lunes, enero 18, 2010

El regreso de los rusos a Nicaragua

Tras el fin de la Guerra Fría

Los rusos están de vuelta en Nicaragua. Pero, al parecer, no regresan con helicópteros ni misiles tierra-aire como sucedió en la contienda de la década del ochenta. Los nuevos rusos vienen de traje y con maletines para hacer negocios, aunque no ocultan su aspiración de recuperar un hueco de su influencia militar en estas tierras. En efecto, después de largos 17 años de ausencia, los rusos regresan a este país centroamericano para recuperar, en palabras de su presidente Dimitri Medvédev, un espacio estratégico y ampliar su influencia en la región particularmente militar. Estados Unidos, el imperio más poderoso de la tierra en términos militares, ha mirado de reojo la presencia de los rusos, sus antiguos enemigos en la era de la Guerra Fría. Sin embargo, la Casa Blanca no ha mostrado su enojo contra su viejo rival, que ha vuelto osadamente a su “traspatio”. Rusia dejó de ser el “imperio del mal” y un peligro inmediato para el Pentágono. Militarmente, Rusia no es un adversario que temer. Los gringos saben que EE.UU es ahora la única potencia militar. Ahora si es el gendarme del mundo. No hay discusiones en eso. Su enemigo ahora es otro: el terrorismo sin rostro. Sus nuevas preocupaciones son Irán, Corea del Norte, Irak y Afganistán. A pesar que Estados Unidos está enfocado en el polvorín del Medio Oriente, sigue mirando de reojo a Moscú, que se atreve a resucitar una vieja amistad con Nicaragua, ahora que volvió al poder su antiguo camarada Daniel Ortega. Tras el triunfo de la revolución sandinista en julio de 1979, los entonces soviéticos anclaron en nuestro país. Ya los rusos estaban estacionados en Cuba, cuya abatida economía era prácticamente mantenida por la ex Unión Soviética. La Habana recibía petróleo, alimentos y armas del gobierno soviético desde que los guerrilleros de Fidel Castro asaltaron el poder en la isla, a pocas millas de Miami, Estados Unidos. A cambio, La Habana le devolvía el favor con azúcar.

Nicaragua, polígono de tiros de las grandes potencias

Poco tiempo después del derrocamiento de la dictadura de Anastasio Somoza en Nicaragua, Estados Unidos empezó a organizar, entrenar y financiar a grupos rebeldes al régimen sandinista. Por su parte, la URSS entregó armas, municiones, aviones y helicópteros para combatir a los llamados “contras”, que encontraron fácilmente refugio en los territorios de Honduras y Costa Rica, desde donde salían expediciones punitivas contra el gobierno específicamente en zonas fronterizas. De esta manera, EE.UU y la URSS se enfrentaban militarmente, pero sin tomar partes ellos en el conflicto. El papa Juan Pablo Segundo, que llegó a Managua en lo más turbulento de la crisis, afirmó que Nicaragua se había convertido en un “polígono de tiros de las grandes potencias”. El fallecido papa tenía razón. EE.UU y la URSS se enfrentaron militarmente, pero sin poner ninguno de ellos sus soldados. En la década del ochenta, los rusos y cubanos tuvieron gran influencia en todas las áreas del gobierno sandinista. Mientras tanto los gringos apoyaron con dinero a la oposición interna y a los rebeldes en el exterior. Los sandinistas no pudieron ser derrotados militarmente, pero cayeron tendidos en las urnas ante una mujer, doña Violeta Chamorro, la viuda del periodista Pedro Joaquín Chamorro, asesinado por pistoleros de la dictadura somocista.

Los rusos desembarcan en La Habana

Pero antes de llegar a Nicaragua, los soviéticos estaban instalados en Cuba, un país bloqueado por Estados Unidos. Al poco tiempo del triunfo de la revolución de los barbudos cubanos se produjo en La Habana en octubre de 1962 la llamada Crisis de los misiles en Cuba. El 15 de octubre, aviones espías estadounidenses descubrieron que en territorio cubano los rusos habían instalado bases de misiles nucleares dirigidos a EE.UU. Los rusos la denominaron “Crisis del Caribe”, mientras los cubanos “Crisis de Octubre”. La crisis de los misiles y el Bloqueo de Berlín fueron los mayores momentos de tensión entre las dos imperios en la llamada Guerra Fría. Se pensó que el mundo estaba al borde de una guerra nuclear, pero afortunadamente el peligro fue abortado. El 27 de octubre, los cubanos derribaron un avión U-2 con un misil tierra-aire cuando sobrevolaba el oriente de la isla. La crisis se intensificó. Pero ese hecho contribuyó a que Nikita Jrushchov propusiera a John Kennedy el desmantelamiento de las bases soviéticas de misiles nucleares en Cuba, a cambio de que EE.UU no invadiría ni apoyaría una invasión a la Isla y a la vez desmantelara sus bases de misiles nucleares en Turquía. El 28 de ese mismo mes, los rusos anunciaron trasladar a la URSS los misiles en discordia. Después de esa experiencia trágica, los rusos no repitieron esa situación en Nicaragua, pero la apoyaron militarmente, lo que mantuvo preocupado a EE.UU durante una cruenta década.

Se desmorona el mundo “socialista”

Después de la derrota electoral de Daniel Ortega en 1990, vino la debacle del mundo socialista, encabezado por la URSS, que se vino al suelo sin que EEUU disparase un solo tiro. Cayó el Muro de Berlín, símbolo del poder comunista en la Alemania dividida y el resto de gobiernos satélites de Moscú cayó en cascada. Fenecía así la llamada Guerra Fría. La desgracia de la URSS quedó al desnudo: pobreza, crisis económica, repúblicas divididas y un gobierno empantanado en la corrupción. Y lo peor de todo: los antiguos comunistas se volvieron capitalistas poderosos y corruptos, entre ellos Vladimir Putín, ex miembro de la KGB,que llegó al poder tras dos gobiernos que le sucedieron a la disolución de la URSS (5 de diciembre de 1991). El desmantelamiento de la URSS dejó también al descubierto la fragilidad y corrupción que anidaba en el llamado “Ejército Rojo.” Putín intentó revivir ese esclerótico ejército, inyectando más fondo a esa vieja institución, que se creía poderosa en la era de la Guerra Fría. Pero la verdad se conocería más tarde cuando la URSS invadió Afganistán en 1979, donde tuvo que salir en 1988, porque no pudo conquistar ese pueblo indómito. Los rusos tuvieron que retirarse de Kapul, tras una derrota vergonzosa. El nuevo presidente de Rusia Dmitry Medvedev ha tratado de rescatar esa “enmohecida institución de la Guerra Fría, plagada de oficiales corruptos, equipo anticuado, intimidación endémica, suicidios y alcoholismo” en una fuerza moderna, capaz de proyectar poder eficazmente más allá de sus fronteras…”, afirmaba la revista estadounidense Newsweek. Después de la caída de la URSS, paradójicamente su principal enemigo, EE.UU salió en su auxilio. Inyectó préstamos millonarios a una economía arruinada. Tras estos episodios, el imperio de Estados Unidos se erigió en la única potencia militar en el régimen internacional. La Casa Blanca está convencida que el mundo es unipolar en términos militares. El hemisferio se revuelca en una crisis financiera internacional y con varios focos de conflictos regionales.

El presidente Daniel Ortega estuvo 16 años fuera del poder, luego de perder las elecciones en 1990. Ortega aprovechó la crisis surgida en Abjasia y Osetia del Sur, dos regiones separatistas prorrusas de Georgia, república ex soviética ahora apoyada económica y militarmente por Estados Unidos, para acercarse a Rusia. Nicaragua, gobernada por el presidente ortega, y Rusia fueron los dos únicos países en reconocer a las dos regiones separatistas. Rusia vió con buenos ojos el gesto de Ortega, pero fue cuestionado por EE.UU y la Unión Europea, que apoyaban decididamente a Georgia. En esos episodios, Rusia mostró que su ejército no tiene la capacidad de combate moderno. Algunos de sus aviones teledirigidos rusos fueron derribados en la escaramuza bélica en la acciones contra Georgia. Sus soldados carecían de botas y modernas armas para enfrentar un ejército equipado por estadounidenses y europeos. Cuenta el corresponsal de Newsweek que los “estupendos vehículos militares y uniformes proporcionados por EE.UU a la pequeña nación hicieron que los rusos lucieran como si hubieran salido de un documental de la Segunda Guerra mundial”. Los analistas militares rusos han reconocido su pobreza tecnológica militar que los haría un contrincante indefenso y débil ante el poderío bélico y tecnológico de Estados Unidos, la única potencia militar en el mundo unipolar, pero que ahora China insiste que el planeta es multipolar. Quizás en términos económicos, pero no militares. Es tal la crisis del ejército ruso que Moscú comprará 50 millones de dólares en aviones teledirigidos israelíes sin tripulante en lugar de los anticuados aviones rusos. Otra paradoja: comprar armas a los enemigos (israelíes) de sus amigos.

Un viejo amor que no se olvida


Daniel Ortega volvió ahora a Rusia, un antiguo país poderoso y agitado por una crisis económica. Entretanto, el presidente de Rusia, Dmitri Medvedev visitó Nicaragua, a quien considera “uno de los socios clave y estratégico” de su país en América Latina. Rusia ha empezado a fortalecer su presencia en este Continente. Pero Rusia ya no es la sombra del poder que fue en el pasado. Por lo visto, Rusia pretende reconstruir su amistad con América Latina, sellando nuevas lazos económicos y comerciales, pero sin abandonar su interés de ampliar su influencia militar en este continente. En Venezuela los rusos han establecidos comercio y les venden aviones y armamentos, pero con una tecnología militar desfasada. Rusia está interesado en revivir en nuestro país el proyecto de un canal que una los océanos Pacífico y Atlántico. Los rusos quieren renovar su vieja alianza con Managua y para ello impulsan el acuerdo sobre el sistema Glonass, desarrollado por el ejército ruso en los ochenta para competir con el sistema estadounidense GPS y con el futuro sistema europeo Galileo. Recientemente, el ocho de noviembre del 2009, el viceprimer ministro ruso Igor Setchin, estuvo en Nicaragua analizando proyectos de energía, minería, agricultura, pesca y transporte. La ex URSS no tiene la capacidad tecnológica moderna para competir con el gran imperio americano. Quizás por eso Estados Unidos no se asusta por la presencia de los ex comunistas convertidos en capitalistas. Su poderío militar y económica ensombrecen a la Rusia contemporánea, que trata de levantarse de las ruinas. Rusia sabe que ya no es un rival de respeto para EE.UU. Los adversarios del gran imperio son otros. China, India y la Unión Europea tienen asustada a la Casa Blanca por su poderío económico.

Ortega prefiero a los rusos para hacer negocios

Los rusos estuvieron involucrados en proyectos de geotérmicas en el pasado en la Nicaragua sandinista. Recientemente, el gobierno ruso donó una flota de buses para reforzar el deteriorado transporte público nicaragüense. Igualmente, el general Omar Halleslevens, jefe del ejército, firmó el memorándum de colaboración con el ministro de la Defensa Civil y Emergencia de la Federación Rusa, Serguei Shoigu. Este acuerdo consiste en entregar equipos y maquinarias valoradas en 6.5 millones de dólares, para el desminado y labores humanitarias. Rusia también consiguió la licencia para la empresa Yota de Nicaragua, de capital ruso-venezolano. Ambos invertirán 50 millones de dólares para operar una banda de telefonía fija en el país. Yota compite así con el monopolio en la telefonía fija de la mexicana América Movil, propietaria de la Empresa Nicaragüense de Telecomunicaciones (ENITEL). Esta presta servicios de móviles, internet y televisión por cable a través de sus marcas Claro. Esta competencia económica es sana y provechosa para la Nicaragua de post guerra. Los rusos cuentan con una ventaja en este país para hacer negocios y es que Daniel Ortega, su camarada, volvió al poder y no oculta sus pretensiones de gobernar otro periodo en este país en perenne conflicto político. Los sandinistas prefieren hacer negocios con la dupla Rusa-venezolana que con los gringos y europeos. En fin, los rusos volvieron, pero no se sabe si su estancia en estas tierras perdurará para poner en peligros los intereses del Imperio norteamericano en su viejo traspatio.

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