martes, enero 12, 2010

Los tres años de Ortega en el poder

Por Denis García-Salinas/Editor METRO

El presidente Daniel Ortega llega a su tercer año de su mandato de cinco años con un vacío en varios de los poderes del Estado y con una oposición que lucha por una ansiada unidad de la familia liberal, pero sin lograrlo hasta este momento. Ortega para llenar ese hueco ha recurrido a emitir un decreto ejecutivo que ratifica las autoridades de esos poderes del Estado hasta tanto la Asamblea Nacional no resuelva ese entuerto. Desde hace 45 días el parlamento no ha logrado convocar una sesión para elegir al Procurador de los Derechos Humanos, cuyo cargo estaba en manos del sandinista Omar Cabeza. La oposición ha presentado a José Esteban González, el reverendo disidente sandinista Miguel Ángel Casco, Violeta Granera, Marcos Carmona y Fanor Avendaña. Pero todavía los opositores no han llegado a un consenso sobre esos candidatos. El próximo diez de febrero se vence también el periodo de varios magistrados de la Corte Suprema de Justicia, institución hegemonizada por el FSLN, en particular, y el opositor Partido Liberal Constitucionalista (PLC). La administración de justicia está en manos de esos dos partidos. Un antiguo magistrado caracterizó a ese poder del Estado con las siguiente expresión: “A los pobres que los defienda Dios.” Una frase que no necesita comentario. El 14 de ese mismo mes también concluye el tiempo de los cinco contralores y tres suplentes. Igualmente, a las autoridades electorales se termina su periodo. Todos esos poderes e instituciones dominadas por los dos partidos llamados execrablemente pactistas.

El sábado, 9 de enero pasado, Ortega llenó ese vacío jurídico creado por la Asamblea Nacional con la emisión de un decreto ejecutivo que ratifica a todas las autoridades de esos poderes del Estado y de la Procuraduría de Los Derechos Humanos (PDDH) mientras tanto no se reúna y elija a los citados funcionarios. En un discurso de más de una hora, Ortega justificó el decreto ejecutivo, diciendo que si no elegían a tales autoridades de los diversos poderes del Estado, el país corría el riesgo de colapsar económica, política y socialmente. Tal vez exageraba el presidente, pues ha habido ya situaciones semejantes. Entretanto, Ortega acusó a los opositores de”apostar por sembrar el caos” en el país. El presidente pidió a la Asamblea Nacional resolver este problema, “actuando de manera constructiva”. Ortega aseveró que “no puedo permitir el caos y la anarquía” en esta nación, que, de vez en cuando, se revuelca en brotes de disturbios. Este lunes la oposición tronó contra el principal líder del FSLN, a quien llama un aspirante a Dictador por pretender mantener la hegemonía en todos los poderes del Estado. José Pallais, legislador liberal, calificó de “complot” ese decreto emitido por el Presidente “para quedarse en el poder”. Por su parte, el PLC acusó al mandatario de “abuso de oder” y tomarse atribuciones que no le da la Constitución. Pero Ortega dice que el FSLN no tiene todo el poder, sino que lo comparte con el PLC. En la Asamblea Nacional nadie tiene la mayoría, por lo que tienen que negociar o pactar para aprobar leyes o nombrar funcionarios. El FSLN, sin embargo, ha sabido aprovechar el cisma en la oposición para alcanzar sus pretensiones. Además, Ortega ha mantenido como un rehén a Arnoldo Alemán, de quien un caricaturista lo pinta siempre como la amante de Ortega.

La confrontación

Desde hace largos meses la oposición y la llamada sociedad civil ha reclamado por la elección de nuevas autoridades en el Consejo Supremo Electoral, encargado de vigilar, organizar y contar los votos de las elecciones municipales, regionales y presidenciales. Los adversarios al sandinismo no confían en el contador de los votos porque consideran que Roberto Rivas, presidente del CSE, no ha jugado limpio y se ha prestado a alterar los resultados. A Rivas lo acusan de organizar el supuesto fraude electoral de las elecciones municipales en la que ganó Alexis Arguello, quien posteriormente se suicidó. Arnoldo Alemán colocó en ese puesto a Rivas, recomendado por el cardenal Miguel Obando y Bravo, ahora aliado del partido en el gobierno. Sin embargo, poco a poco Rivas empezó a distanciarse de Alemán para refugiarse en el alero bondadoso del FSLN. Ahora Roberto Rivas es considerado por los opositores como una ficha del FSLN en el CSE. Mientras Rivas y otros magistrados liberales disidentes permanezcan en ese Poder los opositores no tienen la confianza para que Rivas sea el árbitro en las próximas elecciones.

Los adversarios creen que las elecciones municipales se las robó el FSLN con el beneplácito de Rivas tanto en Managua como en otras 30 municipales importantes del país. Esta situación provocó que la comunidad donante retirara la asistencia a Nicaragua, principalmente la cooperación para financiar el déficit del Presupuesto General de la República. Desde entonces, el país se ha balanceado entre la crítica de la oposición y las marchas antigubernamentales, lo que ha dado una mala impresión del país en el exterior. Se ve a sus políticos como grupúsculos pendencieros, mentirosos y falaces. Algunos funcionarios gubernamentales han sido descorteces y malhablados a la hora de criticar a sus adversarios e incluso a diplomáticos, como ocurrió con los funcionarios de la Unión Europea y Holanda. Lo valiente no quita la cortés. El presidente Daniel Ortega concluye sus tres primeros años en el poder con una crisis originada por el supuesto fraude electoral y agravada por el hiriente lenguaje de sus funcionarios a los embajadores. No se respeta el protocolo diplomático ni el sentido común, así como la buena educación que le debemos a nuestros semejantes.

Las cosas buenas de Ortega
En esos tres años Ortega ha mostrado una honda preocupación por los pobres, aunque la oposición y los diarios no le dan ningún crédito porque estiman que eso es más bien una cortina de humo para esconder su pasión hacia el dinero, después de 16 largos años de estar lejos del encantador poder de la presidencia. Sin embargo, diplomáticos, los más confiable para dar un juicio sin prejuicio, han valorado positivo los programas Hambre Cero, Usura Cero, Calles y Casas para el Pueblo, educación y salud gratuita para el pueblo, etcétera. A decir verdad, Ortega ha hecho cosas que no hicieron los gobiernos anteriores. Pero esas acciones son minimizadas por la oposición que está en una guerra sin cuartel por el poder. El gobierno de Ortega, con ayuda del presidente de Venezuela Hugo Chávez, acabó con los cortes y racionamiento de energía que duraba hasta cuatro o seis horas en el gobierno del presidente Enrique Bolaños. Esa situación estaba dañando la deprimida economía del país y provocando, a diario, la rabia del pueblo, cansado con la crisis económica que viene sufriendo desde la década del ochenta. En ese sentido, Ortega merece los aplausos del pueblo por mantener la energía en el país sin interrupciones. La energía es desarrollo. Las oscuranas se terminaron con el ascenso al poder de Ortega. De eso no hay discusiones y los líderes de la oposición lo saben.

En cuanto a salud, ahora cualquier persona puede ir a un hospital, sin ser asegurado, y ser atendido normalmente. Sin embargo, el Gobierno no ha logrado suministrar los medicamentos gratuitos y eso lo ha admitido el propio presidente Daniel Ortega. Igualmente, sucede con la educación. La población no tiene que desembolsarse un córdoba para pagar la matrícula y la mensualidad del colegio de sus hijos. Todo es gratuito. Pero la situación del magisterio sigue siendo difícil en un país, agobiado por una crisis económica interna e internacional. Los salarios de los martirizados maestros aún no han sido igualados a los de Costa Rica y Honduras. Los sindicatos de maestros de la oposición mantienen la crítica contra el gobierno. Sin embargo, tiene una asignatura pendiente: el paro. En los últimos años ha crecido el número de desempleados en el país. Pero esto no solo es responsabilidad del Gobierno, sino de la empresa privada, que se muestra inactiva, poca creativa e inteligente.

FMI bendice a gobierno de Ortega
Ortega llegó al poder hace tres años, pero no ha cambiado nada del modelo económico capitalista implantado por los gobiernos anteriores, a pesar de su discurso socialista y antiimperialista. Aunque el gobierno ha dicho que ha diseñado su propia estrategia económica, los opositores les sacan en cara su sumisión a los organismos multilaterales del Imperio. El FMI ha bendecido las viejas políticas macroeconómicas mantenidas por el gobierno “socialista, solidario y cristiano” de Ortega. El mercado sigue siendo el faro de la economía del país. La economía socialista quedó en el pasado. Los economistas han aplaudido a Ortega por no salirse de ese carril, aunque su principal líder insista en utilizar un lenguaje socialista contra Estados Unidos. Ortega no ceja en apuntar a la cabeza de Barack Obama en cada discurso que pronuncia tanto en el exterior como en el interior. Pareciese que Ortega tiene una obsesión con el imperio, que históricamente ha intervenido en Nicaragua. Pero esa arenga antiimperialista no la tiene solo dirigida contra EE.UU, sino también contra los europeos, esa decrépita potencia que colonizó América, pero que ahora ayuda a esos pueblos a salir de su atraso económico y a buscar su sendero democrático. Esto último no le ha gustado a Daniel Ortega. El mandatario acusa a algunos países europeos de financiar a la derecha que busca destronar a Ortega para volver al poder. Pero Ortega guarda silencio cuando la oposición le saca en cara la ayuda que recibe de Venezuela y que no pasa por el Presupuesto. Los opositores creen que Ortega se ha enriquecido con los fondos de Chávez, que en su país ha sido cuestionado por otorgar dinero cuanto la pobreza en Venezuela ha aumentado. Los periódicos aseguran que Ortega compró un hotel y tiene planeado adquirir el Canal Ocho, pero esto no ha sido admitido por el presidente, que ha preferido obviar el tema.

Despreciando a la prensa
En estos tres años, si bien es cierto el presidente Ortega no ha cerrado “manu militare” ningún medio de comunicación, su estrategia para doblegarlos ha sido la publicidad. Antes, los principales periódicos y algunas estaciones de televisión se repartían el pastel publicitario del Estado. Tras tres años de escases publicitarios, los periódicos y canales empiezan a resentir esa falta de pautas, que los ha obligado a recortar su personal. Pero los más castigados han sido los programas radiales independientes (muchos de ellos sandinistas. Muchos de ellos han tenido que cerrar o convertirlos en programas semanales. No obstante, esta situación algunos sigue esperanzados en que el Gobierno sandinista cambie su política publicitaria. Mientras tanto, entre los dueños de esos espacios radiales (muchos de ellos sandinistas) han empezado a reflexionar y pensar que en las próximas elecciones su voto será depositado en la casilla del partido opositor. En estos tres, el gobierno y los dos periódicos han mantenido un pulso bélico. Los dos diarios no le han dado tregua al gobierno quien también se empecina en confrontarlos. La guerra mediática, como le gusta llamarla el gobierno, parece que no baja, sino más bien aumenta con el paso del tiempo. El Partido de gobierno prácticamente no tiene un medio de influencia entre la población por lo que el Presidente Ortega está gobernando sin la prensa. Un error que lo tendrá que pagar tarde o temprano. Pero por lo visto a Ortega no le interesa la fiscalía de la prensa opositora ni le preocupa tampoco los pequeños medios radiales que, a la postre, le podrían significar una ayuda nada despreciable en un ambiente donde el Gobierno se encuentra íngrimo. El poder de la prensa en general no debe de ser despreciada. Es probable que la tensión y la confrontación entre prensa y gobierno se mantengan o se arrecie con gran intensidad de cara al proceso electoral.

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