martes, agosto 17, 2010

El Partido Conservador: De la tumba a la vida

Por Denis García Salinas/Editor

Conservadores entre Montealegre y Ortega


El Partido Conservador, una de las llamadas paralelas históricas del país, quizás no estaba muerto, pero eso sí desahuciado. Este partido y el Liberal fueron durante un largo tiempo las “paralelas históricas’ porque ambos eran los principales protagonistas de la Historia de Nicaragua. En nuestro país las familias eran conservadoras o liberales. El linaje del partido se heredaba. No había problemas de ideologías.Cuando los Somoza entronizaron la dictadura familia, muchos nicaraguenses se identifican como antisomocista y, por tanto, conservadores. A través de la Historia los líderes de esos dos partidos siempre golpeaban las puertas de la Casa Blanca para arreglar sus problemas inernos. Los conservadores estaban divididos en fracciones y su desteñida bandera apenas ondeaban en algunos hogares. Legalmente, estaba enterrado. El Consejo Supremo Electoral, hegemonizado por los sandinistas, le quitó su personería jurídica, tras salir severamente golpeado en las últimas elecciones presidenciales. Sus líderes estaban replegados, algunos de ellos, por verguenza, se escondieron y otros, los más, se confundieron bajo el alero de la “oposición”. Desde allí, agazapados, emergían del anonimato para dar declaraciones a los programas de entrevistas de la televisión, donde desfilan los políticos como viejas vedetes soñando con el triunfo que más bien se antoja como una utopía. Muchos de ellos solo están haciendo poses u otros alardeando de su franqueza electoral, ocultando sus bajos intereses creados.

El enfermo partido dado de alta


El Frente Sandinista, partido en el poder, utilizó sus mecanismos jurídicos y maniobras para resucitar a ese partido que ya nadie daban un centavo por el PC. Cuando todo parecía estar consumado, de la noche a la mañana, el CSE, cuestionado por la oposición y los organismos civiles por estar involucrado supuestamente en el fraude electoral municipal, oxigenó al enfermizo Partido Conservador y lo sacó del coma en que se hallaba en la sala de observación del CSE. El médico de ese centro Roberto Rivas dió de alta al enfermo, que estaba desahuciado, y salió, tembloroso, caminando de ese “hospital.” Al mandatario Ortega se le atribuye la idea de revivir a ese cuerpo casi en descomposición para ocuparlo como una marioneta y confrontarlos con los otros partidos de la fragementada oposición. Así, pues, Alejandro Bolaños, un hombre sin expediente político, recuperó su curul en la Asamblea Nacional, luego que el CSE lo despojó de la misma después que se descubrió que el hombre mantenía la doble nacionalidad: Estadounidense y nicaraguense. El tenía que renunciar a la ciudadanía gringa con un tiempo prudencial para optar al cargo de diputado, pero no lo hizo. Ocultó ese pasado que hoy lo condena. Y no solo eso. El Gobierno le devolvió una propiedad valiosa, perteneciente a un familiar en el Pacífico y que estaba en disputa con otros trabajadores. La oposición liberal inmediatamente lo interpretó como el “pago” anticipado para dar su voto en la Asamblea Nacional con los ojos vendados a favor del FSLN en cualesquiera de las leyes requerida por el Gobierno y, a la vez, ayudarle a diezmar la oposición que sueña con más prebendas que legislar o apoyar a la construcción de una política de nación. Pero lo más importante, Bolaños significa más votos para alcanzar los 56 votos requeridos para la polémica reelección de Ortega.

Bolaños del anonimato a la fama de político

Después Bolaños, sobrino del ex presidente Enrique Bolaños, se postuló como candidato a presidente del Partido Conservador, en medio de una tormenta de fuertes críticas de un grupo de conservadores opuestos a la política de Bolaños porque temen que él entregue el partido a los sandinistas. Este hombre, muy seguro de sí mismo, ha sido señalado de ser soberbio y ambicioso, aunque sin ninguna experiencia política. El apareció en escena cuando don Enrique Bolaños fue elegido presidente de la República. Pero es hasta que él asumió su curul en la Asamblea Nacional, es que empieza a ser conocido. Sus parlamentos incendiarios contra el presidente Ortega, despertaron tanto los celos de Eduardo Montealegre, según confesaban allegados del ex banquero, como el malestar entre el gobierno. Bolaños era, literalmente, un nuevo político, aunque había ingresado tardíamente a esas lides. Nunca escondió su obsesión contra los sandinistas. Su duro verbo contra Ortega en las sesiones parlamentarias le abrió los micrófonos de las radios, la Televisión y las páginas de los periódicos. No es el prototipo de los políticos intelectuales del conservadurismo tampoco ha hecho gala de oratoria.

Pero ahora, él cambió radicalmente su discurso inflamado antisandinista por un lenguaje comedido y de respeto a Ortega. Por lo visto, los sandinistas lo domesticaron. A la fuerza aprendió hacer “política” en lo que Ortega ha llamado la “segunda etapa de la revolución”. Con los sandinistas no se juega. Esa lección la tuvo que aprender Bolaños. Ahora, él se ha rodeado de un personaje inteligente y hábil como es Alfredo César, un hombre que llegó a ser presidente de la Asamblea Nacional en la década del 90. César y otros conservadores están supuestamente en una lista para postularse como candidato a diputados en las elecciones presidenciales del 2011 por el resucitado partido verde. Sin duda, Alfredo César, un hombre educado y con gran sentido común, se ha convertido en su consejero. William Báez culpa a César de estar detrás de la decisión de Bolaños de aceptar convertirse en marioneta de Ortega para torpedear la unidad de la oposición. César es un político que supo lidiar hasta con su cuñado el entonces poderoso Ministro de la Presidencia, Antonio Lacayo, en los primeros años del gobierno de doña Violeta Chamorro. Incluso César encabezó una rebelión del legislativo contra el Ejecutivo desde la atalaya de lo que, equívocamente, los diputados han llamado el “Primer Poder del Estado”. Hasta hace poco Alfredo César estaba alejado de la política y dedicado a negocios personales.

El nacimiento de un lider: Fernando Aguero


El Partido Conservador se ha caracterizado por ser el defensor del”orden, el capital privado, y la Iglesia”. “El Partido Conservador , desde el pacto de 1856 hasta 1934, cumple satisfactoriamente su papel de rueda derecha del carro de las paralelas”, afirmó el catedrático y periodista Enrique Alvarado Martínez en un opúsculo sobre el partido verde. Con el asesinato de Sandino, el General de Hombres Libres, como le llamó el intelectual francés Barbuse, el Partido Conservador inicia su etinerario hacia el fracaso político y abriéndole la puerta a la hegemonía del Partido Liberal somocista. En ese tiempo, ambos partidos pidieron amnistía para los verdugos del legendario guerrillero. En 1952 se funda Juventud Conservadora y esa organización comienza a ganar adeptos para combatir civilmente a la dictadura de Somoza. El Partido Conservador llegó a convertirse en la oposición más poderosa contra el régimen. Pero hasta el momento el partido carecía de un hombre con gran arrastre para hacer tambalear a Somoza en unas elecciones. De pronto, aparece Fernando Aguero, un oculista y un hombre con una gran voz de barítono y grandielocuente. Los conservadores están embelesados con el nuevo líder naciente. Años después, en 1960, surge Juventud Patriótica, que será la antesala del Frente Sandinista de Liberación Nacional. En 1962, el Partido Conservador inicia los primeros pactos con Somoza. Este Partido Conservador sigue defendiendo los principios de Dios, Orden, Justicia. En los últimos años, el FSLN, partido en el poder, tiene ahora un nuevo triángulo: Socialista, Cristiano y Solidario. Ahora el PC y FSLN tienen cierta coincidencia: La Iglesia y el capital. Ambos también elevan plegarias a Dios, aunque no se vinculen con la razón.

La masacre del 22 de enero de 1967


Los conservadores eran, literalmente, un partido de oposición y su vida giraba en torno a una vieja oligaquía Chamorrista, que de su auge pasó a un inexorable declive y dramática caída. Algunos conservadores no solo apostaron por la lucha política, sino también un grupo de ellos, incluido Pedro Joaquín Chamorro, se alistó a la aventura armada. Ese hecho se conoce como los sucesos de Olama y Mollejones cuando un grupo de conservadores fueron desarticulados y arrestados. En 1956, Rigoberto López Pérez ajustició al viejo Anastasio Somoza, lo que desató una implacable persecución de opositores y periodistas. Se dice que más de 5000 personas fueron encarceladas, entre ellos estaban dirigentes conservadores. Mientras tanto, la vida del PC seguía orbitando alrededor de la Somoza y otros flotaban dispersos en una férrea oposición al tirano.

Entre sus líderes más antisomocistas y honestos destacó Reynaldo Antonio Téfel, quien pretendió, sin éxitos, convertir el Partido Conservador en un Partido Social Cristiano. Fernando Aguero empezó a figurar como el nuevo líder de la oposición conservadora. El 22 de enero de 1967, Aguero encabezó una multitudinaria manifestación jamás vista en Nicaragua. Irresponsablemente, algunos conservadores andaban armados durante esa marcha, reprimida violentamente por el ejército. Aguero se refugió en el antiguo Gran Hotel, mientras los soldados masacraban al pueblo en las calles de la vieja Managua. Al final, Aguero fue llevado escoltado a su casa y el periodista Pedro Joaquín Chamorro fue a parar a la cárcel junto a centenares de opositores. Tras esos sucesos, la figura de Aguero como el gran líder antisomocista empieza a declinar y su prestigio dejó de brillar en el firmamento conservador y sobre todo en el pueblo que se había hecho devoto de él por haber representado una esperanza. Aguero arrojó al basurero de la historia todos esos principios y sueños y, sin embages, se echó a los brazos de la dictadura. Esa traición al pueblo de Aguero se conoció como el Kupia Kumi (un sólo corazón en mikito).

El fracasado Triunvirato

Desde entonces, Aguero dejó de ser aquel gran líder que despertó grandes ilusiones entre el pueblo. Su antiguo amigo y aliado Pedro Joaquín Chamorro lo fustigaba desde sus páginas en el diario La Prensa, opositor a la dictadura, por su traición. Poco después se sucede otros acontecimientos. Se forma la nueva Junta Nacional de Gobierno, conocida como El Triunvirato, integrada por Roberto Martínez, Alfonso Lovo Cordero y Fernando Aguero Rocha. Este último había perdido lo último que le quedaba: su amor propio y, sin verguenza, sus despojos de alma lo había entregado a Somoza. Aguero estaba acabado. Este conservador llegó atreverse a afirmar que Somoza era el “estadista que con una visión, avizora el porvenir para muchísimos años por delante, en la evolución del país...” Aguero se volvió a equivocar. El tiempo se encargará de enterrar su pronóstico. También la Naturaleza le respondió al poco tiempo.

Un terremoto estremeció Managua y destruyó no solo la capital, sino la vida política de Aguero, sepultándola en esos escombros de la vieja Managua. Tras esa desgracia, Somoza apareció en escena, aprovechando el caos que había en la capital, para regresar al poder, como primeramente se lo había planteado con el interregno de la “Pata de Gallina”, bendecida por él mismo. La Pata de Gallina era el fracasado triunvirato. Somoza humilló a los tres políticos, principalmente a Aguero, y los aparta sin contemplaciones y se erige en el hombre fuerte del país con el apoyo de la embajada de Estados Unidos. Por su parte, Aguero está resentido y humillado. No tiene ningún poder para revertir los acontecimientos. Los otros dos de la Junta Nacional de Gobierno prefieren callar y aceptar los hechos. Ambos son dos somocistas. Aguero, humillado y ofendido, convoca a su partido porque él está desesperado y quiere renunciar. El no está dispuesto a soportar más esa terrible humillación que le ha hecho Somoza. En su partido, la mayoría le da la espalda y en su lugar nombran a Edmundo Paguaga, un médico y conservador pelele. Lo demás es historia.

El renacimiento del PLC y el declive del PC


Tras el triunfo de la revolución, el Partido Conservador empieza a experimentar una metamorfosis. El partido adoptó varios apelativos. En 1984 el Partido Conservador Demócrata gana 14 asientos en la Asamblea Nacional. En 1990, con el triunfo de doña Violeta Chamorro los conservadores van apiñados a una coalición variopinta de 14 partidos políticos que conformaron la UNO y ganan 12 asientos en el parlamento. En la época de la revolución el Partido Liberal Constitucional estaba prácticamente desterrado, pero es en 1990 que Arnoldo Alemán con un grupo de liberales que salieron huyendo del país, donde ardían la ideas de la revolución. Tras la derrota electoral de Ortega, esos ex funcionario y diplomáticos de la dictadura, empiezan a llegar a Managua y a resucitar el viejo partido somocista.El FSLN estaba desgastado y sus camaradas confundidos empiezan un éxodo del partido. Mientras, el PLC empieza a crecer inusitadamente, el Partido Conservador inicia su declive, aunque el conservador Noel Vidaurre pareció despertarlo cuando se postuló como candidato presidencial. Daba la impresión que los conservadores habían regresado a la palestra política con tal vigor que asombroban.La euforia duró poco tiempo. Vidaurre fracasó en su intento de sacar al Partido Conservador de la modorra en que se encontraba.Los liberales se apoderaron del poder, tras el gobierno de doña Violeta Chamorro. Hubo dos gobiernos sucesivos de corte neoliberal, aunque los conservadores tuvieron un repunte con Enrique Bolaños, quien consiguió la Presidencia de la República con la ayuda de Arnoldo Alemán. Al poco tiempo, Bolaños mandó a la cárcel a Alemán por los delitos de corrupción y malversación de fondos públicos.

A modo de conclusión

El Partido Conservador perdió todo su caudal político en los últimos 16 años, sin embargo, todavía tiene cierto encanto para los protagonistas políticos del país. Eduardo Montealegre, del Movimiento Vamos con Eduardo, ha coqueteado con los conservadores para fortalecer su candidatura, pero dado que sus miembros están divididos, esos propósitos han sido fallidos. Por otro lado, Arnoldo Alemán, del PLC, le ha propuesto ir en su fórmula o conformarse con una diputación y nombrar en un hipotético gobierno liberal a funcionarios en ciertos ministerios. Montealegre ha rechazado la propuesta de Alemán y más bien le ha retado a que ambos renuncien sus aspiraciones presidenciales para escoger un tercero, pero Alemán se ha rehusado aceptar esa proposición. Recientemente, Montealegre afirmó que está dispuesto a posponer su candidatura presidencial en favor de Fabio Gadea Mantilla, diputado en el Parlacen por el PLC y proietario de Radio Corporación y connotado antisandinista. Inesperadamente, Gadea proclamó su candidatura si tanto Montealegre como Alemán renuncian a sus candidaturas. Alemán respondió que él nunca abdicará a su postulación y más bien los invitó a participar en unas elecciones primarias para sacar al candidato del liberalismo. Entretanto, en las calles se percibe al propio Partido Conservador como una organización que está carcomida por el cáncer del protagonismo, los puestos de diputados y el liderazgo de esa organización.

Luego que le devolvieron la personería jurídica al Partido Conservador empezó la debacle en esa organización. En vez de haber un festejo, como sucede en estos casos, lo que hubo fue un enfrentamiento verbal entre sus miembros. De la alegría pasaron al enojo y a las mutuas acusaciones. Nada más recibieron la personería, citaron de inmediato elecciones para elegir las autoridades del PC, pero el procedimiento ha sido cuestionado por algunos miembros que están inconformes con la designación de Alejandro Bolaños como titular del PC. Consideran a Bolaños que se vendió a los sandinistas y por tanto su figura como candidato presidencial no garantiza un triunfo electoral, pues él es nada más una marioneta del FSLN para profundizar la división de la oposición que siguen sin brújula y Norte. Sin embargo, Bolaños niega esas aseveraciones, mientras Ortega y su partido, desde su palco ejecutivo, observa complacido los acontecimientos políticos que ocurren en el país y que cada vez desunen más a una torpe oposición.

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