar, pues en las encu.estas de opinión pública el puntaje no le favorece como vencedor. Tampoco a Arnoldo Alemán, cuyo puntaje cayó totalmente al sótano. En cambio en pocas semanas apareció Fabio Gadea Mantilla como un potable candidato, pero la obcecación de Alemán de postularse mantiene en una encrucijada a la oposición que sigue dividida. Don Fabio Gadea ha militado en el Partido Liberal Constitucionalista y él está en el Parlacen por el apoyo de su consuegro Arnoldo Alemán. Mientras Alemán no ceja su candidatura por Gadea y más bien lo reta a celebrar unas primarias internas en el PLC, Montealegre ya rindió su rey y ha declinado su candidatura a favor de Gadea Mantilla. Montealegre se conforma en ir primer lugar en la lista de diputados nacionales. Por lo visto esa decisión es irrevocable de Montealegre después de ser acusado de dubitativo e indeciso. No se sabe aún si Montealegre está posponiendo sus sueños de ser presidente de Nicaragua o ya tiró la toalla definitivamente. Peor todos están claro que Montealegre ha tenido un final inesperado.

martes, agosto 17, 2010

El Partido Conservador: De la tumba a la vida

Por Denis García Salinas/Editor

Conservadores entre Montealegre y Ortega


El Partido Conservador, una de las llamadas paralelas históricas del país, quizás no estaba muerto, pero eso sí desahuciado. Este partido y el Liberal fueron durante un largo tiempo las “paralelas históricas’ porque ambos eran los principales protagonistas de la Historia de Nicaragua. En nuestro país las familias eran conservadoras o liberales. El linaje del partido se heredaba. No había problemas de ideologías.Cuando los Somoza entronizaron la dictadura familia, muchos nicaraguenses se identifican como antisomocista y, por tanto, conservadores. A través de la Historia los líderes de esos dos partidos siempre golpeaban las puertas de la Casa Blanca para arreglar sus problemas inernos. Los conservadores estaban divididos en fracciones y su desteñida bandera apenas ondeaban en algunos hogares. Legalmente, estaba enterrado. El Consejo Supremo Electoral, hegemonizado por los sandinistas, le quitó su personería jurídica, tras salir severamente golpeado en las últimas elecciones presidenciales. Sus líderes estaban replegados, algunos de ellos, por verguenza, se escondieron y otros, los más, se confundieron bajo el alero de la “oposición”. Desde allí, agazapados, emergían del anonimato para dar declaraciones a los programas de entrevistas de la televisión, donde desfilan los políticos como viejas vedetes soñando con el triunfo que más bien se antoja como una utopía. Muchos de ellos solo están haciendo poses u otros alardeando de su franqueza electoral, ocultando sus bajos intereses creados.

El enfermo partido dado de alta


El Frente Sandinista, partido en el poder, utilizó sus mecanismos jurídicos y maniobras para resucitar a ese partido que ya nadie daban un centavo por el PC. Cuando todo parecía estar consumado, de la noche a la mañana, el CSE, cuestionado por la oposición y los organismos civiles por estar involucrado supuestamente en el fraude electoral municipal, oxigenó al enfermizo Partido Conservador y lo sacó del coma en que se hallaba en la sala de observación del CSE. El médico de ese centro Roberto Rivas dió de alta al enfermo, que estaba desahuciado, y salió, tembloroso, caminando de ese “hospital.” Al mandatario Ortega se le atribuye la idea de revivir a ese cuerpo casi en descomposición para ocuparlo como una marioneta y confrontarlos con los otros partidos de la fragementada oposición. Así, pues, Alejandro Bolaños, un hombre sin expediente político, recuperó su curul en la Asamblea Nacional, luego que el CSE lo despojó de la misma después que se descubrió que el hombre mantenía la doble nacionalidad: Estadounidense y nicaraguense. El tenía que renunciar a la ciudadanía gringa con un tiempo prudencial para optar al cargo de diputado, pero no lo hizo. Ocultó ese pasado que hoy lo condena. Y no solo eso. El Gobierno le devolvió una propiedad valiosa, perteneciente a un familiar en el Pacífico y que estaba en disputa con otros trabajadores. La oposición liberal inmediatamente lo interpretó como el “pago” anticipado para dar su voto en la Asamblea Nacional con los ojos vendados a favor del FSLN en cualesquiera de las leyes requerida por el Gobierno y, a la vez, ayudarle a diezmar la oposición que sueña con más prebendas que legislar o apoyar a la construcción de una política de nación. Pero lo más importante, Bolaños significa más votos para alcanzar los 56 votos requeridos para la polémica reelección de Ortega.

Bolaños del anonimato a la fama de político

Después Bolaños, sobrino del ex presidente Enrique Bolaños, se postuló como candidato a presidente del Partido Conservador, en medio de una tormenta de fuertes críticas de un grupo de conservadores opuestos a la política de Bolaños porque temen que él entregue el partido a los sandinistas. Este hombre, muy seguro de sí mismo, ha sido señalado de ser soberbio y ambicioso, aunque sin ninguna experiencia política. El apareció en escena cuando don Enrique Bolaños fue elegido presidente de la República. Pero es hasta que él asumió su curul en la Asamblea Nacional, es que empieza a ser conocido. Sus parlamentos incendiarios contra el presidente Ortega, despertaron tanto los celos de Eduardo Montealegre, según confesaban allegados del ex banquero, como el malestar entre el gobierno. Bolaños era, literalmente, un nuevo político, aunque había ingresado tardíamente a esas lides. Nunca escondió su obsesión contra los sandinistas. Su duro verbo contra Ortega en las sesiones parlamentarias le abrió los micrófonos de las radios, la Televisión y las páginas de los periódicos. No es el prototipo de los políticos intelectuales del conservadurismo tampoco ha hecho gala de oratoria.

Pero ahora, él cambió radicalmente su discurso inflamado antisandinista por un lenguaje comedido y de respeto a Ortega. Por lo visto, los sandinistas lo domesticaron. A la fuerza aprendió hacer “política” en lo que Ortega ha llamado la “segunda etapa de la revolución”. Con los sandinistas no se juega. Esa lección la tuvo que aprender Bolaños. Ahora, él se ha rodeado de un personaje inteligente y hábil como es Alfredo César, un hombre que llegó a ser presidente de la Asamblea Nacional en la década del 90. César y otros conservadores están supuestamente en una lista para postularse como candidato a diputados en las elecciones presidenciales del 2011 por el resucitado partido verde. Sin duda, Alfredo César, un hombre educado y con gran sentido común, se ha convertido en su consejero. William Báez culpa a César de estar detrás de la decisión de Bolaños de aceptar convertirse en marioneta de Ortega para torpedear la unidad de la oposición. César es un político que supo lidiar hasta con su cuñado el entonces poderoso Ministro de la Presidencia, Antonio Lacayo, en los primeros años del gobierno de doña Violeta Chamorro. Incluso César encabezó una rebelión del legislativo contra el Ejecutivo desde la atalaya de lo que, equívocamente, los diputados han llamado el “Primer Poder del Estado”. Hasta hace poco Alfredo César estaba alejado de la política y dedicado a negocios personales.

El nacimiento de un lider: Fernando Aguero


El Partido Conservador se ha caracterizado por ser el defensor del”orden, el capital privado, y la Iglesia”. “El Partido Conservador , desde el pacto de 1856 hasta 1934, cumple satisfactoriamente su papel de rueda derecha del carro de las paralelas”, afirmó el catedrático y periodista Enrique Alvarado Martínez en un opúsculo sobre el partido verde. Con el asesinato de Sandino, el General de Hombres Libres, como le llamó el intelectual francés Barbuse, el Partido Conservador inicia su etinerario hacia el fracaso político y abriéndole la puerta a la hegemonía del Partido Liberal somocista. En ese tiempo, ambos partidos pidieron amnistía para los verdugos del legendario guerrillero. En 1952 se funda Juventud Conservadora y esa organización comienza a ganar adeptos para combatir civilmente a la dictadura de Somoza. El Partido Conservador llegó a convertirse en la oposición más poderosa contra el régimen. Pero hasta el momento el partido carecía de un hombre con gran arrastre para hacer tambalear a Somoza en unas elecciones. De pronto, aparece Fernando Aguero, un oculista y un hombre con una gran voz de barítono y grandielocuente. Los conservadores están embelesados con el nuevo líder naciente. Años después, en 1960, surge Juventud Patriótica, que será la antesala del Frente Sandinista de Liberación Nacional. En 1962, el Partido Conservador inicia los primeros pactos con Somoza. Este Partido Conservador sigue defendiendo los principios de Dios, Orden, Justicia. En los últimos años, el FSLN, partido en el poder, tiene ahora un nuevo triángulo: Socialista, Cristiano y Solidario. Ahora el PC y FSLN tienen cierta coincidencia: La Iglesia y el capital. Ambos también elevan plegarias a Dios, aunque no se vinculen con la razón.

La masacre del 22 de enero de 1967


Los conservadores eran, literalmente, un partido de oposición y su vida giraba en torno a una vieja oligaquía Chamorrista, que de su auge pasó a un inexorable declive y dramática caída. Algunos conservadores no solo apostaron por la lucha política, sino también un grupo de ellos, incluido Pedro Joaquín Chamorro, se alistó a la aventura armada. Ese hecho se conoce como los sucesos de Olama y Mollejones cuando un grupo de conservadores fueron desarticulados y arrestados. En 1956, Rigoberto López Pérez ajustició al viejo Anastasio Somoza, lo que desató una implacable persecución de opositores y periodistas. Se dice que más de 5000 personas fueron encarceladas, entre ellos estaban dirigentes conservadores. Mientras tanto, la vida del PC seguía orbitando alrededor de la Somoza y otros flotaban dispersos en una férrea oposición al tirano.

Entre sus líderes más antisomocistas y honestos destacó Reynaldo Antonio Téfel, quien pretendió, sin éxitos, convertir el Partido Conservador en un Partido Social Cristiano. Fernando Aguero empezó a figurar como el nuevo líder de la oposición conservadora. El 22 de enero de 1967, Aguero encabezó una multitudinaria manifestación jamás vista en Nicaragua. Irresponsablemente, algunos conservadores andaban armados durante esa marcha, reprimida violentamente por el ejército. Aguero se refugió en el antiguo Gran Hotel, mientras los soldados masacraban al pueblo en las calles de la vieja Managua. Al final, Aguero fue llevado escoltado a su casa y el periodista Pedro Joaquín Chamorro fue a parar a la cárcel junto a centenares de opositores. Tras esos sucesos, la figura de Aguero como el gran líder antisomocista empieza a declinar y su prestigio dejó de brillar en el firmamento conservador y sobre todo en el pueblo que se había hecho devoto de él por haber representado una esperanza. Aguero arrojó al basurero de la historia todos esos principios y sueños y, sin embages, se echó a los brazos de la dictadura. Esa traición al pueblo de Aguero se conoció como el Kupia Kumi (un sólo corazón en mikito).

El fracasado Triunvirato

Desde entonces, Aguero dejó de ser aquel gran líder que despertó grandes ilusiones entre el pueblo. Su antiguo amigo y aliado Pedro Joaquín Chamorro lo fustigaba desde sus páginas en el diario La Prensa, opositor a la dictadura, por su traición. Poco después se sucede otros acontecimientos. Se forma la nueva Junta Nacional de Gobierno, conocida como El Triunvirato, integrada por Roberto Martínez, Alfonso Lovo Cordero y Fernando Aguero Rocha. Este último había perdido lo último que le quedaba: su amor propio y, sin verguenza, sus despojos de alma lo había entregado a Somoza. Aguero estaba acabado. Este conservador llegó atreverse a afirmar que Somoza era el “estadista que con una visión, avizora el porvenir para muchísimos años por delante, en la evolución del país...” Aguero se volvió a equivocar. El tiempo se encargará de enterrar su pronóstico. También la Naturaleza le respondió al poco tiempo.

Un terremoto estremeció Managua y destruyó no solo la capital, sino la vida política de Aguero, sepultándola en esos escombros de la vieja Managua. Tras esa desgracia, Somoza apareció en escena, aprovechando el caos que había en la capital, para regresar al poder, como primeramente se lo había planteado con el interregno de la “Pata de Gallina”, bendecida por él mismo. La Pata de Gallina era el fracasado triunvirato. Somoza humilló a los tres políticos, principalmente a Aguero, y los aparta sin contemplaciones y se erige en el hombre fuerte del país con el apoyo de la embajada de Estados Unidos. Por su parte, Aguero está resentido y humillado. No tiene ningún poder para revertir los acontecimientos. Los otros dos de la Junta Nacional de Gobierno prefieren callar y aceptar los hechos. Ambos son dos somocistas. Aguero, humillado y ofendido, convoca a su partido porque él está desesperado y quiere renunciar. El no está dispuesto a soportar más esa terrible humillación que le ha hecho Somoza. En su partido, la mayoría le da la espalda y en su lugar nombran a Edmundo Paguaga, un médico y conservador pelele. Lo demás es historia.

El renacimiento del PLC y el declive del PC


Tras el triunfo de la revolución, el Partido Conservador empieza a experimentar una metamorfosis. El partido adoptó varios apelativos. En 1984 el Partido Conservador Demócrata gana 14 asientos en la Asamblea Nacional. En 1990, con el triunfo de doña Violeta Chamorro los conservadores van apiñados a una coalición variopinta de 14 partidos políticos que conformaron la UNO y ganan 12 asientos en el parlamento. En la época de la revolución el Partido Liberal Constitucional estaba prácticamente desterrado, pero es en 1990 que Arnoldo Alemán con un grupo de liberales que salieron huyendo del país, donde ardían la ideas de la revolución. Tras la derrota electoral de Ortega, esos ex funcionario y diplomáticos de la dictadura, empiezan a llegar a Managua y a resucitar el viejo partido somocista.El FSLN estaba desgastado y sus camaradas confundidos empiezan un éxodo del partido. Mientras, el PLC empieza a crecer inusitadamente, el Partido Conservador inicia su declive, aunque el conservador Noel Vidaurre pareció despertarlo cuando se postuló como candidato presidencial. Daba la impresión que los conservadores habían regresado a la palestra política con tal vigor que asombroban.La euforia duró poco tiempo. Vidaurre fracasó en su intento de sacar al Partido Conservador de la modorra en que se encontraba.Los liberales se apoderaron del poder, tras el gobierno de doña Violeta Chamorro. Hubo dos gobiernos sucesivos de corte neoliberal, aunque los conservadores tuvieron un repunte con Enrique Bolaños, quien consiguió la Presidencia de la República con la ayuda de Arnoldo Alemán. Al poco tiempo, Bolaños mandó a la cárcel a Alemán por los delitos de corrupción y malversación de fondos públicos.

A modo de conclusión

El Partido Conservador perdió todo su caudal político en los últimos 16 años, sin embargo, todavía tiene cierto encanto para los protagonistas políticos del país. Eduardo Montealegre, del Movimiento Vamos con Eduardo, ha coqueteado con los conservadores para fortalecer su candidatura, pero dado que sus miembros están divididos, esos propósitos han sido fallidos. Por otro lado, Arnoldo Alemán, del PLC, le ha propuesto ir en su fórmula o conformarse con una diputación y nombrar en un hipotético gobierno liberal a funcionarios en ciertos ministerios. Montealegre ha rechazado la propuesta de Alemán y más bien le ha retado a que ambos renuncien sus aspiraciones presidenciales para escoger un tercero, pero Alemán se ha rehusado aceptar esa proposición. Recientemente, Montealegre afirmó que está dispuesto a posponer su candidatura presidencial en favor de Fabio Gadea Mantilla, diputado en el Parlacen por el PLC y proietario de Radio Corporación y connotado antisandinista. Inesperadamente, Gadea proclamó su candidatura si tanto Montealegre como Alemán renuncian a sus candidaturas. Alemán respondió que él nunca abdicará a su postulación y más bien los invitó a participar en unas elecciones primarias para sacar al candidato del liberalismo. Entretanto, en las calles se percibe al propio Partido Conservador como una organización que está carcomida por el cáncer del protagonismo, los puestos de diputados y el liderazgo de esa organización.

Luego que le devolvieron la personería jurídica al Partido Conservador empezó la debacle en esa organización. En vez de haber un festejo, como sucede en estos casos, lo que hubo fue un enfrentamiento verbal entre sus miembros. De la alegría pasaron al enojo y a las mutuas acusaciones. Nada más recibieron la personería, citaron de inmediato elecciones para elegir las autoridades del PC, pero el procedimiento ha sido cuestionado por algunos miembros que están inconformes con la designación de Alejandro Bolaños como titular del PC. Consideran a Bolaños que se vendió a los sandinistas y por tanto su figura como candidato presidencial no garantiza un triunfo electoral, pues él es nada más una marioneta del FSLN para profundizar la división de la oposición que siguen sin brújula y Norte. Sin embargo, Bolaños niega esas aseveraciones, mientras Ortega y su partido, desde su palco ejecutivo, observa complacido los acontecimientos políticos que ocurren en el país y que cada vez desunen más a una torpe oposición.

lunes, julio 19, 2010

La última revolución

Por Denis-García Salinas/Editor

Cuando el visitante extranjero llega al país lo primero que advierte son los gigantescos rótulos rosados con el rostro de Daniel Ortega. Están por doquier. Ortega pregona en esa propaganda quizás su última revolución “cristiana, solidaria y socialista”. Su nueva filosofía constrasta con la actual situación mundial, donde el llamado socialismo se vino al suelo con la caída del Muro de Berlín y solo perdura en la isla de una amarilla Cuba. A 31 años de la revolución, Ortega y su esposa Rosario Murillo, que comparte el 50 por ciento del poder, celebran esa fecha, disgustados con sus antiguos camaradas que aseguran que Ortega vive un sueño disparatado. Ellos creen que el líder el FSLN no logra entender que la Historia se ha hastiado de sus reflexiones socialistas, cristianas y solidaria. Se viven ahora nuevos paradigmas y multitudes metamorfosis. Pero Ortega está aferrado a lo que podría ser su últma revolución. La vida para él solo tiene sentido dentro de esa revolución que lleva su impronta. El no ha conocido una vida común, sencilla y rutinaria como el resto de mortales. No entiende su vida fuera del poder.


Ortega es diferente al hombre común que viaja a diario en un bus a su trabajo, o aquel que deambula por la calle sin rumbo cierto. Desempleado. Pero él ha sido diferente a otros gobernantes. Se le acusa de todo, pero muchos reconocen que es un hombre más preocupado por los pobres, aunque él no conozca a fondo el drama de esa gente de a pie. Su destino, por lo visto, está marcado por el poder. Y hoy, Ortega y su familia disfrutan la fiesta del aniversario de su revolución. Desde la vispera de la celebración del 19 de Julio hubo fiesta en los barrios. A pesar que ha sido un día lluvioso el festejo no se interrumpe. Esa misma noche, el grupo puertorriqueño La Calle alegró la Plaza de Las Victorias, inaugurada recientemente en la carretera Masaya, la principal arteria de comunicación de Managua. El joven cantante, sn camisa, instó a los jóvenes a defender su país de la intromisión del Norte. En el acto se vió pocas banderas rojinegras, como se acostumbra en ese tipo de evento. Después que los sandinistas fueron desalojados del poder en 1990, las celebraciones del 19 de Julio fueron perdiendo interés entre la población, abatida por la crisis económica.Daba la impresión que el FSLN perdía simpatizantes. Incluso durante una de las visita del presidene Hugo Chávez a Nicaragua la celebración distó mucho de los actos multitudinarios organizados por los sandinistas en la década del ochenta. Pero después que Daniel Ortega recuperó el poder en el 2006, poco a poco las concentraciones populares han sido más vistosas. La oposición lo atribuye al poder de la maquinaria del Estado para convocar a los empleados públicos y al dinero de Venezuela.

¿Un renacimiento?


O acaso será un renacimiento de aquel sentimiento revolucionario que llenaba las plazas de bote en bote? A decir verdad, desde que subió a la presidencia Ortega, a los actos van más gente. Pero sus adversarios argumentan que son más lo que se quedan en casa. Ya no quieren saber nada de lo que podría ser la última revolución que encabeza Daniel Ortega. Por eso los disidentes sandinistas y opositores coinciden en afirmar que la llama de la revolución en nuestro país se apagó. El cuarto de la revolución quedó en oscuras. No obstante, Ortega, que recuperó el poder en el 2006 en elecciones, está seguro que él es el conductor de la segunda etapa de la Revolución Popular Sandinista. A él le resultó difícil ganar los comicios (38% de los votos). Además, la división de la oposición liberal permitió el regreso de Ortega al poder, aunque de manera muy apretada.

Nuevos ricos

En los 16 años que el FSLN sobrevivió en la oposición, sus convocatorias no lograban llenar las calles y plazas como en aquellos años de la década del ochenta. Ortega y el FSLN vivieron una larga y amarga soledad. Connotadas figuras abandonaron en esos años el partido. Otros se alejaron de la política, otros, lo menos, crearon el Movimiento del Rescate del Sandinismo y el Movimiento Renovador Sandinista, dos agrupaciones disidentes sandinistas que, sin embargo, no han logrado captar simpatizantes, como ellos esperaban. Sus adversarion lo han comparado a Somoza y lo acusan de enriquecerse con el dinero de Venezuela y utilizar las arcas del Estado para engrandar sus posesiones. La intelectualidad y muchos profesionales también alistaron maletas y dejaron al partido. Así, pues, el FSLN se mantuvo sólo con tres líderes: Daniel Ortega, Bayardo Arce y Tomás Borge, éste último el único sobreviviente de los fundadores de esa organización. De los tres, Ortega se convirtió en el principal líder y el único candidato presidencial del FSLN. Arce, por su parte, se volvió un próspero empresario y un asesor económico de Ortega. Borge tiene propiedades y ahora es diplomático en Perú. Los periódicos acusan a la familia del presidente de comprar hoteles, canales de televisión y estar metido en buenos negocios con extranjeros. Ortega nunca ha respondido a esos señalamiento de corrupción. Ha preferido ignorarlos.

El fin de la Historia

Cuando el mundo socialista se derrumbó, un sociólogo estadounidense, de origen asiático, sentenció que acabamos de llegar al Fin de la Historia. Es decir, el liberalismo se imponía sobre el socialismo que había caído en desgracia. Para la oposición antisandinista, el Fin de la Historia empezó en en Nicaragua en 1990 cuando una mujer doña Violeta Barros viuda de Chamorro derrotó a Daniel Ortega en la urnas. Los votos hicieron lo que la Contra, grupo rebelde apoyado, organizado y financiado por EE.UU, no pudo hacer con las armas: Desalojar del poder a los sandinistas. Tras la llegada al poder de Chamorro, se inicia un proceso de desmantelamiento de todo vistigio de la revolución. Se desarticula los sindicatos sandinistas y se achica el Ejército, considerado el más grande de Centro América, y se despide a los muchos sandinistas en las esferas del Estado.

Arce pretendió demoler la pirámida de Kelsen

Después de vivir esa larga soledad de 17 años de gobiernos neoliberales, Ortega se comprometió respetar la Constitución en un país, donde no hay tradición constitucionalista. Más bien todo lo contrario. Inclusive en el auge de la revolución el entonces comandante Bayardo Arce afirmó que la “revolución es fuente de Derecho”. Es decir, la revolución demolía la pirámide constitucional del jurista Kelsen (donde la Constitución está encima de las leyes, decretos, reglamentos, etcétera.) Toda la esctructura jurídica en que está diseñada una sociedad ya no tenía sentido en un proceso revolucionario. Sin embargo, ahora el presidente Ortega ha utilizado ciertos mecanismos legales para mantener su poder en las instituciones del Estado y facilitar así el camino a una reelección contínua, prohibida por la misma Constitución. A finales del 2009, magistrados sandinistas de la Corte Suprema de Justicia declararon, en una sesión celebrada sin los liberales y con sustitutos, que el artículo de la Constitución que limita a dos el número de mandatos de un presidente es inaplicable. Es decir, solo tiene derecho constitucional a postularse una vez más.

La oposición desquiciada

De esta manera, La Corte, tomando como ejemplo el caso de Oscar Arias en Costa Rica que tenía esa misma prohibición, abrió ese candado para permitirle a Daniel Ortega postularse para otro periodo sucesivo cuando a él le tocaba retirarse a su residencia. Pero este derrotero, según los opositores, podría llevar a la instauración de una dictadura. Los más beligerantes críticos de esa pretensión son los propios disidentes sandinistas, que aparecen en los medios atacando al presidente con mayor ardor que un liberal opositor.Además, la oposición está cuarteada por las ambiciones de poder e incapaz de sellar una unidad que le permitíría derrotar a Ortega. “La oposición se encuentra desarticulada y asediada por un gobierno que busca comprar votos en la Asamblea Nacional para la reforma que permita la reelección continua de Ortega", explicó el novelista Sergio Ramírez. El escritor “detecta una gran desconfianza de sus conciudadanos en los partidos de su país, que ha llevado a la sociedad a una especie de crisis moral, ante la certeza de que tantos políticos son "comprables" y de que las instituciones están "totalmente controladas" por el sandinismo.

En ese contexto el presidente Daniel Ortega celebra este 19 de julio del 2010 el 31 aniversario de la Revolución Popular Sandinista. Aparte, los disidentes sandinistas festejaron la efemérides en Masaya, una ciudad a 35 kilómetros de Managua, aunque con una convocatoria raquítica.

La Hermandad revolucionaria


Desde que llegó al poder Ortega ha fortalecido sus lazos con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien encabeza el Proyecto del Socialismo del siglo XXI,”Hermandand Revolucionaria”. Con el petróleo de Venezuela, Chávez pretende ejecutar ese proyecto en cuatro países latinoamericanos, pero para ello exige un plazo de 15 años para impulsar ese socialismo en estas tierras, que ya han visto fracasos revolucionarios y de movimientos izquierdistas rebeldes. La experiencia revolucionaria nicaraguense tuvo una efímera duración (diez años). El periódico El Nuevo Diario mantiene en su versión periodística digital, el programa de Hugo Chávez del Socialismo del Siglo XXI Capítulo Nicaragua. No sé si ese plan es verídico, pero dado los hechos que han ocurrido en Nicaragua y las propias declaraciones de sus líderes de mantener en el poder en el país por más de 30 años, el programa, por lo visto, resulta real. En el periódico se dice que el Presidente Ortega en reunión privada, celebrada en enero del 2009, con el Comandane Hugo Chávez han aprobado el Proyecto de Bolivar a Sandino,que es un Programa Latinoamericano de sostenibilidad del socialismo.

Ortega y su proyecto socialista

En Nicaragua, Ortega, que ganó con un porcentaje menor las elecciones presidenciales, ha venido trabajando para desunir a la oposición, fortalecer el partido, penetrar en las instituciones policiales y del ejército y mantener su poder en los cuatro Poderes del Estado, inclusive hegemonizarlos. Ortega está convencido que va por el buen camino, pero la oposición y los organismos de la llamada sociedad civil, creen que Ortega está equivocado y ese sendero solo lo conducirá al abismo. Para llevar adelante sus planes, reitero, Ortega está pensando que los sandinistas no solo se mantendrán 15 años como mínimo en el poder, sino cien años, como afirmara Tomás Borge. El dirigente es conocido por su predisposición a la grandielocuencia. El presidente Daniel Ortega se ha incorporado al Eje del proyecto Hermandad Revolucionaria, integrada por Evo Morales, Rafael Correa, Raúl Castro y Hugo Chávez. Manuel Zelaya salió del proyecto luego que un golpe de Estado lo depusiera del poder y lo enviara al exilio. Zelaya tenía un proyecto de reformar la Constitución de su país. En el plan de Chávez ahora solo están Ortega, Correa, Morales y Castro. No obstante, Ortega enfrenta serios desafíos para prolongar su mandato tal y como plantea Hugo Chávez para extender la revolución incruenta en América Latina, como soñaba el argentino Ché Guevara de “crear unos, dos, tres, cuatro Viet Nam...en un mundo atribulado.Ortega tiene ahora un nuevo escenario, donde las armas ya no juegan un papel decisivos para cambiar el rumbo del país. El principal líder del FSLN, partido en el poder, tiene que lidiar con los mecanismos que ofrece su aborrecido sistema capitalista. En efecto, Ortega utiliza la ley para procurar sus objetivos.

Las maniobras de la Ley

Ortega primero buscó pactar con sus adversarios para reformar el artículo 145 de la Ley Electoral para reducir de 40 a 35 por ciento los votos necesarios para ser electo presidente de la República.Y lo consiguió al salir electo con solo 38 por ciento. Ortega superó así su racha de derrotas electorales en en 1990 contra Violeta Chamorro, en 1996 con el liberal Arnoldo Alemán y en el 2001 contra Enrique Bolaños. Sin embargo, Ortega no cejó nunca en sus aspiraciones y no se preocupó nunca en buscar otro candidato dentro de su partido, más bien apartó a los que se atrevieron a postularse en nombre del FSLN (Herty Lewites, Vilma Núñez de Escorcia y Martínez Cuenca).A finales del 2009, los magistrados sandinistas de la Corte Suprema de Justicia emite una sentencia que declara inaplicable el inciso a) del artículo 147 de la Constitución que no permite a Ortega relegirse sucesivamente. Ahora, el candado ha sido destrozado. Empero, tanto los juristas como lo opositores cuestionaron esa polémica sentencia que viola la Constitución porque sostienen que ninguna ley puede estar por encima de la Ley Fundamental.

Terminar con chantaje

En Nicaragua, Ortega impulsó primeramente la idea de acabar con el presidencialismo, promoviendo el Parlamentarismo, pero la idea no cuajó. Se habló luego de una reforma Constitucional, debate que aún no ha concluido y al parecer sigue quitando el sueño a la clase política. El parlamentarismo era una de las jugadas políticas de Ortega, pero no tuvo el eco esperado, exceptuando el diputado Edwin Castro que escribió un libro, ofreciendo las bondades del parlamentarismo. El libro quedó archivado. Luego surgió otra crisis al vencérseles el periodo a una veintena de funcionarios del Estado. El presidente Ortega apareció nuevamente en escena, anunciando un decreto 3-2010 que prorrogó el periodo a tales funcionarios mientras la Asamblea Nacional no ratifique o los elija. Esa disposición gubernamental fue calificada peyorativamente por los juristas y opositores como “decretazo” porque violaba la Constitución, tan manoseada. El país daba así tropiezos. La oposición, tan poco imaginativa, lograba gratuitamente armas que le ofrecía el FSLN, para enderezar sus cañones contra el Mandatario. Después, la Asamblea Nacional terció a favor de Ortega. Uno poder del Estado aliándose a otro.

El titular del parlamento, René Núñez, resucitó el artículo 201, que era transitorio en la Constitución de 1987, que amparaba a los funcionarios en continuar en sus cargos mientras la Asamblea nos los eligiese. En ese documento de los revolucionarios chavistas, publicado por El Nuevo Diario, se habla de líneas estratégicas para “recuperar los derechos revolucionarios perdidos”. En pocos años, abrió los hospitales al pueblo, declaró gratuita la educación, redujo el analfabetismo. Pero otros derechos, como el de manifestarse, fueron cercenados. Y para lograr recuperar otros derechos se ha planteado una nueva Constitución Política, donde se pretende reformar todos los poderes del Estado. La idea es arrebatarle las cuotas de poder a los liberales que comparten ahoran con los sandinistas en las distintas instituciones del Estado, pero que últimamente el FSLN ha lanzado una ofensiva dirigida a recuperar esas cuotas sin importarles que esos hombres sean liberales o conservadores. En el programa, los sandinistas pretenden “terminar para siempre con el chantaje del pacto” y así “nuestros adversarios no podrán recuperar el poder en los próximos 15 años”.

Recodando el pasado sandinista

Del seno de la revolución de 1979 surgieron las Fuerzas Armadas y La Policía Nacional. El Ejército de Somoza fue aplastado definitivamente y la Policía corrió la misma suerte. En 1990, tras la derrota electoral de Ortega, el Ejército y la Policía sufrieron una fuerte despartidización. Particularmente, la Policía fue seducida por los gobernantes de turnos en los últimos 17 años de neoliberalismo. Unos les llamaron la profesionalización de ambas instituciones. Pero cuando Ortega recupera el poder, su mirada se clava en el Ejército y principalmente en la Policía. En sus primeros discursos ante esas instituciones, les recuerda sus raíces sandinistas. En estos años, el presidente ha ascendido a policías de su entera confianza, en detrimento del poder que ejercía en la Policía la Comisionada Aminta Granera, una mujer que salió de las filas del sandinismo, pero que con el paso del tiempo se han ido distanciando paulatinamente. Granera gozaba de mucha simpatía entre la población, pero su conducta ha sido criticada tanto por la oposición como por los organismos civiles por no intervenir a restaurar el orden y proteger los derechos de los ciudadanos cuando sandinistas han impedido el derecho constitucional de manifestarse en las calles. De allí que la oposición señale a Ortega de manipular esa institución.

El precio de Bolaños

En el supuesto programa hacia el socialismo del Siglo XXI, a los miembros se les incita a enfrentar a la oligarquía y al imperialismo. En Nicaragua, Ortega ha obviado su lucha contra la oligarquía, pero la ha enderezado contra ciertos sectores económicos y líderes de la oposición de derecha y la proclamada izquierda. Ortega ha tenido cuidado en atacar al presidente Barak Obama, pero no ha ahorrado palabras duras contra el imperialismo que amenaza, según él, provocar una tercera guerra mundial. Ortega ha vertido también improperios contra Europa. Les recuerda su pasado imperial, conquistador. Otro de los lineamientos es propagar la figura de Ortega y del Poder Ciudadano, que sustituirá a la antigua dirección del FSLN. De esa manera, Ortega está pavimentando el camino de la segunda etapa de la revolución Sandinista. Y para ello pretende asegurarse tres mandatos continuos del sandinismo, según el plan que aparece en la página digital de El Nuevo Diario. La estrategia plantea también hegemonizar las instituciones de los poderes del Estado. Antes los dos partidos hegemónicos se repartían el poder. En los dos últimos años, Ortega ha tratado de revertir ese orden y para ello, según la oposición, ha comprado, con dinero venezolano, las voluntades de magistrados liberales del Consejo Supremo Electoral, diputados de la Asamblea Nacional, y domina la Contraloría. El plan ha abarcado también las alcaldías, donde los Consejos Municipales han destituidos a alcaldes y concejales, sin un debido proceso y sin respetar el principio de la presunción de la inocencia y violando las leyes municipales.

Esto abrió otro frente de crisis en el país, pero al parecer el tiempo se encargará de enterrarlo porque la oposición, diezmada, siguen su rumbo incierto por sus ambiciones prebendarias y falta de principios e ilusiones auténticamente democráticas. Los mismos opositores ponen de ejemplo el caso de Bolaños Davis, cuya diputación se le acaba de devolver luego de más de un año de ser expulsado de la Asamblea Nacional, acusado de ser ciudadano estadounidense. A la vez se le devolvió una propiedad, que estaba en manos de trabajadores. Todo esto se hizo a cambio de que Bolaños votara a favor de los sandinistas en ciertas leyes que servirán para reelegir a los funcionarios del Estado y permitir la reelección de Ortega. Igualmente, se le devolvió la personería al Partido Conservdor con el fin de dividir a la fragmentada oposición de cara a las elecciones. Pero no le devolvió la representación de la ALN a Eduardo Montealegre, un banquero metido a la política. Bolaños Davis, sobrino del expresidente Enrique Bolaños, era un furibundo antisandinista. Hoy su discurso antiorteguista, ha cambiado notablemente, lo que deja en claro para muchos observadores que todo hombre tiene su precio en la selva de la política nacional. Igualmente sucedió con el magistrado Benavides, que reapareció en el CSE, amparándose en el decreto de Ortega y porque alegaba, sin verguenza, que el estómago le ardía de hambre de dinero.

A manera de conclusión

Ortega ha dicho que, a sus 65 años, está joven, dando a entender que continuará lidereando esta segunda etapa de lo que podría ser la última revolución escenificada en Centro América, donde ahora la izquierda es gobierno tanto en Nicaragua como en El Salvador. Ortega insiste en proclamarse un hombre de izquierda y el último antiimperialista, pues sus camaradas lo abandonaron a partir de 1990 y se unieron a la derecha para hacerle el sueño imposible. Esa derecha está desorientada. Los disidentes sandinistas, acusados de ser financiado por EE.UU., no creen que Nicaragua viva una nueva revolución ni creen que Ortega sea un revolucionario. Dora María Téllez lo calificó en un periódico local como un “estafador” porque ni defiende a los pobres ni a la izquierda, y más bien es el defensor de los ricos, del gran capital y de Arnoldo Alemán, su socio en el pacto. Por eso la revolución es una ficción, pero Ortega está convencido que Nicaragua respira un ambiente revolucionario, de grandes transformaciones sociales, económicas y políticas. Tal vez Ortega esté viviendo su última revolución.


martes, julio 13, 2010

El pueblo que nunca duerme


Por Denis García-Salinas/Editor

Nuestro país casi nunca duerme. La vida de este pueblo ha tenido un largo insomnio de casi 200 años. Una nación pequeña que no ha conocido largas treguas ni una paz perpetua. Su historia, mancillada por la política, ha sido, literalmente, borrascosa. Primero unos aventureros españoles invadieron el país enarbolando una espada en la mano derecha y una cruz en la izquierda. Los conquistadores barbados sometieron a nuestros aborígenes y nos plantaron su cultura a fuego y latigazos. Violaron a nuestras indias y obligaron a los indígenas a construir portentosas iglesias para domesticar a sus habitantes. Después, otro ejército proveniente del Norte invadió el país a solicitud espuria ora de los liberales, ora de los conservadores. Desde entonces la vida de este pueblo no ha conocido sosiego y más bien vivido en un perenne desvelo por la lucha por el poder de sus nativos. Desde que aparecieron los primeros periódicos las noticias narraban las disputas por el poder. Por eso vemos ahora que los diarios siempre tienen a mano una buena crónica para contar a sus lectores sobre las bajezas de sus hombres y mujeres. En la mañana que buscamos el diario encontramos encabezados fatales que describen exactamente la vida inquieta y miserable de este pequeño país, que el escritor nicaraguense José Román llamó ” Maldito país”. De cuando en cuando somos noticia en un periódico extranjero. Y sus líderes cuando hablan lo hacen pensando que sus palabras será reproducidas en algún periódico del imperio, particularmente. Aunque desde hace un tiempo Nicaragua dejó de ser noticia de interés, de vez en cuando aparecen un ansioso corresponsal, buscando una buena historia que contar a sus lectores. Tras la caída estrepitosa de la revolución sandinista, que acaparó la atención mundial, los corresponsales abandonaron el país. Ya para ellos no había nada interesante que contar. La guerra había concluido con un acuerdo de paz regional, que inteligentemente el entonces presidente de Cota Rica, Oscar Arias, supo aprovechar. Los muertos los puso Nicaragua y El Salvador y Arias se alzó con el premio Nobel de la Paz.


Los helicópteros soviéticos y estadounidenses dejaron de sobrevolar por esta tierra volcánica. Los muertos ya habían sido enterrados y otros quedaron insepultos en alguna lugar del país. La historia de guerra, que gusta a esos medios extranjeros, está ahora en otra parte: Irak, Afganistán y probablemente pronto, asegura Fidel Castro, en Irán. Sin embargo, de vez en cuando las cámaras de televisión foráneas enfocan sus lentes a nuestro país que se empecina en mostrar disturbios y una clase política pendenciera y sedienta de poder. Hace una semana, la destitución sumaria de un alcalde de Boaco, ciudad localizada al centro del país, resucitó las pasiones dormidas de sus parroquianos. Su aburrida rutina provinciana fue cortada de un tajo por el puñal de las ambiciones políticas. El alcalde fue acusado de cometer supuestamente actos de corrupción y destituido ipsofactamente sin ser sometido a un debido proceso. Quizás este hecho no hubiese trascendido los límites de esta ciudad de “dos pisos”, habitada por una población con raíces conservadoras y últimamente con un sentimiento antisandinista. El procedimiento adoptado para solucionar un supuesto alcalde corrupto, desencadenó la ira de la mayoría de pobladores de esa ciudad. La tranquilidad de esa provincia se vio de súbito interrumpida por camiones cargados de policías antidisturbios. Boaco saltó de pronto a los titulares de los medios de comunicación, sedientos por estas clases de historia que ayudan a vender los diarios y a captar teleaudiencia. La prensa escrita nacional terció a favor del alcalde suspendido y expulsado del ayuntamiento por una policía que para muchos actuó parcialmente. La jefa de la Policía Nacional, Aminta Granera. no apareció por ningún lado. Más bien algunos medios informaban que el presidente Daniel Ortega había separado de su cargo a la jefa de la Policía de Boaco por negarse a sacar al alcalde de la Ayuntamiento, y en su lugar colocó a oficial afín al Gobierno. Entretanto, Granera permanecía callada y sin mostrarse a los medios. Los dos principales diarios del país, La prensa y El Nuevo Diario coincidieron en afirmar que la policía actuaba como juez en el conflicto sin importarle la ley y la seguridad de sus habitantes. La policía, que se había ganado a pulso un prestigio entre la población, según las encuestas de opinión pública, estaba ahora contra la pared e impotente.Entretanto, el alcalde separado llamaba a la rebelión. Afortunadamente, su llamado no tuvo eco. Pero días antes, un sacerdote Abelardo Matta, cercano a los liberales, advertía sobre un peligroso levantamiento popular contra el Gobierno. Mata es promotor de la unidad de los fraccionados liberales. Liberales y disidentes sandinistas coinciden en afirmar de la necesidad que el pueblo salga a las calles a protestar contra lo que considera es la naciente dictadura de Ortega. La exhortación no ha tenido eco popular, pero eso si, otros escucharon sus lamentos y se hicieron presentes en el lugar del conflicto. Los dirigentes liberales opositores Eduardo Montealegre y Arnoldo Alemán llegaron, por separado, a Boaco. Montealegre llegó primero y aprovechó la oportunidad para encabezar una multitudinaria marcha contra el Gobierno, culpado de intervenir en la destitución del alcalde liberal. Montealegre aventajó Alemán, quien no logró captar las cámaras de televisión como lo hizo el ex banquero. Daba la impresión que ese escándalo había sido creado artificialmente para desviar la atención de la crisis causada por la falta de elección de 25 funcionarios del Estado que se les había terminado el periodo en sus cargos. Los periódicos y las cámaras de televisión enfocaban sus notas a esa crisis del poder judicial y como un hambriento sabueso se empeñaba en no soltar el hueso.

Pero como siempre sucede en nuestro país una noticia entierra a otra noticia en los encabezados de los periódicos. Y así sucedió. Ya nadie habla de Boaco. Esas noticias sobre el ex alcalde fueron arrojadas al “mondongo” (páginas interiores). Los titulares se trasladaron nuevamente a la crisis del Poder Judicil. La presidenta de la Corte Suprema de Justicia, Alba Luz Ramos, calificada despectivamene por La Prensa de “orteguista”, amagaba a los magistrados liberales rebeldes que se resisten en incorporarse a la CSJ de reemplazarlos con Conjueces para sesionar en Corte Plena. Mientras esto sucede en Managua, a unos 50 kilómetros de la capital estallaban desórdenes violentos en la ciudad de Chichigalpa. En el emporio azucarero de la familia multimillonaria de los Pellas, de origen italianos, se produjo un altercado cuando policías llegaron a arrestar a un joven-que trabajaba en el ingenio azucarero- porque supuestamente había perpetrado un robo. Los hermanos del muchacho y trabajadores intentaron impedir el arresto, pero el forcejeo derivó en violencia. Un policía disparó y mató a un joven, que hace pocos días había regresado de Costa Rica. La refriega continuó y otro chico murió balaceado. Al parecer, según las declaraciones de testigos entrevistados en la televisión, la policía se excedió en el uso de la fuerza. Las imágenes presenadas por los canales de televisión mostraban jóvenes, con los rostros cubiertos, desafiando a los policías, y arrojándoles piedras. Esas mimas imágenes proyectaban a policías golpeando con furia a un joven reducido que no oponía resistencia. Si frente a las cámaras, los policías violaban los derechos del detenido, imagínemos que le pasará a ese muchacho cuando es encerrado en las cárceles. Sin duda le esperaba una buna golpiza. Ya en otras ciudades las delegaciones policiales han sido atacadas por pobladores iracundos.

La ciudad está prácticamente ardida por la actuación policial. El jueves la televisión mostraba a varios jóvenes con botellas en sus manos, conteniendo gasolina como especie bombas molotov. Los iracundos manifestantes lanzaban imprecaciones contra la Policía. La situación se ha puesto al rojo vivo en Chichigalpa. En un foro de cortes de justicias iberoamericanas, que concluyó el viernes 9 de julio, en Managua, el presidente Daniel Ortega que se ha mostrado indiferente ante los disturbios políticos, inmediatamente dijo ayer que se debe de investigar lo que ocurrió allí y castigar a los culpables. Se conoció que todos los policías, incluido su jefe, habían sido suspendidos mientras se realiza la investigación. Mientras tanto, defensores de los derechos humanos empezaron a llegar a la ciudad y dar declaraciones anticipadas sin tener todos los hechos recabados. Un supuesto hecho delictivo ha desencadenado una violencia popular en esa ciudad. Esto demuestra que la Policía no tiene el prestigio que dicen las encuestas de opinión públicas. En los barrios, principalmente, pobres, la presencia policial es hostil. Resulta una paradoja, mientras las encuestas encumbran a la Policía, los organismos defensores de los derechos humanos consideran a esa institución como la principal violadora de los derechos humanos. La Policía no despierta los mismos sentimientos en toda la sociedad. En los sectores pudiendes, diplomáticos, gubernamentales, sociedades civiles, partidos políticos y empresarios se alaba a los altos mandos policiales. Incluso sus mandos son invitados a las principales recepciones diplomáticas, empresariales y políticas. Hasta los organismos empresariales capitalistas han formado Grupos de Amigos de la Policía. Ellos se toman fotos sonrientes con el jefe de turno de la Policía. Pero esa simpatía a los altos mandos policiales no existe en los barrios pobres, donde la policía allana casas y saca violentamente a ladronzuelos o sospechosos de cometer algún delito. Sin embargo, esos mismos policías no se atreven invadir una casa de un delincuente de cuello blanco, que tanto abunda en Nicaragua. Lo que acaba de ocurrir en Chichigalpa debe obligar a los altos mandos y al Gobierno a repensar en el papel de esa institución, mal vista por la gente de abajo. Ese levantamiento sin armas debe de llamar a la reflexión. Pues un asunto común puede desembocar en una protesta política de mayores dimensiones si tomamos en cuenta que la oposición fraccionada está esperando el momento oportuno para capitalizar la rabia de un pueblo pobre, sin trabajo y con ilusiones muertas. Largos años de gobiernos indiferentes ha venido sembrando la semilla del odio. Lo que pasó es Chichigalpa es una muestra de ese inconformismo que está soterrado y esperando sacar a flote en cualquier momento su ira retenida por años de gobiernos que han sido indiferentes ante el drama de los pobres. La antigua apacible ciudad, célebre por la producción de azúcar y su ron, tiene ahora un sabor amargo y sed de verdadera justicia. Chichigalpa, un pueblo que ha permanecido dormido por largo tiempo, ha perdido el sueño. Su gente no duerme, está velando a sus muertos.

viernes, julio 02, 2010

El silencio del Presidente

Por Denis García Salinas/Editor

El presidente se esconde en el silencio cada vez que estalla una crisis política en el país. O ignora, generalmente, los hechos cuando pronuncia un discurso en un acto público. Ese hermetismo se ha convertido en una costumbre del mandatario. Es decir, en una ley del ejecutivo. Usualmente, los presidentes aparecen en escena cuando se producen problemas políticos en el país, para pronunciarse sobre estos, ya sea para bien o para mal. En los últimos acontemientos sucedidos en Managua y Boaco la ausencia del presidente ha sido notoria. Sin embargo, ese silencio del mandatario ha sido su principal estrategia para articular su política detrás de la puerta del ejecutivo. Daniel Ortega ha optado tras su arribo al poder en el 2006 no dar la cara cuando se suscitan fenómenos políticos en la capital, inclusive disturbios. Ese proceder se ha transformado en su estrategia ante los asuntos internos que lo implican a él. Si bien es cierto la ausencia del presidente ocurre justamente cuando más se requiere de su presencia, Ortega no está al margen de esos sucesos. Esto lo veamos en los últimos eventos políticos desatados en el país. En Boaco, una ciudad al norte del país, hay amagos de una rebelión civil, primeramente originada tras la destitución del alcalde de ese ciudad Hugo Barquero y después por la intervención de la clase política liberal (Eduardo Montealegre y Arnoldo Alemán) en la ciudad de Dos Pisos, los niveles del conflicto alteró la calma y los disturbios se sucedieron con heridos y detenidos.

Los liberales y los líderes de la sociedad civil culparon al Gobierno de Ortega y acusaron a la policía de actuar parcialmente en ese asunto en el que se acusa al alcalde destituido de actos de corrupción. No obstante, ninguna corte o organismo contralor había declarado que Barquero había malversado fondos municipales ni un tribunal lo había condenado con condena firme de kprivación de su libertad o dee inhabilitación para ejercer el cargo. Nada de esto se cumplió y extrañamente el alcalde fue destituido e inmediatamente se nombró a su sustituto. Además, el Concejo Municipal no remitió al Consejo Supremo Electoral la resolución declarando que Barquero había cesado en su cargo y con los soportes de quien sería su sustituto. Todo se hizo rápido y la parte perjudicada alegó que no se cumplieron los términos del proceso, violando la Constitución y la Ley Municipal. Ante esos hechos, la oposición cree que el presidente ha propinado un golpe de Estado contra el gobierno municipal de ese lugar, que estaba en manos de liberales. Además, los opositores aseguran que el gobierno de Ortega ha urdido un plan para apoderarse por esa vía de otras alcaldías municipales. Pero Ortega se ha mostrado indiferente ante esas serias aseveraciones de los opositores. En el foro del Parlamento Centroamericano, celebrado a finales de junio, Ortega se vió más preocupado por lo que ocurre en Honduras, que sufrió un golpe bajo a la democracia, en Irán, donde teme se origine una conflagración que abarque gran parte del globo y por la suerte de Manuel Antonio Noriega, procesado y encarcelado por tráfico de drogas y lavado de dólares. Ortega afirmó que Noriega trabajó “muy de cerca” del entonces presidente George Bush (viejo), y trató de arrastrarlo a los planes de invasión con Nicaragua en la turbulenta década del ochenta. Ortega reveló que Noriega se resistió involucrarse en esa conspiración, y por tal razón, Bush lo “castigó” con la acusación de tráfico de drogas. Noriega cumplió condena de 20 años en cárceles de Estados Unidos, desde donde fue extraditado por Francia. Allí se le procesara por idénticos delitos. En esa conferencia, el presidente no dedicó, al menos, ni unas líneas a la crisis política de Boaco ni a los problemas de los Poderes del Estado, donde están pendiente la elección de magistrados.

La población de Boaco es mayoritariamente opositora, pero en estos día los sandinistas montaron una manifestación muy respetable en una ciudad que ha votado en contra del partido gobernante. El gobierno apuesta a prolongarse en el poder a través de elecciones, pero que la oposición teme que prepare un fraude como dicen sucedió en las elecciones municipales del 2008. El alcalde Barquero, expulsado del Ayuntamiento por la Policía Nacional, ha desafiado al Gobierno, instando a la población a la desobediencia civil. La situación se prolongará en la medidad que no se busque una solución apegada a Derecho y mientras los líderes opositores no cejen de aprovechar esa situación para escalar el conflicto, para sacar sus réditos políticos. Luis Angel Montenegro, presidente de la Contraloría cuyo periodo se le venció en ese cargo, ordenó una auditoría en la alcaldía de Boaco, donde asegura que encontraron causales (sobre ingresos y egresos) para determinar que hubo corrupción. Dice que las auditorías se están llevando en otros ayuntamientos, sospechosos de corrupció. Por su parte, los opositores aducen que la actuación del gobierno seguirá bajo sospecha si persiste en inmiscuirse en un asunto que, teóricamente, le compete solo a los ayuntamientos. Para la disidente sandinista Mónica Baltodano, el gobierno está cayendo en una trampa, tras lo que llamó destitución arbitraria del alcalde y lo consideró como el máximo atropello porque se está violentando el derecho de los votantes que eligieron a Baquero. Una vez más el presidente Ortega le está sirviendo en bandeja a la oposición nuevas armas para atacar a su Gobierno. Si el citado alcalde estaba implicado en actos de corrupción, hubiesen utilizado los mecanismos legales y el debido proceso para determinar si Barquero había cometido delito. Bastaba mostrar las pruebas para enjuciar a Barquero. El problema se suscitó por la forma como desplazaron al alcalde. Si se hubiese buscado la vía de los tribunales, los problemas quizás no hubiesen tomado el cariz tumultuoso. Ahora, vemos como Eduardo Montealegre levanta fácilmente su perfil, abollado últimamente. Su figura aparece constantemente en los medios televisivos, atacando al Gobierno, y él se ha trasladado a Boaco, para explotar el problema a su favor y mostrarse como un potable candidato presidencial. Igualmente, lo hace Arnoldo Alemán que trata de maquillar su magullada imagen. Mientras ambos dirigentes se roban las calles de Boaco y aparecen en los medios de comunicación, no se sabe dónde está el presidente. Si bien es cierto es un problema del gobieno municipal de Boaco, el asunto ha trascendidos los pasillos edilicios para convertirse en un asunto nacional.

Y todo esto sucede precisamente cuando en la Corte Suprema de Justicia sigue el conflicto por la designación de la magistrada Alba Luz Ramos como titular de ese Poder del Estado y a la vez arrastrando el drama de la elecciones de una veintena de funcionarios de varios Poderes del Estado. Los hechos en Boaco han desplazado de las cabecereas de los periódicos y los medios electrónicos la noticia de la CSJ, pero podría ser una simple estrategia para obligar a los liberales a negociar globalmente esos problemas, aunque la presidenta de la Corte Suprema de Justicia, Alba Luz Ramos, ha criticado a los magistrados liberales por preocuparse más por la situación en su conjunto que los problemas del Poder Judicial. La experiencia ha demostrado que tarde o temprano los dos bloques políticos en perenne pugna tendrán que negociar en medio de los daños que le han hecho al país. Eso es inevitable y es una historia conocida: Negociar al borde del abismo. Dejar pasar el tiempo y mirar indiferente que la casa se incendie para llegar, posteriormente, a sofocar las llamas que consumen, literalmente, este maldito paí, como le llamó el novelista José Román.

lunes, enero 18, 2010

El regreso de los rusos a Nicaragua

Tras el fin de la Guerra Fría

Los rusos están de vuelta en Nicaragua. Pero, al parecer, no regresan con helicópteros ni misiles tierra-aire como sucedió en la contienda de la década del ochenta. Los nuevos rusos vienen de traje y con maletines para hacer negocios, aunque no ocultan su aspiración de recuperar un hueco de su influencia militar en estas tierras. En efecto, después de largos 17 años de ausencia, los rusos regresan a este país centroamericano para recuperar, en palabras de su presidente Dimitri Medvédev, un espacio estratégico y ampliar su influencia en la región particularmente militar. Estados Unidos, el imperio más poderoso de la tierra en términos militares, ha mirado de reojo la presencia de los rusos, sus antiguos enemigos en la era de la Guerra Fría. Sin embargo, la Casa Blanca no ha mostrado su enojo contra su viejo rival, que ha vuelto osadamente a su “traspatio”. Rusia dejó de ser el “imperio del mal” y un peligro inmediato para el Pentágono. Militarmente, Rusia no es un adversario que temer. Los gringos saben que EE.UU es ahora la única potencia militar. Ahora si es el gendarme del mundo. No hay discusiones en eso. Su enemigo ahora es otro: el terrorismo sin rostro. Sus nuevas preocupaciones son Irán, Corea del Norte, Irak y Afganistán. A pesar que Estados Unidos está enfocado en el polvorín del Medio Oriente, sigue mirando de reojo a Moscú, que se atreve a resucitar una vieja amistad con Nicaragua, ahora que volvió al poder su antiguo camarada Daniel Ortega. Tras el triunfo de la revolución sandinista en julio de 1979, los entonces soviéticos anclaron en nuestro país. Ya los rusos estaban estacionados en Cuba, cuya abatida economía era prácticamente mantenida por la ex Unión Soviética. La Habana recibía petróleo, alimentos y armas del gobierno soviético desde que los guerrilleros de Fidel Castro asaltaron el poder en la isla, a pocas millas de Miami, Estados Unidos. A cambio, La Habana le devolvía el favor con azúcar.

Nicaragua, polígono de tiros de las grandes potencias

Poco tiempo después del derrocamiento de la dictadura de Anastasio Somoza en Nicaragua, Estados Unidos empezó a organizar, entrenar y financiar a grupos rebeldes al régimen sandinista. Por su parte, la URSS entregó armas, municiones, aviones y helicópteros para combatir a los llamados “contras”, que encontraron fácilmente refugio en los territorios de Honduras y Costa Rica, desde donde salían expediciones punitivas contra el gobierno específicamente en zonas fronterizas. De esta manera, EE.UU y la URSS se enfrentaban militarmente, pero sin tomar partes ellos en el conflicto. El papa Juan Pablo Segundo, que llegó a Managua en lo más turbulento de la crisis, afirmó que Nicaragua se había convertido en un “polígono de tiros de las grandes potencias”. El fallecido papa tenía razón. EE.UU y la URSS se enfrentaron militarmente, pero sin poner ninguno de ellos sus soldados. En la década del ochenta, los rusos y cubanos tuvieron gran influencia en todas las áreas del gobierno sandinista. Mientras tanto los gringos apoyaron con dinero a la oposición interna y a los rebeldes en el exterior. Los sandinistas no pudieron ser derrotados militarmente, pero cayeron tendidos en las urnas ante una mujer, doña Violeta Chamorro, la viuda del periodista Pedro Joaquín Chamorro, asesinado por pistoleros de la dictadura somocista.

Los rusos desembarcan en La Habana

Pero antes de llegar a Nicaragua, los soviéticos estaban instalados en Cuba, un país bloqueado por Estados Unidos. Al poco tiempo del triunfo de la revolución de los barbudos cubanos se produjo en La Habana en octubre de 1962 la llamada Crisis de los misiles en Cuba. El 15 de octubre, aviones espías estadounidenses descubrieron que en territorio cubano los rusos habían instalado bases de misiles nucleares dirigidos a EE.UU. Los rusos la denominaron “Crisis del Caribe”, mientras los cubanos “Crisis de Octubre”. La crisis de los misiles y el Bloqueo de Berlín fueron los mayores momentos de tensión entre las dos imperios en la llamada Guerra Fría. Se pensó que el mundo estaba al borde de una guerra nuclear, pero afortunadamente el peligro fue abortado. El 27 de octubre, los cubanos derribaron un avión U-2 con un misil tierra-aire cuando sobrevolaba el oriente de la isla. La crisis se intensificó. Pero ese hecho contribuyó a que Nikita Jrushchov propusiera a John Kennedy el desmantelamiento de las bases soviéticas de misiles nucleares en Cuba, a cambio de que EE.UU no invadiría ni apoyaría una invasión a la Isla y a la vez desmantelara sus bases de misiles nucleares en Turquía. El 28 de ese mismo mes, los rusos anunciaron trasladar a la URSS los misiles en discordia. Después de esa experiencia trágica, los rusos no repitieron esa situación en Nicaragua, pero la apoyaron militarmente, lo que mantuvo preocupado a EE.UU durante una cruenta década.

Se desmorona el mundo “socialista”

Después de la derrota electoral de Daniel Ortega en 1990, vino la debacle del mundo socialista, encabezado por la URSS, que se vino al suelo sin que EEUU disparase un solo tiro. Cayó el Muro de Berlín, símbolo del poder comunista en la Alemania dividida y el resto de gobiernos satélites de Moscú cayó en cascada. Fenecía así la llamada Guerra Fría. La desgracia de la URSS quedó al desnudo: pobreza, crisis económica, repúblicas divididas y un gobierno empantanado en la corrupción. Y lo peor de todo: los antiguos comunistas se volvieron capitalistas poderosos y corruptos, entre ellos Vladimir Putín, ex miembro de la KGB,que llegó al poder tras dos gobiernos que le sucedieron a la disolución de la URSS (5 de diciembre de 1991). El desmantelamiento de la URSS dejó también al descubierto la fragilidad y corrupción que anidaba en el llamado “Ejército Rojo.” Putín intentó revivir ese esclerótico ejército, inyectando más fondo a esa vieja institución, que se creía poderosa en la era de la Guerra Fría. Pero la verdad se conocería más tarde cuando la URSS invadió Afganistán en 1979, donde tuvo que salir en 1988, porque no pudo conquistar ese pueblo indómito. Los rusos tuvieron que retirarse de Kapul, tras una derrota vergonzosa. El nuevo presidente de Rusia Dmitry Medvedev ha tratado de rescatar esa “enmohecida institución de la Guerra Fría, plagada de oficiales corruptos, equipo anticuado, intimidación endémica, suicidios y alcoholismo” en una fuerza moderna, capaz de proyectar poder eficazmente más allá de sus fronteras…”, afirmaba la revista estadounidense Newsweek. Después de la caída de la URSS, paradójicamente su principal enemigo, EE.UU salió en su auxilio. Inyectó préstamos millonarios a una economía arruinada. Tras estos episodios, el imperio de Estados Unidos se erigió en la única potencia militar en el régimen internacional. La Casa Blanca está convencida que el mundo es unipolar en términos militares. El hemisferio se revuelca en una crisis financiera internacional y con varios focos de conflictos regionales.

El presidente Daniel Ortega estuvo 16 años fuera del poder, luego de perder las elecciones en 1990. Ortega aprovechó la crisis surgida en Abjasia y Osetia del Sur, dos regiones separatistas prorrusas de Georgia, república ex soviética ahora apoyada económica y militarmente por Estados Unidos, para acercarse a Rusia. Nicaragua, gobernada por el presidente ortega, y Rusia fueron los dos únicos países en reconocer a las dos regiones separatistas. Rusia vió con buenos ojos el gesto de Ortega, pero fue cuestionado por EE.UU y la Unión Europea, que apoyaban decididamente a Georgia. En esos episodios, Rusia mostró que su ejército no tiene la capacidad de combate moderno. Algunos de sus aviones teledirigidos rusos fueron derribados en la escaramuza bélica en la acciones contra Georgia. Sus soldados carecían de botas y modernas armas para enfrentar un ejército equipado por estadounidenses y europeos. Cuenta el corresponsal de Newsweek que los “estupendos vehículos militares y uniformes proporcionados por EE.UU a la pequeña nación hicieron que los rusos lucieran como si hubieran salido de un documental de la Segunda Guerra mundial”. Los analistas militares rusos han reconocido su pobreza tecnológica militar que los haría un contrincante indefenso y débil ante el poderío bélico y tecnológico de Estados Unidos, la única potencia militar en el mundo unipolar, pero que ahora China insiste que el planeta es multipolar. Quizás en términos económicos, pero no militares. Es tal la crisis del ejército ruso que Moscú comprará 50 millones de dólares en aviones teledirigidos israelíes sin tripulante en lugar de los anticuados aviones rusos. Otra paradoja: comprar armas a los enemigos (israelíes) de sus amigos.

Un viejo amor que no se olvida


Daniel Ortega volvió ahora a Rusia, un antiguo país poderoso y agitado por una crisis económica. Entretanto, el presidente de Rusia, Dmitri Medvedev visitó Nicaragua, a quien considera “uno de los socios clave y estratégico” de su país en América Latina. Rusia ha empezado a fortalecer su presencia en este Continente. Pero Rusia ya no es la sombra del poder que fue en el pasado. Por lo visto, Rusia pretende reconstruir su amistad con América Latina, sellando nuevas lazos económicos y comerciales, pero sin abandonar su interés de ampliar su influencia militar en este continente. En Venezuela los rusos han establecidos comercio y les venden aviones y armamentos, pero con una tecnología militar desfasada. Rusia está interesado en revivir en nuestro país el proyecto de un canal que una los océanos Pacífico y Atlántico. Los rusos quieren renovar su vieja alianza con Managua y para ello impulsan el acuerdo sobre el sistema Glonass, desarrollado por el ejército ruso en los ochenta para competir con el sistema estadounidense GPS y con el futuro sistema europeo Galileo. Recientemente, el ocho de noviembre del 2009, el viceprimer ministro ruso Igor Setchin, estuvo en Nicaragua analizando proyectos de energía, minería, agricultura, pesca y transporte. La ex URSS no tiene la capacidad tecnológica moderna para competir con el gran imperio americano. Quizás por eso Estados Unidos no se asusta por la presencia de los ex comunistas convertidos en capitalistas. Su poderío militar y económica ensombrecen a la Rusia contemporánea, que trata de levantarse de las ruinas. Rusia sabe que ya no es un rival de respeto para EE.UU. Los adversarios del gran imperio son otros. China, India y la Unión Europea tienen asustada a la Casa Blanca por su poderío económico.

Ortega prefiero a los rusos para hacer negocios

Los rusos estuvieron involucrados en proyectos de geotérmicas en el pasado en la Nicaragua sandinista. Recientemente, el gobierno ruso donó una flota de buses para reforzar el deteriorado transporte público nicaragüense. Igualmente, el general Omar Halleslevens, jefe del ejército, firmó el memorándum de colaboración con el ministro de la Defensa Civil y Emergencia de la Federación Rusa, Serguei Shoigu. Este acuerdo consiste en entregar equipos y maquinarias valoradas en 6.5 millones de dólares, para el desminado y labores humanitarias. Rusia también consiguió la licencia para la empresa Yota de Nicaragua, de capital ruso-venezolano. Ambos invertirán 50 millones de dólares para operar una banda de telefonía fija en el país. Yota compite así con el monopolio en la telefonía fija de la mexicana América Movil, propietaria de la Empresa Nicaragüense de Telecomunicaciones (ENITEL). Esta presta servicios de móviles, internet y televisión por cable a través de sus marcas Claro. Esta competencia económica es sana y provechosa para la Nicaragua de post guerra. Los rusos cuentan con una ventaja en este país para hacer negocios y es que Daniel Ortega, su camarada, volvió al poder y no oculta sus pretensiones de gobernar otro periodo en este país en perenne conflicto político. Los sandinistas prefieren hacer negocios con la dupla Rusa-venezolana que con los gringos y europeos. En fin, los rusos volvieron, pero no se sabe si su estancia en estas tierras perdurará para poner en peligros los intereses del Imperio norteamericano en su viejo traspatio.

martes, enero 12, 2010

Los tres años de Ortega en el poder

Por Denis García-Salinas/Editor METRO

El presidente Daniel Ortega llega a su tercer año de su mandato de cinco años con un vacío en varios de los poderes del Estado y con una oposición que lucha por una ansiada unidad de la familia liberal, pero sin lograrlo hasta este momento. Ortega para llenar ese hueco ha recurrido a emitir un decreto ejecutivo que ratifica las autoridades de esos poderes del Estado hasta tanto la Asamblea Nacional no resuelva ese entuerto. Desde hace 45 días el parlamento no ha logrado convocar una sesión para elegir al Procurador de los Derechos Humanos, cuyo cargo estaba en manos del sandinista Omar Cabeza. La oposición ha presentado a José Esteban González, el reverendo disidente sandinista Miguel Ángel Casco, Violeta Granera, Marcos Carmona y Fanor Avendaña. Pero todavía los opositores no han llegado a un consenso sobre esos candidatos. El próximo diez de febrero se vence también el periodo de varios magistrados de la Corte Suprema de Justicia, institución hegemonizada por el FSLN, en particular, y el opositor Partido Liberal Constitucionalista (PLC). La administración de justicia está en manos de esos dos partidos. Un antiguo magistrado caracterizó a ese poder del Estado con las siguiente expresión: “A los pobres que los defienda Dios.” Una frase que no necesita comentario. El 14 de ese mismo mes también concluye el tiempo de los cinco contralores y tres suplentes. Igualmente, a las autoridades electorales se termina su periodo. Todos esos poderes e instituciones dominadas por los dos partidos llamados execrablemente pactistas.

El sábado, 9 de enero pasado, Ortega llenó ese vacío jurídico creado por la Asamblea Nacional con la emisión de un decreto ejecutivo que ratifica a todas las autoridades de esos poderes del Estado y de la Procuraduría de Los Derechos Humanos (PDDH) mientras tanto no se reúna y elija a los citados funcionarios. En un discurso de más de una hora, Ortega justificó el decreto ejecutivo, diciendo que si no elegían a tales autoridades de los diversos poderes del Estado, el país corría el riesgo de colapsar económica, política y socialmente. Tal vez exageraba el presidente, pues ha habido ya situaciones semejantes. Entretanto, Ortega acusó a los opositores de”apostar por sembrar el caos” en el país. El presidente pidió a la Asamblea Nacional resolver este problema, “actuando de manera constructiva”. Ortega aseveró que “no puedo permitir el caos y la anarquía” en esta nación, que, de vez en cuando, se revuelca en brotes de disturbios. Este lunes la oposición tronó contra el principal líder del FSLN, a quien llama un aspirante a Dictador por pretender mantener la hegemonía en todos los poderes del Estado. José Pallais, legislador liberal, calificó de “complot” ese decreto emitido por el Presidente “para quedarse en el poder”. Por su parte, el PLC acusó al mandatario de “abuso de oder” y tomarse atribuciones que no le da la Constitución. Pero Ortega dice que el FSLN no tiene todo el poder, sino que lo comparte con el PLC. En la Asamblea Nacional nadie tiene la mayoría, por lo que tienen que negociar o pactar para aprobar leyes o nombrar funcionarios. El FSLN, sin embargo, ha sabido aprovechar el cisma en la oposición para alcanzar sus pretensiones. Además, Ortega ha mantenido como un rehén a Arnoldo Alemán, de quien un caricaturista lo pinta siempre como la amante de Ortega.

La confrontación

Desde hace largos meses la oposición y la llamada sociedad civil ha reclamado por la elección de nuevas autoridades en el Consejo Supremo Electoral, encargado de vigilar, organizar y contar los votos de las elecciones municipales, regionales y presidenciales. Los adversarios al sandinismo no confían en el contador de los votos porque consideran que Roberto Rivas, presidente del CSE, no ha jugado limpio y se ha prestado a alterar los resultados. A Rivas lo acusan de organizar el supuesto fraude electoral de las elecciones municipales en la que ganó Alexis Arguello, quien posteriormente se suicidó. Arnoldo Alemán colocó en ese puesto a Rivas, recomendado por el cardenal Miguel Obando y Bravo, ahora aliado del partido en el gobierno. Sin embargo, poco a poco Rivas empezó a distanciarse de Alemán para refugiarse en el alero bondadoso del FSLN. Ahora Roberto Rivas es considerado por los opositores como una ficha del FSLN en el CSE. Mientras Rivas y otros magistrados liberales disidentes permanezcan en ese Poder los opositores no tienen la confianza para que Rivas sea el árbitro en las próximas elecciones.

Los adversarios creen que las elecciones municipales se las robó el FSLN con el beneplácito de Rivas tanto en Managua como en otras 30 municipales importantes del país. Esta situación provocó que la comunidad donante retirara la asistencia a Nicaragua, principalmente la cooperación para financiar el déficit del Presupuesto General de la República. Desde entonces, el país se ha balanceado entre la crítica de la oposición y las marchas antigubernamentales, lo que ha dado una mala impresión del país en el exterior. Se ve a sus políticos como grupúsculos pendencieros, mentirosos y falaces. Algunos funcionarios gubernamentales han sido descorteces y malhablados a la hora de criticar a sus adversarios e incluso a diplomáticos, como ocurrió con los funcionarios de la Unión Europea y Holanda. Lo valiente no quita la cortés. El presidente Daniel Ortega concluye sus tres primeros años en el poder con una crisis originada por el supuesto fraude electoral y agravada por el hiriente lenguaje de sus funcionarios a los embajadores. No se respeta el protocolo diplomático ni el sentido común, así como la buena educación que le debemos a nuestros semejantes.

Las cosas buenas de Ortega
En esos tres años Ortega ha mostrado una honda preocupación por los pobres, aunque la oposición y los diarios no le dan ningún crédito porque estiman que eso es más bien una cortina de humo para esconder su pasión hacia el dinero, después de 16 largos años de estar lejos del encantador poder de la presidencia. Sin embargo, diplomáticos, los más confiable para dar un juicio sin prejuicio, han valorado positivo los programas Hambre Cero, Usura Cero, Calles y Casas para el Pueblo, educación y salud gratuita para el pueblo, etcétera. A decir verdad, Ortega ha hecho cosas que no hicieron los gobiernos anteriores. Pero esas acciones son minimizadas por la oposición que está en una guerra sin cuartel por el poder. El gobierno de Ortega, con ayuda del presidente de Venezuela Hugo Chávez, acabó con los cortes y racionamiento de energía que duraba hasta cuatro o seis horas en el gobierno del presidente Enrique Bolaños. Esa situación estaba dañando la deprimida economía del país y provocando, a diario, la rabia del pueblo, cansado con la crisis económica que viene sufriendo desde la década del ochenta. En ese sentido, Ortega merece los aplausos del pueblo por mantener la energía en el país sin interrupciones. La energía es desarrollo. Las oscuranas se terminaron con el ascenso al poder de Ortega. De eso no hay discusiones y los líderes de la oposición lo saben.

En cuanto a salud, ahora cualquier persona puede ir a un hospital, sin ser asegurado, y ser atendido normalmente. Sin embargo, el Gobierno no ha logrado suministrar los medicamentos gratuitos y eso lo ha admitido el propio presidente Daniel Ortega. Igualmente, sucede con la educación. La población no tiene que desembolsarse un córdoba para pagar la matrícula y la mensualidad del colegio de sus hijos. Todo es gratuito. Pero la situación del magisterio sigue siendo difícil en un país, agobiado por una crisis económica interna e internacional. Los salarios de los martirizados maestros aún no han sido igualados a los de Costa Rica y Honduras. Los sindicatos de maestros de la oposición mantienen la crítica contra el gobierno. Sin embargo, tiene una asignatura pendiente: el paro. En los últimos años ha crecido el número de desempleados en el país. Pero esto no solo es responsabilidad del Gobierno, sino de la empresa privada, que se muestra inactiva, poca creativa e inteligente.

FMI bendice a gobierno de Ortega
Ortega llegó al poder hace tres años, pero no ha cambiado nada del modelo económico capitalista implantado por los gobiernos anteriores, a pesar de su discurso socialista y antiimperialista. Aunque el gobierno ha dicho que ha diseñado su propia estrategia económica, los opositores les sacan en cara su sumisión a los organismos multilaterales del Imperio. El FMI ha bendecido las viejas políticas macroeconómicas mantenidas por el gobierno “socialista, solidario y cristiano” de Ortega. El mercado sigue siendo el faro de la economía del país. La economía socialista quedó en el pasado. Los economistas han aplaudido a Ortega por no salirse de ese carril, aunque su principal líder insista en utilizar un lenguaje socialista contra Estados Unidos. Ortega no ceja en apuntar a la cabeza de Barack Obama en cada discurso que pronuncia tanto en el exterior como en el interior. Pareciese que Ortega tiene una obsesión con el imperio, que históricamente ha intervenido en Nicaragua. Pero esa arenga antiimperialista no la tiene solo dirigida contra EE.UU, sino también contra los europeos, esa decrépita potencia que colonizó América, pero que ahora ayuda a esos pueblos a salir de su atraso económico y a buscar su sendero democrático. Esto último no le ha gustado a Daniel Ortega. El mandatario acusa a algunos países europeos de financiar a la derecha que busca destronar a Ortega para volver al poder. Pero Ortega guarda silencio cuando la oposición le saca en cara la ayuda que recibe de Venezuela y que no pasa por el Presupuesto. Los opositores creen que Ortega se ha enriquecido con los fondos de Chávez, que en su país ha sido cuestionado por otorgar dinero cuanto la pobreza en Venezuela ha aumentado. Los periódicos aseguran que Ortega compró un hotel y tiene planeado adquirir el Canal Ocho, pero esto no ha sido admitido por el presidente, que ha preferido obviar el tema.

Despreciando a la prensa
En estos tres años, si bien es cierto el presidente Ortega no ha cerrado “manu militare” ningún medio de comunicación, su estrategia para doblegarlos ha sido la publicidad. Antes, los principales periódicos y algunas estaciones de televisión se repartían el pastel publicitario del Estado. Tras tres años de escases publicitarios, los periódicos y canales empiezan a resentir esa falta de pautas, que los ha obligado a recortar su personal. Pero los más castigados han sido los programas radiales independientes (muchos de ellos sandinistas. Muchos de ellos han tenido que cerrar o convertirlos en programas semanales. No obstante, esta situación algunos sigue esperanzados en que el Gobierno sandinista cambie su política publicitaria. Mientras tanto, entre los dueños de esos espacios radiales (muchos de ellos sandinistas) han empezado a reflexionar y pensar que en las próximas elecciones su voto será depositado en la casilla del partido opositor. En estos tres, el gobierno y los dos periódicos han mantenido un pulso bélico. Los dos diarios no le han dado tregua al gobierno quien también se empecina en confrontarlos. La guerra mediática, como le gusta llamarla el gobierno, parece que no baja, sino más bien aumenta con el paso del tiempo. El Partido de gobierno prácticamente no tiene un medio de influencia entre la población por lo que el Presidente Ortega está gobernando sin la prensa. Un error que lo tendrá que pagar tarde o temprano. Pero por lo visto a Ortega no le interesa la fiscalía de la prensa opositora ni le preocupa tampoco los pequeños medios radiales que, a la postre, le podrían significar una ayuda nada despreciable en un ambiente donde el Gobierno se encuentra íngrimo. El poder de la prensa en general no debe de ser despreciada. Es probable que la tensión y la confrontación entre prensa y gobierno se mantengan o se arrecie con gran intensidad de cara al proceso electoral.

La “Guerra justa” de Obama contra el terror

Barack Obama cree firmemente que EE.UU lucha contra el mal en el planeta. Pero esa creencia no es nueva, pues los anteriores gobiernos sostuvieron que luchaban contra el imperio del mal, simbolizado primero por la Alemania Nazi y después por la Rusia soviética. Luego, la potencia americana declaró la guerra al “eje del mal”. Sin embargo, este gobierno de Obama quiere darle un nuevo sesgo a la guerra, que iniciaron los presidentes anteriores (Reagan y Bush principalmente). Quizás por eso, a finales del año pasado, el presidente defendió ardorosamente en la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz, la “guerra Justa”. Obama abrazaba así la teoría del Bellum Justum, que legitima la guerra cuando existe una “justa causa.” Obama busca, según ese principio, reparar un entuerto del adversario terrorista que destruyó las dos torres de Nueva York, símbolo del capitalismo y que, a su juicio, amenaza la estabilidad mundial. La guerra justa no es un invento de Obama. Está en la profundidad de la Historia. La teoría del Bellum Justum fue defendida por Santo Tomás de Aquino, cuyo fin con la guerra era perseguir el bien y evitar el mal. San Agustín sostenía que la guerra es justa cuando no se comete actos inmorales. Aquino se basa en un razonamiento ético judeo-cristiano y Aquino y Francisco Vittoria sentaron las bases para la doctrina de la guerra justa dentro de la Iglesia Católica.

Realismo versus idealismo
Estados Unidos se ha balanceado entre realismo y el idealismo en las relaciones internacionales. Los idealistas creen que la política exterior de un país debe de ajustarse a las normas y principios que dicta la moral y la ética. En cambio, los realistas definen la política internacional en términos de poder. El poder y la acción son la clave de la política internacional. Hangs J. Mongnthau asevera que la política internacional, al igual que todo tipo de política, es una lucha por el poder. Los realistas aseguran que no es posible aplicar los principios morales universales a los actos de los estados para resolver las controversias. El realismo surgió como reacción al fracaso de Wilson y de otros los idealistas en su intento de frenar la Segunda Guerra Mundial. A finales de la Primera Guerra Mundial, el presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson defendió una teoría que señalaba que se podía terminar con la guerra mediante el uso de la razón. El sostenía que las guerras eran producto de las políticas del poder y de los ardides de la diplomacia secreta. Antes de entrar EE.UU en la guerra contra la Alemania Nazi, Woodrow argüía “debemos hacer a un lado la exaltación de los ánimos. Nuestro motivo no deberá ser la venganza, ni la afirmación victoriosa del poderío físico de la nación, sino únicamente la reivindicación del derecho, del derecho humano, del cual solo somos un adalid”. Este presidente aseguraba en ese entonces que EEUU “no servimos a fines mezquinos. No ambicionamos ni la conquista ni el predominio”. Woodrow sentenció ante el Congreso de Estados Unidos “probablemente nos aguarden incontables meses de amargas pruebas y de sacrificios. Es algo horrendo llevar a este grandioso y pacífico pueblo a la guerra, a la más terrible y cruentas de las guerras, en la que parece estar en juego la civilización misma. Sin embargo, la justicia es un bien aún más preciado que la paz y nosotros lucharemos por todo aquello que hemos guardado siempre en nuestro corazón-por la democracia: por el derecho de aquellos que hoy se someten a una autoridad, para contar con voz y voto en sus gobiernos, por los derechos y por las libertades de las pequeñas naciones…” Y concluye, “la nación, bajo el amparo de Dios, no puede proceder de otra manera”.

No hay gloria en la guerra
Estas palabras de este presidente idealista nos evoca el discurso pronunciado en Estocolmo por Obama, quien defendió la guerra justa: “habrá momentos en las que nuestras naciones-actuando por separado o en concierto- encontrará el uso de la fuerza, no solo necesario, sino moralmente justificado”. Ese discurso de Obama, recibiendo el premio, fue duramente criticado por algunos sectores porque consideraban que era una paradoja otorgar un galardón de la paz a un presidente que ordenó el despliegue de 30 mil hombres a Afganistán, el nuevo Viet Nam de Estados Unidos. Un crítico de la guerra afirma que “no hay gloria en la guerra. No importa cuán justificado esté, la guerra siempre es una tragedia humana”. A pesar que no hay gloria ni fama en la guerra, los hombres se aferran a ir a las trincheras. Ya Thomas Hobbes, aseguró que los “conceptos de bien y mal, justicia e injusticia, no tienen lugar allí. Donde no existe poder público no hay ley, donde no hay ley, tampoco hay injusticia. La fuerza y el engaño son en la guerra las dos virtudes cardinales. Justicia e injusticia no son ninguna de las facultades del cuerpo o de la mente”. La historia de la humanidad ha sido siempre el derrotero hacia el conflicto. Hace mucho tiempo Margaret Mead se preguntó: ¿Es la guerra una necedad biológica, una fatalidad sociológica, o solo una invención desastrosa? La necesidad biológica del hombre de ir a la contienda se debe primeramente al instinto bélico del hombre para alcanzar la plena estatura humana. Otros dicen quela guerra es inevitable y va paralelo a la lucha por la tierra y los recursos naturales dentro de una sociedad de clases. Es decir, la guerra es una naturaleza de la Historia. Otros aseguran que la guerra es una invención desastrosa. Todas las formas de culturas son frustrantes y cada nueva generación será agresiva y tendrá su expresión en la guerra.

La represalia brutal del imperio
Estados Unidos está actualmente empantanada en dos guerras: Irak e Afganistán. El 16 de enero de 1991, la coalición internacional, liderada por EE.UU, bajo mandato de la ONU, atacó a Irak. A las dos guerras fue con el propósito de venganza, tras el ataque terrorista a las dos torres, el Pentágono y el fallido acto terrorista contra la Casa Blanca. En ese acto terrorista murieron más de tres mil personas inocentes. Por esa agresión, EE.UU utilizó el uso de la fuerza para eliminar a los causantes de ese desastre humano. A partir de esa acción, el imperio llamó a la represalia “la guerra justa contra el terror”. EE.UU asumía así la responsabilidad de castigar y resguardar el orden mundial en un mundo demasiado violento. Algunos autores estadounidense, que defiende esa teoría, aseguran que esos movimientos violentos y radicales se oponen a los principios fundamentales del mundo moderno, la tolerancia religiosa, los derechos humanos, y la libertad. Por consiguiente, Estados Unidos está en su derecho ético y moral de perseguir a los malos.

Las operaciones contrainsurgencias globales
De allí que Estados Unidos enmarca toda su política en esos postulados de la guerra justa. En su invasión a Panamá la englobó en la “Justa Causa”, en Somalia, en 1992 su expedición punitiva se llamó “Restauración de Esperanza”, la Guerra de El Golfo en 1991 las tropas batallaron bajo el emblema de “Operación Libertad” y Afganistán, “Justicia Infinita”. George Bush advirtió al mundo y sus principales aliados: “Estáis con nosotros o contra nosotros”. En su primer ataque a Irak, EE.UU buscaba atrapar a Osama Bin Laden, culpable de los ataques terroristas que provocaron la “Guerra contra el terror” en este mundo atribulado. En la operación militar contra Afganistán, el ejército imperial americano logró destituir el régimen talibán, que había retrocedido al país a la Edad Media, donde la mujer era la principal víctima. En solo cinco semanas, EE.UU destruyó a ese gobierno y en su lugar colocó a un régimen pro occidental y gobernado por un hombre que huyó al exilio en Europa. Esa agresión, sin embargo, se hizo sin una resolución de la ONU, cuestionada por ser incapaz de frenar esas guerras.

La teoría del Bellum Justum
En la doctrina clásica del Derecho Internacional era lícito el recurso a la fuerza en el orden internacional. Esta doctrina estaba fundamentada en la teoría del Bellum Justum. En ese sentido la guerra fue concebida desde un principio como una reacción contra una injuria, una violación al derecho. Esa teoría estaba en el olvido, pero ahora el presidente Barack Obama ha resucitado esa doctrina que considera lícita la guerra como reacción a los transgresores. Estados Unidos, sin pensarlo dos veces, atacó a Irak hasta invadirla y conseguir ahorcar a Saddam Hussein. Luego bombardeó e invadió Afganistán en persecución implacable de los talibanes, que una vez apoyó por expulsar a los soviéticos de Kabul. Considera a los talibanes los responsables de apoyar a Osama Bin Laden, quien proclamó ser el autor intelectual de los ataques terroristas que sobrecogieron al mundo que pensaba vivía una nueva época. Estados Unidos primeramente se equivocó con Irak, donde no encontró las armas nucleares ni halló ninguna evidencia de que Bagdad apoyase a los terroristas que asolaron las torres. Pero dejó dos países en ruinas: Irak y Afganistán. Sin embargo, ahora su mayor preocupación es Irán, señalada de crear armas de destrucción masivas, pero su presidente lo niega enfáticamente. El sostiene que es energía para desarrollar el país, atrasado por la guerra con Irak en la década del ochenta y los corruptos incrustados en ese régimen islámico.

“Algunos matarán. Otros morirán”: Obama
Obama ha heredado dos países conflictivos: Irak y Afganistán. Este presidente quiere ser el reverso de la moneda de Bush, pero es una tarea harto difícil cuando en el Pentágono está empotrado un poder inmenso que nadie imagina. Obama es un hombre inteligente y con buenas intenciones, pero él tiene que lidiar con esos poderes que dominan la economía y la política. Obama está consciente de lo que puede hacer y aspirar para gobernar el país más poderoso de la tierra. Cuando le entregaron el Premio Nobel en Oslo, Obama afirmó que “estamos en guerra y soy responsable del despliegue de miles de jóvenes americanos para luchar en tierras lejanas”. El mundo esperaba que Obama ya no enviara más hombres a la guerra, pero sus generales en Afganistán lo han colocado contra la pared.”Algunos matarán. Otros morirán”, subrayó Obama tras ordenar el envío de jóvenes a una guerra sin fin lejos de sus tierras, donde su seguridad nacional no está puesta en peligro. El presidente de EE.UU ha resucitado la guerra justa de Tomás de Aquino y Francisco Vittoria “Por que no nos confundamos. El mal existe en el mundo.” Y para reforzar su argumento de la guerra justa, Obama recuerda que “un movimiento violento no hubiera podido frenar el ejército de Hitler. Ninguna negociación pudo convencer a los líderes de Al Qaeda para que entreguen las armas”.

Obama y el uso de la fuerza en un mundo violento
Por tal razón, “la fuerza a veces es necesaria, no es un llamado al cinismo, sino admitir la historia y las imperfecciones del hombre y los límites de la razón”, señaló Obama, tras agregar que “esas pautas nos hacen diferentes de aquellos a quienes combatimos. Por esa razón, he prohibido la tortura. Por esta razón he ordenado el cierre de Guantánamo”. El presidente Obama afirmó que “estamos perdidos cuando no respetamos los ideales por lo que decimos que luchamos”. Un discurso que nos recuerda al presidente Woodrow Wilson cuando anunció que EE.UU se involucraba en la guerra contra la Alemania Nazi. “…Confío en que, como nación beligerante, sabremos conducir nuestros operativos sin apasionamiento y observar personalmente, con orgulloso rigor, los principios de la justicia y del juego limpio por los cuales declaramos pelear…” Estados Unidos ahora lucha contra un enemigo, prácticamente invisible, que se mueve por la noche y por los lugares más inimaginables para golpear. No es una lucha contra un enemigo visible. El terrorismo no tiene cara. Pero en esa guerra mueren también civiles, niños, niñas, ancianos, hombres y mujeres inocentes, que no pidieron que fuerzas extrañas invadieran su país. Pero EE.UU dice no solo defenderse del terrorismo islámico, sino de defender la democracia occidental, los derechos humanos y la libertad del hombre. EE.UU mueve a sus tropas a miles de kilómetros de sus tierras. El presidente Barack Obama, para defender su doctrina de la guerra justa, dice que Estados Unidos ha ayudado a construir la paz mundial y la seguridad global durante más de seis décadas. “América nunca ha luchado contra una democracia”, arguye Obama. Y concluye con esta frase: “Ninguna guerra Santa puede jamás ser una guerra justa”. En suma, Obama ha tomado el relevo de la guerra contra el terror.